La comunidad católica de Corrientes se encuentra conmocionada tras una serie de robos que han afectado a la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. En menos de 72 horas, el templo fue blanco de la delincuencia en dos ocasiones consecutivas, resultando en la sustracción de elementos sanitarios y, lo que es aún más significativo, una campana de bronce con un profundo valor histórico y sentimental para los fieles de la zona. Este lamentable suceso pone de manifiesto una creciente preocupación por la seguridad en instituciones comunitarias y religiosas.
El primer episodio delictivo se registró en la mañana del lunes. Según los reportes confirmados por fuentes internas de la parroquia, el párroco, Padre Oscar Luna, fue quien descubrió que individuos desconocidos habían ingresado a las instalaciones. Tras forzar la entrada de los sanitarios comunitarios, ubicados contiguos a la casa parroquial, los ladrones se llevaron un lavatorio completo del baño masculino. Este hecho ya representó un inconveniente para los servicios que la parroquia ofrece a sus feligreses y visitantes, afectando la infraestructura básica destinada al uso público.
La indignación y la tristeza de la comunidad se profundizaron considerablemente apenas dos días después, el miércoles. Trabajadores de la construcción que realizaban labores de mantenimiento y mejora en el antiguo sector del templo fueron quienes advirtieron la ausencia de la pequeña campana de bronce. Este objeto no era solo un mero instrumento, sino un símbolo que adornaba el campanario de la estructura más antigua de la iglesia, marcando el paso del tiempo y convocando a la oración durante décadas, convirtiéndose en un ícono de la identidad parroquial.
Ante la magnitud de los sucesos y el impacto emocional que generaron, la parroquia recurrió a sus plataformas de redes sociales para informar a la comunidad y expresar su sentir. En un comunicado que rápidamente se viralizó, manifestaron el profundo pesar por la pérdida. “Lo que más se lamenta es la campana de bronce que estaba sobre el techo, con más de veinticinco años de historia de nuestra comunidad”, rezaba parte del mensaje difundido. Lejos de la condena, el texto también contenía un llamado a la fe y la reflexión: “Rezamos por los responsables de esta acción delictiva y rogamos para que se pueda encontrar la campana sustraída”. Este gesto de oración por los perpetradores subraya el espíritu de perdón y esperanza que caracteriza a la institución religiosa, a pesar del dolor causado por la profanación y la pérdida material y simbólica.
La relevancia de la campana trasciende con creces su valor material en el mercado. María Lidia, una dedicada servidora de la parroquia, compartió con medios locales los detalles de su origen y el profundo arraigo que tiene en la historia local. Según su relato, esta campana fue donada a la parroquia hace más de un cuarto de siglo por la directora de una escuela céntrica. La donación ocurrió en una época de transición, cuando los timbres electrónicos comenzaban a reemplazar a los tradicionales en las instituciones educativas, dotándola de una doble carga histórica: la de su pasado escolar y la de su posterior servicio religioso. Se trataba, de hecho, de una antigua campana escolar. Para el año 2000, este valioso objeto ya contaba con más de sesenta años de existencia, sumando así una larga trayectoria de servicio y un profundo valor sentimental para la comunidad de San Nicolás. Su sonido no solo convocaba a misa, sino que era parte intrínseca de la memoria colectiva de generaciones de correntinos, un eco de celebraciones, duelos y momentos de recogimiento espiritual.
La investigación de los robos está a cargo del personal de la Comisaría 17ª de la Policía de Corrientes. Las autoridades han iniciado las pesquisas pertinentes, que incluyen la toma de declaraciones a testigos, el análisis de posibles grabaciones de seguridad en las inmediaciones y el relevamiento de datos que puedan conducir a los responsables. Fuentes policiales indicaron que ya se manejan líneas de investigación concretas y que existen algunos sospechosos en el radar de los efectivos, lo cual abre una puerta a la esperanza para la recuperación de los bienes y la detención de los culpables. Una de las principales estrategias en este tipo de delitos, que involucran la sustracción de metales, es el monitoreo exhaustivo de los centros de acopio y reciclaje, conocidos popularmente como “chacaritas” en la región. Estos establecimientos son frecuentemente utilizados por delincuentes para la venta rápida de objetos robados, especialmente aquellos fabricados con bronce, cobre u otros metales que poseen un valor en el mercado secundario. La esperanza es interceptar la campana antes de que sea fundida o desguazada, lo que haría su recuperación prácticamente imposible.
Este lamentable episodio no es, desafortunadamente, un hecho aislado en la provincia de Corrientes ni en el país. El robo de metales, impulsado por el valor de reventa de materiales como el bronce, el cobre y el aluminio, se ha convertido en una problemática recurrente que afecta tanto a infraestructuras públicas como a instituciones privadas y religiosas. Muchas veces, los objetos sustraídos, como la campana de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, poseen un valor cultural, histórico o sentimental infinitamente superior a su tasación en el mercado negro de chatarra. La facilidad con la que estos materiales pueden ser fundidos o desguazados dificulta considerablemente su recuperación, a menos que se intercepten en las primeras etapas de su comercialización ilícita. La inseguridad que experimentan estos espacios de culto y congregación comunitaria genera una profunda preocupación y exige una mayor vigilancia y estrategias preventivas por parte de las autoridades y de la propia ciudadanía.
Mientras la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás se recupera del impacto emocional y material de estos robos, la esperanza se centra en la labor policial para recuperar la campana histórica y llevar a los responsables ante la justicia. La resonancia de su ausencia deja un vacío no solo en el campanario, sino en el corazón de los fieles, que anhelan el retorno de un símbolo que representa mucho más que un simple objeto: un pedazo tangible de su historia, su patrimonio cultural y su profunda fe.






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