Guanajuato, México – En un impresionante despliegue de fervor y determinación, miles de jóvenes mexicanos respondieron a un llamado que trasciende el cansancio físico y las inclemencias del tiempo, congregándose en el icónico Cerro del Cubilete para una masiva peregrinación a los pies del monumento a Cristo Rey. Este evento, que superó con creces todas las expectativas de asistencia, se convirtió en un testimonio vibrante de la profunda fe que anida en el corazón de la juventud católica del país.
Desde las primeras horas del día, las carreteras hacia Guanajuato se vieron inundadas por una caravana de más de 1,700 vehículos, procedentes de cada rincón de la República Mexicana. Todos confluían en un mismo punto de partida: el Valle Juan Pablo II, situado en las faldas del majestuoso Cerro del Cubilete. Los organizadores habían previsto la participación de aproximadamente 45,000 peregrinos, una cifra ya considerable, pero la realidad desbordó cualquier pronóstico al reunir a una multitud estimada en 70,000 jóvenes, dispuestos a emprender un ascenso que sería tanto un reto físico como una profunda experiencia espiritual.
**Un Camino de Sacrificio y Esperanza**
La travesía hacia la cima, donde se erige imponente la estatua de Cristo Rey, no fue un mero paseo, sino una jornada de exigencia y reflexión. Para muchos, cada paso representó una ofrenda, un acto consciente de entrega. David Andrés, quien recorrió más de 370 kilómetros desde Nuevo León, encarnó este espíritu al compartir su motivación: “Si es posible dedicar un fin de semana a las vacaciones, también lo es para postrarse, literalmente, a los pies del Señor y decir: ‘aquí traigo todo, te ofrezco mi vida, lo que he dado y todo lo que venga de ti lo recibiremos con mucho amor’”. Su testimonio reflejó la búsqueda de una conexión más íntima con lo divino, priorizando la fe en un mundo a menudo secularizado.
Para Norberto Ríos, un novicio de los Discípulos Misioneros de Emaús, esta fue su primera experiencia en la multitudinaria peregrinación. Expresó su alegría al constatar que “todavía hay jóvenes que quieren responderle al Señor”. Subrayó, además, el desafío inherente a su vocación: “ayudar a otros a encontrarse con Cristo. Sin ese encuentro es difícil acercarse a la Iglesia. Nuestro testimonio puede abrir ese camino”, afirmó, resaltando la misión evangelizadora que impulsa a muchos de los participantes.
**La Memoria Cristera, Presente en Cada Paso**
Esta edición de la peregrinación juvenil adquirió un significado histórico particular, al conmemorar el centenario del inicio de la Guerra Cristera. Este conflicto, uno de los capítulos más dolorosos de persecución religiosa en la historia de México, resonó a lo largo de todo el recorrido. Pancartas con citas de mártires, imágenes evocadoras de figuras como el joven San José Sánchez del Río y relicarios de santos y beatos acompañaron a los peregrinos, manteniendo viva la memoria de aquellos que sacrificaron sus vidas por la fe. La presencia de reliquias, como la del Beato Padre Miguel Agustín Pro, sirvió como un recordatorio palpable de la tenacidad y el coraje de los católicos mexicanos frente a la adversidad.
El evento se convirtió así en un puente entre el pasado y el presente, donde las nuevas generaciones honran el legado de sus antepasados, reafirmando su identidad católica y su compromiso con los principios por los que lucharon los cristeros.
**Silencio y Discernimiento en la Montaña Sagrada**
Más allá de los cánticos y las proclamas de fe, la peregrinación ofreció también momentos de introspección profunda y discernimiento vocacional. Antonio Centeno Cuarenta, un joven guanajuatense, confió que su ascenso tenía un propósito claro: buscar la guía de Cristo para su futuro. “Ofrecí mi esfuerzo para que el Espíritu Santo me ayude a poder contemplar lo que el Señor me pide, ya sea en una de las vocaciones tan hermosas que nos ofrece: tanto en el matrimonio como en el sacerdocio o la vida religiosa”, explicó. Su testimonio encapsula la búsqueda de propósito y sentido que impulsa a muchos jóvenes en su camino de fe.
**Un Llamado a la Acción y la Fraternidad**
El punto culminante de la jornada llegó al mediodía con la celebración de la Santa Misa, presidida por el Nuncio Apostólico en México, Monseñor Joseph Spiteri. En su homilía, el representante papal dirigió un enérgico mensaje a los jóvenes, instándolos a superar “la apatía”, “las apariencias virtuales” y los “desafíos” inherentes a la vida moderna.
“Adelante, queridos jóvenes”, exclamó Monseñor Spiteri, haciéndose eco de las palabras de Papas anteriores. “La Iglesia agradece su generosidad y confía en la fuerza de su testimonio, como amigos sinceros de Jesús, que quieren construir con Él su reino de fraternidad, respetando la vida de cada persona y favoreciendo siempre la reconciliación y la verdadera paz”. Sus palabras resonaron como un llamado a la acción, a traducir la fe en compromiso social y a ser agentes de cambio positivo en sus comunidades.
Al final del día, con los pies cansados pero el espíritu renovado, los 70,000 peregrinos descendieron de la montaña. Cada uno llevó consigo una vivencia personal, pero todos compartieron una convicción inquebrantable: la fe sigue siendo una fuerza poderosa capaz de mover los corazones y las voluntades de la juventud mexicana, guiándolos en su búsqueda de sentido, comunidad y trascendencia. La peregrinación al Cerro del Cubilete se erige, una vez más, como un faro de esperanza y un recordatorio de la vitalidad de la Iglesia en México.





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