20 febrero, 2026

PAWTUCKET, Rhode Island — Una noche de hockey juvenil en la Dennis M. Lynch Arena de Pawtucket, Rhode Island, se transformó en una escena de horror y dolor el lunes 16 de febrero de 2026, cuando un tiroteo fatal irrumpió en el recinto. El incidente, que conmocionó a la comunidad local y a todo el estado, cobró la vida de múltiples personas, incluyendo al agresor, y dejó a varios asistentes heridos, desatando una ola de luto y preocupación por la seguridad en espacios públicos.

Las autoridades policiales informaron que el atacante, identificado como Robert Dorgan, abrió fuego en el interior de la arena, ubicada a pocos kilómetros al norte de Providence, durante un partido. Los primeros reportes detallaron que Dorgan presuntamente disparó y mató a su exesposa y a uno de sus hijos, antes de herir a otros asistentes y, finalmente, quitarse la vida. La rápida respuesta de las fuerzas del orden llevó al establecimiento de un perímetro de seguridad alrededor del estadio, mientras los equipos de emergencia atendían a los heridos y aseguraban la zona.

La tragedia, ocurrida en un evento deportivo que congregaba a familias y jóvenes atletas, generó una profunda conmoción. El impacto emocional se extendió rápidamente más allá de los muros de la Lynch Arena, afectando a la comunidad deportiva, a las escuelas y a los residentes de Pawtucket y sus alrededores.

En medio del dolor y la incertidumbre, la voz de la Iglesia Católica se hizo presente a través de Mons. Bruce Lewandowski, Obispo de Providence. En un comunicado emitido el 17 de febrero, el obispo lamentó el “sin sentido” del tiroteo. Subrayó la particular crudeza de que el ataque se produjera durante un partido de hockey de secundaria, señalando que uno de los equipos que competían esa noche pertenecía a una escuela católica de la diócesis.

“Nadie debería tener que experimentar este tipo de violencia, especialmente los estudiantes”, afirmó Mons. Lewandowski en su declaración. Hizo un llamado a la oración por aquellos que perdieron la vida en la arena, así como por la pronta recuperación y el consuelo de los heridos y traumatizados. “Que el Dios de toda misericordia restaure su esperanza en un mundo más pacífico”, añadió, ofreciendo un mensaje de fe y consuelo a la comunidad afligida.

Más allá del apoyo espiritual, el Obispo Lewandowski también anunció que la Diócesis de Providence revisará sus protocolos internos de seguridad. Esta medida busca “hacer nuestra parte en mantener seguras a las comunidades frente a este tipo de violencia”, evidenciando un compromiso proactivo para fortalecer la protección en las instalaciones diocesanas y mitigar riesgos en un entorno cada vez más complejo y vulnerable a la violencia armada.

Hasta el 18 de febrero, la policía no había hecho público el motivo exacto que impulsó a Robert Dorgan a cometer un acto tan devastador. Sin embargo, registros judiciales consultados por los investigadores revelaron información relevante sobre el trasfondo del atacante. Según dichos registros, la exesposa de Dorgan había mencionado en el pasado la “cirugía de reasignación de género” como un factor significativo en el deterioro de su matrimonio. Es importante recalcar que, si bien estos detalles arrojan luz sobre una relación personal conflictiva, las autoridades no han confirmado oficialmente este aspecto como el detonante directo o el motivo principal del tiroteo, y la investigación sobre las motivaciones sigue en curso. La complejidad de los casos de violencia familiar que escalan a tragedias públicas subraya la necesidad de un análisis exhaustivo y cauteloso por parte de las fuerzas del orden.

La tragedia de Pawtucket se suma a una preocupante lista de incidentes de violencia armada que han sacudido a la nación, poniendo de manifiesto la urgencia de abordar las causas subyacentes de la violencia y reforzar las medidas de seguridad en espacios públicos. El impacto de este tipo de eventos en la salud mental de las comunidades, especialmente entre niños y adolescentes, es un tema de creciente preocupación.

La comunidad de Pawtucket, en particular los clubes de hockey y las escuelas involucradas, ha comenzado un doloroso proceso de duelo y sanación. Se espera que se establezcan programas de apoyo psicológico y consejería para ayudar a los testigos, las familias de las víctimas y la comunidad en general a procesar el trauma. La solidaridad y el apoyo mutuo serán fundamentales en los días y semanas venideros mientras Pawtucket busca recuperarse de esta profunda herida.

Mientras la investigación policial avanza para esclarecer todos los detalles del suceso, Rhode Island se une en el luto, buscando respuestas y maneras de prevenir que una tragedia de esta magnitud vuelva a ocurrir. La esperanza es que, a través de la unidad y el esfuerzo colectivo, se pueda restaurar la sensación de seguridad y paz en los corazones de sus ciudadanos.

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