5 febrero, 2026

SOUTH BEND, INDIANA – En una manifestación singular de fe y creatividad, la Universidad de Notre Dame fue escenario de una extraordinaria Eucaristía el 2 de febrero de 2026, festividad de la Presentación del Señor, conocida popularmente como la Candelaria. Más de 2.000 estudiantes y miembros de la comunidad se congregaron bajo gélidas temperaturas para participar en una Misa celebrada dentro de una impresionante capilla construida íntegramente de nieve y hielo en el campus.

La insólita estructura, bautizada como Capilla de San Olaf, se erigió en el Patio Norte de la prestigiosa institución católica en South Bend, Indiana. A pesar de que el termómetro marcaba alrededor de -6 grados Celsius (21 Fahrenheit), la devoción y el espíritu comunitario atrajeron a una multitud sin precedentes a este servicio nocturno, que comenzó a las 10 p.m. La capilla, de dimensiones considerables, contaba con “vitrales” elaborados con hielo teñido, un altar de hielo esculpido y un crucifijo tallado, ofreciendo un marco invernal pero profundamente reverente para la celebración.

La iniciativa surgió de la visión de dos estudiantes de último año, Wesley Buonerba, de arquitectura, y Martin Soros, de ingeniería civil. Inspirados por un iglú de gran tamaño que un amigo había construido previamente en el campus, Buonerba y Soros decidieron llevar la idea a un nuevo nivel. Tras casi una semana de arduo trabajo, utilizando moldes creativos, tapas plásticas e incluso el capó de un automóvil como soporte estructural, lograron completar la capilla. Su propósito era claro: solicitar a un sacerdote la celebración de la Misa en su obra efímera.

El Padre Gregory Haake, de la Congregación de la Santa Cruz y sacerdote residente en Coyle Hall (actualmente en Zahm Hall), fue el primero en recibir la petición. Inicialmente, el Padre Haake mostró reticencia debido a las extremas condiciones climáticas. Sin embargo, la persistencia y el entusiasmo de los estudiantes, sumado a la disposición del Padre Pete McCormick, también de la Santa Cruz y vicepresidente adjunto de pastoral universitaria, para predicar la homilía, lo convencieron. Así, el Padre Haake accedió a concelebrar la Misa junto al Padre McCormick y otros dos sacerdotes de su congregación, transformando un desafío logístico en una oportunidad espiritual única. Antes del evento, el Padre Haake confirmó que la diócesis de Fort Wayne-South Bend, a través del obispo Kevin Rhoades, había otorgado la debida autorización canónica para la celebración al aire libre.

La ceremonia dio inicio con la entrada procesional de los monaguillos, quienes portaban un crucifijo tallado en hielo, un incensario y cirios, seguidos por los sacerdotes. Un coro de voluntarios entonó himnos, mientras los asistentes, equipados con guantes y portando hojas de cantos y velas encendidas, participaban activamente en la liturgia.

En su homilía, el Padre McCormick profundizó en el significado de la fiesta de la Presentación del Señor, reflexionando sobre la alegría que coexiste con el sufrimiento. Invitó a la comunidad universitaria a aferrarse a la esperanza en Cristo, afirmando: “Lo que se hace evidente esta noche es que cada uno de ustedes también sabe que esto es verdad: que Jesús ha vencido al pecado y la muerte, que nos llama a vivir como Él, con corazones abiertos y un amor sin límites, un amor que se sacrifica y que llama a otros a la comunión”. Al concluir su mensaje, el Padre McCormick dirigió a los fieles en el himno institucional de la universidad, “Notre Dame, Our Mother,” recordándoles que es una plegaria que invoca la intercesión mariana para acercarse más a Jesús.

Uno de los momentos más impactantes de la Misa fue la consagración, cuando los estudiantes se arrodillaron sobre la nieve, mientras el Padre Haake elevaba la Eucaristía sobre el altar de hielo. Aunque los cuatro sacerdotes distribuyeron la Comunión, las formas consagradas, que sumaban 1.500 preparadas inicialmente más 500 adicionales traídas de la cercana Capilla de Zahm Hall, se agotaron rápidamente, dejando a cientos sin poder recibir el sacramento. A pesar de esta escasez, quienes no pudieron comulgar resaltaron la profunda reverencia y la conmovedora belleza de la celebración, así como el poderoso testimonio de miles de estudiantes unidos en la fe. La Misa culminó con el canto del himno “O God Beyond All Praising”, entre aplausos y abrazos de la comunidad.

Las reacciones de los participantes reflejaron la trascendencia del evento. Patrick Bunal, estudiante de segundo año e integrante del coro, comentó sobre la masiva asistencia: “Tenía un examen mañana, y pensé: ‘Dios, ayúdame’. Pero durante la Misa olvidé el examen y empecé a pensar en la eternidad”. El Padre Haake calificó la experiencia como “increíble” y “absolutamente hermosa”, un momento sin precedentes en sus treinta años de vinculación con la universidad. Destacó la fidelidad, creatividad y amor por la belleza de los estudiantes de Notre Dame, afirmando que eventos como este enriquecen la vida católica en el campus.

Los constructores, Buonerba y Soros, describieron el proceso de edificación como exigente pero profundamente gratificante. Buonerba compartió cómo “aprendimos a enfrentar el frío”, y resaltó la alegría de la fe que el proyecto inspiró en transeúntes y futuros asistentes. Soros añadió que la coincidencia con la Candelaria, que simboliza la luz de Cristo en el mundo, fue “extraordinaria”, ya que el objetivo de su capilla de hielo era precisamente ser “luz en medio de la oscuridad y el frío”, irradiando la misericordia de Jesús con gozo.

La Misa en la Capilla de San Olaf no fue solo una hazaña de ingeniería y un desafío al clima, sino una potente expresión de la vitalidad de la fe católica entre los jóvenes universitarios. Unió a la comunidad en un acto de devoción que trascendió las convenciones, recordándoles, como concluyó el estudiante Patrick Bunal, que aunque la vida universitaria en Notre Dame dura solo cuatro años, la aspiración última es “encontrar un hogar en el cielo para siempre”.

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