Cuenca, Ecuador, fue escenario de un evento de profunda significancia espiritual y comunitaria el pasado 31 de enero, cuando los restos mortales del Venerable Padre Carlos Crespi Croci, conocido afectuosamente como el “Apóstol de los pobres”, fueron trasladados de forma permanente al Santuario María Auxiliadora. Esta reubicación, que marcó un hito en el proceso de beatificación del salesiano, congregó a miles de fieles, autoridades eclesiásticas y civiles en una emotiva jornada de fe y recuerdo.
La ceremonia, imbuida de un palpable sentimiento de devoción y gratitud, culminó con la bendición de una nueva capilla dedicada a la memoria del sacerdote misionero. Presidida por Mons. Marcos Pérez Caicedo, Arzobispo de Cuenca, la solemne Misa y los ritos posteriores sellaron la presencia definitiva de los restos de un hombre cuya vida estuvo intrínsecamente ligada al servicio y la educación en la capital azuaya. La multitudinaria concurrencia, según lo reportado por Angélica Almeida, secretaria de la Comisión Pro Beatificación del sacerdote, a la Agencia Salesiana de Noticias (ANS), atestiguó la perdurable influencia del Padre Crespi en el corazón de la comunidad.
**Un Legado que Permanece: De Cuenca a los Altares**
El Padre Carlos Crespi Croci (1891-1982) fue un sacerdote salesiano italiano que dedicó la mayor parte de su vida misionera a Ecuador, estableciéndose en Cuenca. Su incansable labor abarcó campos tan diversos como la educación, la ciencia, la música, el cine y la asistencia social. Fundó escuelas para niños de escasos recursos, ofreció capacitación técnica y profesional, y desarrolló un profundo vínculo con los jóvenes y los más desfavorecidos, ganándose el apodo de “Apóstol de los pobres”. Su legado incluye una notable colección etnográfica, testimonio de su interés por la cultura local y su espíritu inquisitivo. En 2002, el Papa San Juan Pablo II lo declaró Siervo de Dios, y en 2021, el Papa Francisco reconoció la heroicidad de sus virtudes, elevándolo a la categoría de Venerable, un paso crucial en su camino hacia la santidad.
Durante más de cuatro décadas, los restos del Padre Crespi descansaron en el Cementerio Patrimonial de Cuenca. El traslado definitivo al Santuario María Auxiliadora, que fue su hogar y centro de operaciones durante años, simboliza el retorno a su casa espiritual, el lugar donde forjó gran parte de su obra.
**Una Ceremonia Marcada por la Devoción y la Emoción**
La jornada del 31 de enero se caracterizó por un profundo clima de recogimiento. Tras la celebración de la Comunión en la Misa principal, el Padre Marcelo Farfán, inspector de los Salesianos en Ecuador, junto con la Comisión Pro Beatificación, hizo entrega formal de los restos del Venerable sacerdote al Arzobispo Pérez Caicedo. Este acto fue presentado como un “signo elocuente de gratitud” por una existencia enteramente entregada a Dios y al servicio incondicional de la Iglesia y de sus fieles.
Mientras el féretro era llevado en procesión, innumerables fieles se aproximaron con lágrimas en los ojos, depositando rosarios, estampas y fotografías. Este gesto espontáneo reflejó el afecto y la profunda conexión que muchos cuencanos, especialmente los más humildes y los jóvenes, aún sienten por el Padre Crespi. Sus recuerdos se centraban en la cercanía del sacerdote, su empatía y su incansable trabajo por mejorar sus condiciones de vida. La procesión interna hacia la recién bendecida capilla, concebida como un espacio permanente de oración y memoria, fue un momento cargado de solemnidad y emoción.
La bendición solemne de la capilla incluyó la aspersión con agua bendita y, finalmente, la colocación de los restos en un columbario especialmente diseñado. En este contexto, Mons. Marcos Pérez Caicedo enfatizó la importancia de que el “testimonio de santidad” de figuras como el Padre Crespi permanezca “en medio de la comunidad”, sirviendo de inspiración y guía. El rito concluyó con una oración de acción de gracias, que hizo hincapié en la entrega total del sacerdote por el Evangelio, su servicio desinteresado a los más necesitados y su constante acompañamiento a los jóvenes, pilares fundamentales del carisma salesiano.
**Un Faro de Esperanza y un Llamado a la Intercesión**
Para la Iglesia local y para la Familia Salesiana, este acontecimiento no solo representa la culminación de un proceso logístico, sino la instauración de un lugar permanente para la oración y para solicitar la intercesión del Venerable Carlos Crespi. Tal como señaló Angélica Almeida, la nueva capilla en el Santuario María Auxiliadora de Cuenca se erige como un centro de devoción que fortalecerá la causa de beatificación, permitiendo a los fieles un acceso más directo para honrar su memoria y presentar sus peticiones.
El traslado de los restos del Padre Carlos Crespi es más que un simple movimiento físico; es una reafirmación de su presencia viva en la fe de un pueblo, un recordatorio de su incansable labor misionera y un renovado impulso para su camino hacia los altares. Cuenca y Ecuador continúan venerando a su “Apóstol de los pobres”, confiando en que su intercesión y su ejemplo de vida sigan siendo una fuente de esperanza y virtud para las generaciones venideras.





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