Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV mantuvo este martes una audiencia privada con el primer ministro de Albania, Edi Rama, en el Palacio Apostólico del Vaticano, un encuentro que subraya la profundización de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Albania. Esta visita de alto nivel se enmarca en la agenda de la diplomacia vaticana para fomentar la cooperación internacional y promover la paz y la estabilidad, especialmente en regiones geopolíticamente sensibles como los Balcanes occidentales.
Tras su encuentro con el Sumo Pontífice, el mandatario albanés fue recibido, como es habitual en estas visitas protocolares, en la Secretaría de Estado del Vaticano. Allí, Edi Rama mantuvo conversaciones con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, y con Monseñor Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. Estos encuentros son fundamentales para abordar los aspectos prácticos y estratégicos de las relaciones bilaterales y multilaterales.
Durante las reuniones en la Secretaría de Estado, se hizo hincapié en el excelente estado de las relaciones existentes entre el Vaticano y Albania, una nación con una historia compleja y vibrante donde la convivencia interreligiosa es un pilar fundamental. Los temas abordados incluyeron cuestiones de interés común, centrándose en el diálogo y la colaboración entre la comunidad eclesial y la sociedad civil albanesa. La Iglesia Católica, aunque minoritaria en Albania, juega un papel significativo en el ámbito social y educativo, contribuyendo al desarrollo del país y a la cohesión de su diverso tejido social.
Uno de los puntos clave de la agenda fue el análisis de la situación en los Balcanes occidentales. Esta región, compuesta por Albania, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Montenegro, Macedonia del Norte y Serbia, ha experimentado un camino de progreso hacia la estabilidad y una mayor integración europea en las últimas décadas. Sin embargo, persisten importantes desafíos en áreas como la gobernanza democrática, el desarrollo económico y la seguridad regional. La Santa Sede, con su vasta experiencia diplomática y su compromiso con la paz, sigue de cerca estos desarrollos, abogando por la resolución pacífica de conflictos y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.
Particularmente, se discutió el proceso de Albania hacia la plena integración en la Unión Europea. El camino de Tirana hacia la adhesión a la UE implica una serie de reformas políticas, económicas y judiciales significativas, orientadas a alinear el país con los estándares y valores europeos. Este proceso no solo busca la prosperidad económica, sino también el fortalecimiento del estado de derecho, la lucha contra la corrupción y la garantía de los derechos humanos. El Vaticano ha manifestado consistentemente su apoyo a la integración europea como un medio para consolidar la paz y la cooperación en el continente, y en este contexto, la entrada de los países balcánicos es vista como un factor estabilizador y de progreso.
La nación albanesa posee una rica herencia cultural y religiosa. Es la tierra natal de Santa Madre Teresa de Calcuta, una figura universalmente reconocida por su labor humanitaria y su profunda fe. Su legado trasciende las fronteras religiosas y se ha convertido en un símbolo de servicio desinteresado y compasión para el mundo entero. Su figura, junto con la de los mártires albaneses que perdieron la vida por su fe durante el régimen comunista ateo del siglo XX, representa no solo un pilar para la comunidad católica, que según datos de 2024 conforma aproximadamente el 10% de la población albanesa, sino también un poderoso emblema nacional de resiliencia y libertad religiosa.
El régimen comunista de Enver Hoxha, que se extendió desde 1944 hasta 1991, impuso un ateísmo de Estado, prohibiendo toda expresión religiosa y persiguiendo a clérigos y fieles de todas las confesiones. Cientos de sacerdotes, monjas, obispos y laicos católicos fueron encarcelados, torturados o ejecutados. Este período dejó una profunda cicatriz en la sociedad albanesa, pero también forjó una fe inquebrantable en aquellos que lograron sobrevivir. La beatificación de estos mártires, reconocidos por la Iglesia Católica, ha sido un momento de gran significado para Albania, un recordatorio de la importancia de la libertad de conciencia y un llamado a la reconciliación y la memoria histórica.
La presencia de una comunidad católica activa y el reconocimiento de estas figuras históricas son un testimonio de la vitalidad religiosa de Albania, en un contexto predominantemente musulmán y ortodoxo. La convivencia pacífica y el respeto mutuo entre las diferentes comunidades religiosas son un modelo que Albania ha sabido mantener y que a menudo es citado como ejemplo de armonía interconfesional en el ámbito internacional.
La visita del primer ministro Edi Rama al Vaticano no solo reafirma los lazos de amistad y cooperación entre la Santa Sede y Albania, sino que también subraya el compromiso compartido con la paz, la justicia y el desarrollo humano. Los diálogos mantenidos en Roma constituyen un paso adelante en la colaboración bilateral y en la búsqueda de soluciones a los desafíos regionales, proyectando un futuro de mayor integración y estabilidad para los Balcanes y para Europa en su conjunto.





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