26 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – En un significativo gesto de reconocimiento a su labor social, el Santo Padre, Papa Francisco, recibió recientemente en el Vaticano a una delegación de Proyecto Hombre Granada-Guadix, conmemorando así un cuarto de siglo de dedicación a la rehabilitación y reinserción de personas con problemas de adicción en España. Este encuentro subraya la estrecha vinculación de la Iglesia con iniciativas que abordan el sufrimiento humano y la esperanza de recuperación.

La audiencia, celebrada tras la tradicional Audiencia General del miércoles en la Plaza de San Pedro, congregó a figuras clave en la trayectoria de la organización. Entre los asistentes se encontraban Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de la diócesis de Guadix; el P. Manuel Mingorance, actual director de Proyecto Hombre Granada, y el P. José María Tortosa, uno de los fundadores e impulsores históricos de la iniciativa. También participaron miembros del Consejo Pastoral de la diócesis de Guadix y terapeutas del programa educativo-terapéutico de la Fundación Granadina de Solidaridad Virgen de las Angustias – Proyecto Hombre Granada. Durante el emotivo encuentro, el P. Tortosa tuvo la oportunidad de presentar al Pontífice un retrato suyo, obra de la pintora valenciana Charo Marín, simbolizando el agradecimiento y el espíritu de la comunidad que representa.

El Papa Francisco expresó su profunda cercanía y su firme respaldo a la obra que Proyecto Hombre ha desarrollado a lo largo de estos 25 años. En palabras del P. Tortosa, el Pontífice “nos animó a seguir adelante, especialmente en todos los ámbitos donde hay dolor, exclusión y pérdida de esperanza”. Este aliento papal no solo representa un formidable estímulo para la organización, sino que también reafirma que la atención a los más vulnerables, especialmente aquellos atrapados en el ciclo de las adicciones, es una parte fundamental de la misión de la Iglesia.

**Un cuarto de siglo de esperanza y reconstrucción**

La historia de Proyecto Hombre en Granada y Guadix comenzó a finales de los años 90, cuando la diócesis de Granada y la de Guadix decidieron poner la primera piedra de un proyecto destinado a ofrecer un refugio y una salida a quienes se veían atrapados por la drogodependencia. Era una época marcada por el azote de la heroína y el alcoholismo, en la que la información y la sensibilidad social hacia estas problemáticas eran escasas, y la soledad de los afectados, abrumadora. El P. José María Tortosa recuerda cómo “llegaban personas que lo habían perdido todo: la familia, el trabajo, la autoestima”, una realidad que impulsó la necesidad de una respuesta integral y humana.

Inspirado en un modelo italiano que ya demostraba éxito en otras regiones de España, Proyecto Hombre se estableció con una visión clara: no limitarse a la simple abstinencia de la sustancia, sino acompañar a la persona en la reconstrucción completa de su vida. El sacerdote, con profundo conocimiento de cómo el miedo, la ansiedad y la dependencia pueden devastar matrimonios y familias, subraya la importancia de ir más allá del cese del consumo. “Una persona no se cura solo dejando de consumir”, afirma el P. Tortosa, “también tiene que reconstruir su vida: volver a trabajar, a confiar, a relacionarse”. Esta perspectiva holística se ha convertido en el pilar fundamental de su metodología, demostrando que la recuperación verdadera implica rehacer la propia existencia, recuperando la dignidad y un sentido de propósito.

**La persona en el centro: una filosofía inquebrantable**

Desde sus inicios, el enfoque de Proyecto Hombre se ha centrado en el valor intrínseco de cada individuo. La premisa es clara: la persona no es un problema a eliminar, sino un ser humano que requiere acompañamiento y apoyo para redescubrir su capacidad de trabajar, relacionarse y, en definitiva, vivir plenamente. Este compromiso con la dignidad humana ha permitido a la organización trascender la mera intervención terapéutica para ofrecer un camino de reinserción social que va desde la recuperación de habilidades laborales hasta el restablecimiento de vínculos familiares y comunitarios.

A lo largo de estos 25 años, Proyecto Hombre ha logrado demostrar que salir de una adicción es posible cuando se brinda un apoyo integral que aborda no solo el síntoma, sino las causas profundas de la vulnerabilidad y la desesperanza. Este enfoque ha sido vital para miles de personas que han encontrado en la institución un espacio seguro donde reconstruir su futuro, reafirmando que la esperanza es una herramienta poderosa en el camino hacia la recuperación.

**Adaptándose a los nuevos desafíos: de la heroína a las pantallas**

Si bien los primeros años de Proyecto Hombre estuvieron marcados por la lucha contra la heroína y el alcohol, la evolución de la sociedad ha traído consigo nuevas formas de dependencia. El P. Tortosa señala que, aunque las adicciones tradicionales nunca han desaparecido por completo, han surgido otros frentes igualmente preocupantes. En la actualidad, el juego patológico y, de manera creciente, las adicciones tecnológicas, especialmente entre adolescentes, representan uno de los mayores desafíos. Las redes sociales, los videojuegos y el uso desmedido de dispositivos digitales han generado nuevas dinámicas de evasión y dependencia que requieren una intervención especializada.

Para responder a esta compleja realidad, Proyecto Hombre ha desarrollado modelos de intervención adaptados, fundamentados en equipos interdisciplinares compuestos por trabajadores sociales, psicólogos y pedagogos. Estos profesionales trabajan en conjunto para ofrecer programas personalizados que atienden la singularidad de cada caso, reafirmando el compromiso de la organización de mantenerse a la vanguardia en la lucha contra cualquier forma de adicción.

Aunque ya no ostenta la dirección, el P. Tortosa sigue estrechamente vinculado a la iniciativa, considerándola una misión de vida. Su convicción es que, a pesar de los cambios en los tipos de adicción y en las herramientas terapéuticas, el corazón del método permanece inalterable: poner a la persona en el centro. “Aquí no trabajamos con números ni con estadísticas, sino con personas concretas, con historias de dolor, de ruptura y también de esperanza”, concluye el sacerdote, enfatizando que el verdadero trabajo de Proyecto Hombre comienza cuando alguien se siente nuevamente visto y escuchado, reafirmando su valor y su potencial para una vida plena. Este encuentro con el Santo Padre ha servido como un poderoso recordatorio de que esta labor es, en esencia, parte del corazón de la Iglesia y un faro de esperanza para la sociedad.

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