Ciudad del Vaticano – En su primera audiencia de Año Nuevo con el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa León XIV ofreció un análisis profundo y sombrío del estado del mundo, haciendo un enérgico llamado a la paz, la revitalización del multilateralismo y la defensa de los derechos humanos fundamentales. Ante los embajadores reunidos en la Aula de la Bendición el viernes 9 de enero de 2026, el Pontífice lamentó la creciente “mentalidad de confrontación” y el debilitamiento de los principios que sustentan la convivencia civil.
Tras el saludo inicial del decano del Cuerpo Diplomático, Georges Poulides, embajador de Chipre, el Santo Padre agradeció la presencia de nuevas misiones diplomáticas, como las de Kazajistán, Burundi y Bielorrusia, un signo de fructíferas relaciones bilaterales. Acto seguido, en un discurso que marcó sus prioridades para el nuevo año, trazó un panorama de un mundo “turbado por un número creciente de tensiones y conflictos”.
**Un Año de Transición y Reflexión**
El Papa León XIV inició su intervención recordando los acontecimientos que marcaron el año pasado para la Iglesia, incluido un “intenso Jubileo” y el fallecimiento de su “venerado predecesor, el Papa Francisco”. Millones de peregrinos acudieron a Roma para el Año Santo, que concluyó en la Navidad de 2024, buscando consuelo y esperanza. El Pontífice extendió su gratitud al pueblo de Roma, al Gobierno italiano y a las fuerzas del orden por la gestión impecable de estos eventos, destacando las excelentes relaciones bilaterales con Italia, fortalecidas por nuevos acuerdos en asistencia espiritual militar y energía renovable. También evocó sus viajes a Turquía y Líbano, donde promovió la unidad cristiana y percibió la esperanza de construir sociedades más justas y cohesionadas.
**La Visión de San Agustín y el Mundo Actual**
Inspirándose en la obra “La Ciudad de Dios” de San Agustín, escrita tras el saqueo de Roma en el 410 d.C., el Papa reflexionó sobre la coexistencia de la “ciudad de Dios” (eterna, fundada en el amor incondicional) y la “ciudad terrenal” (temporal, impulsada por el orgullo y la sed de poder). Aunque el contexto histórico es diferente, el Pontífice destacó paralelismos alarmantes en la actualidad: una era de migraciones masivas, profundos reajustes geopolíticos y culturales, y un “cambio de época” que nos desafía a reinterpretar la historia y nuestros roles.
**El Declive del Multilateralismo y la Amenaza de la Guerra**
Uno de los mayores motivos de preocupación, según el Papa León XIV, es el “debilitamiento del multilateralismo” a nivel internacional. Alertó que la diplomacia basada en el diálogo está siendo reemplazada por una “diplomacia basada en la fuerza”, donde “la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende”. Esta tendencia, que vulnera el principio post-Segunda Guerra Mundial de no usar la fuerza para violar fronteras, compromete gravemente el estado de derecho. El Pontífice subrayó la necesidad de que las Naciones Unidas, que celebraron su octogésimo aniversario, se reformen para reflejar la situación actual del mundo y se enfoquen en la unidad de la familia humana, no en ideologías. En este contexto, hizo un llamado urgente a la protección del derecho internacional humanitario, que debe prevalecer siempre sobre las ambiciones militares, condenando la implicación de civiles en operaciones armadas y la destrucción de infraestructuras esenciales.
**Erosión del Lenguaje y “Cortocircuito” de Derechos Humanos**
El Santo Padre también expresó su alarma por la degradación del lenguaje, cuyo significado se vuelve cada vez más “fluido y ambiguo”, transformándolo en “un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes”. Instó a redescubrir la conexión del lenguaje con la realidad para restaurar un diálogo auténtico, lamentando que el espacio para la “verdadera libertad de expresión” se esté reduciendo, especialmente en Occidente, por un “nuevo lenguaje al estilo orwelliano” que, en su intento de ser inclusivo, acaba excluyendo.
