Ciudad del Vaticano – Un significativo paso en el vínculo entre la Iglesia de Catamarca y la Santa Sede se materializó con la audiencia privada concedida por Su Santidad el Papa León XIV al Obispo de la Diócesis de Catamarca, Mons. Luis Urbanc. El encuentro, que tuvo lugar el sábado 31 de enero y se extendió por veinticinco minutos, marcó el primer diálogo oficial entre el Santo Padre y el prelado argentino, consolidando un puente de comunión y cercanía pastoral.
Durante la audiencia, Mons. Urbanc tuvo la oportunidad de presentar al Sumo Pontífice una reliquia de primer grado del Beato Mamerto Esquiú, figura emblemática de la fe y la historia argentina. La reliquia, consistente en un fragmento óseo, fue el símbolo central de una serie de obsequios que el obispo catamarqueño entregó al Papa León XIV, destacando la riqueza espiritual y cultural de su diócesis. Entre los presentes también se encontraban el libro de las cartas a Odorico, una obra dedicada a la venerada Virgen del Valle –Patrona de Catamarca–, un rosario elaborado con cruz de rodocrosita, piedra semipreciosa distintiva de la provincia, y nueces confitadas, un manjar típico de la región. Cada detalle fue seleccionado para ofrecer una representación auténtica del patrimonio catamarqueño.
El diálogo con el Santo Padre fue descrito por Mons. Urbanc como “muy ameno”, un espacio de intercambio profundo y cordial. El eje central de la conversación giró en torno al bicentenario del natalicio del Beato Mamerto Esquiú, una efeméride de gran relevancia para la Iglesia Católica en Argentina y, particularmente, para la Diócesis de Catamarca. El obispo compartió con el Papa León XIV las características fundamentales de la figura de Esquiú, subrayando el lema que guía las celebraciones de este año: “Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de la unidad”. Este testimonio despertó un notable interés en el Pontífice, quien escuchó con atención el relato sobre la vida y obra del fraile franciscano.
La celebración del bicentenario del nacimiento de Fray Mamerto Esquiú representa un tiempo de gracia y reflexión profunda para la comunidad eclesial de Catamarca. El propósito de este año jubilar es ahondar en la vida, el legado y el testimonio de este ilustre franciscano, cuya figura no solo dejó una huella imborrable en la historia y la espiritualidad del pueblo catamarqueño, sino que también resonó en toda la región y en la construcción misma de la nación argentina.
Mamerto Esquiú, beatificado el 4 de septiembre de 2021, es recordado no solo por su profundo compromiso con los sectores más vulnerables de la sociedad –una dedicación que mantuvo inalterable incluso durante sus años como obispo–, sino también por su rol crucial como el “Orador de la Constitución”. Su célebre discurso pronunciado en 1853 fue un llamado vehemente y visionario a la acatación de la Constitución Nacional. Este pronunciamiento fue determinante para la consolidación de la paz y el cese de las cruentas guerras civiles que asolaron Argentina en aquel período, sentando las bases para la unidad y el desarrollo institucional del país. Su figura encarna la síntesis entre la fe profunda y el compromiso cívico, siendo un verdadero “apóstol y ciudadano”.
Además de la veneración al Beato Esquiú, otros temas de índole pastoral y social fueron abordados durante la audiencia. Mons. Urbanc compartió con el Santo Padre las dificultades que enfrenta su diócesis en relación con la escasez de vocaciones consagradas, una preocupación común en diversas regiones del mundo. Otro punto relevante fue la próxima participación del obispo de Catamarca en la Jornada Mundial del Enfermo. Este evento, que tendrá lugar del 9 al 11 de febrero en Chiclayo, Perú, contará con la presencia de Mons. Urbanc en calidad de presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina, lo que subraya su compromiso con el acompañamiento a quienes padecen enfermedad.
Un momento emotivo de la audiencia fue cuando el Papa León XIV recordó con claridad a la Virgen del Valle, la patrona de Catamarca. El Pontífice evocó su conocimiento de esta advocación mariana a partir de sus visitas a las zonas de Cafayate y Santa María, en la región noroeste argentina, durante su tiempo como superior de la comunidad agustiniana. Este recuerdo personal del Santo Padre resalta la conexión y el conocimiento que posee sobre la Iglesia en Argentina y sus devociones populares.
Al concluir el encuentro, Mons. Urbanc transmitió el mensaje del Santo Padre, quien “mandó su bendición a todos los catamarqueños”. Este gesto final del Papa León XIV refuerza el lazo de afecto y solicitud pastoral de la Iglesia universal hacia la comunidad de Catamarca, dejando una impronta de esperanza y comunión en el corazón de los fieles. El encuentro no solo fue un hito en la agenda diocesana, sino también un poderoso recordatorio de la vitalidad y la conexión de la Iglesia local con el centro de la cristiandad.





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