Esta tendencia, según el Papa, está generando un “auténtico cortocircuito de los derechos humanos”. Advirtió que la libertad de expresión, de conciencia y religiosa están siendo “restringidas en nombre de otros pretendidos nuevos derechos”. La **libertad de conciencia**, que permite a individuos rechazar obligaciones por principios morales o religiosos (ej. servicio militar, aborto, eutanasia), está siendo cuestionada por los Estados, a pesar de ser esencial para una sociedad verdaderamente libre y diversa. La **libertad religiosa**, calificada por Benedicto XVI como el “primero de todos los derechos humanos”, también enfrenta un aumento alarmante de violaciones a nivel mundial (afectando al 64% de la población). El Papa condenó el antisemitismo y reiteró la importancia del diálogo interreligioso, pero no dejó de señalar que la persecución de cristianos sigue siendo una de las crisis de derechos humanos más extendidas, afectando a más de 380 millones de creyentes, particularmente en regiones como Bangladés, el Sahel, Nigeria, Siria y Mozambique. Además, alertó sobre una “sutil discriminación” contra los cristianos incluso en países de mayoría, donde se limita su capacidad de defender la dignidad de los más vulnerables, incluidos los no nacidos, los refugiados y las familias.
**La Dignidad de la Vida y la Familia en Riesgo**
León XIV defendió enérgicamente la dignidad inalienable de cada persona. Recordó que los **migrantes** poseen derechos inalienables y que las medidas contra la criminalidad no deben socavar su dignidad. De igual forma, los **presos** no pueden ser reducidos a sus delitos; el Papa abogó por sentencias proporcionales, condiciones dignas y la abolición de la pena de muerte, así como por la liberación de presos políticos.
En cuanto a la **familia**, la definió como el “fundamento imprescindible” de la sociedad, creada a imagen de Dios y vocacionada al amor. Criticó la “preocupante tendencia” del sistema internacional a descuidar su rol social, así como la dolorosa realidad de familias frágiles y la violencia doméstica. El Pontífice reiteró la vocación a la vida en la unión “exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre”, rechazando categóricamente prácticas como el **aborto**, especialmente la financiación de su movilidad transfronteriza, y la **subrogación**, que reduce la gestación a un “servicio negociable” y al niño a un “producto”. También condenó la **eutanasia**, abogando por cuidados paliativos y solidaridad ante el sufrimiento de enfermos y ancianos, y llamó a erradicar la **adicción a las drogas** a través de la educación, el desarrollo humano y la creación de oportunidades.
**Conflictos Regionales y Semillas de Esperanza**
El Pontífice extendió sus preocupaciones a diversos focos de conflicto:
* La guerra en **Ucrania**, exigiendo un alto el fuego inmediato y un diálogo sincero.
* La crisis humanitaria en **Tierra Santa**, con un aumento de la violencia en Cisjordania y la necesidad de una solución de dos Estados.
* Tensiones en el **mar Caribe y la costa pacífica americana**, especialmente en **Venezuela**, donde pidió respeto a la voluntad popular y protección de los derechos humanos.
* La “desesperada situación” de **Haití**, marcada por la violencia y los secuestros.
* La violencia en la región de los **Grandes Lagos y Sudán**, instando a buscar soluciones duraderas.
* Las crecientes tensiones en **Asia Oriental** y la grave crisis humanitaria y de seguridad en **Myanmar**.
Ante el peligro de una nueva carrera armamentística, incluyendo la inteligencia artificial, el Papa insistió en que la paz no se logra con la fuerza, sino con “esfuerzos continuos y pacientes de construcción”. A pesar del panorama desafiante, el Papa León XIV identificó “signos de esperanza valiente”, como los Acuerdos de Dayton en Bosnia y Herzegovina, la Declaración de Paz entre Armenia y Azerbaiyán, y la mejora de las relaciones entre Vietnam y la Santa Sede.
El Papa concluyó su discurso con la certeza de que la paz, aunque “difícil, sigue siendo posible”, requiriendo “humildad de la verdad y valentía del perdón”. Recordó el próximo octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, un “hombre de paz y diálogo”, cuya vida, animada por la verdad y la humildad, es un faro para construir un mundo pacífico. Su deseo para el año que comienza es que cada uno sea un “corazón humilde y artesano de paz”.






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