Huércal-Overa, Almería, ha sido el epicentro de un evento de profundo significado para la Iglesia Católica en España. En una emotiva ceremonia, el sacerdote del siglo XIX, Salvador Valera Parra, conocido afectuosamente como el “Cura Valera” y aclamado como el “Cura de Ars español”, ha sido formalmente elevado a los altares. Su beatificación reconoce una vida de servicio abnegado, marcada por una devoción inquebrantable a los más desfavorecidos y una presencia constante en tiempos de adversidad.
La solemne Eucaristía de beatificación fue presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, quien viajó desde el Vaticano hasta la localidad almeriense. Durante su homilía, el purpurado destacó la singularidad de la existencia del Padre Valera: “Una vida dedicada a innumerables personas, especialmente a los enfermos, los desposeídos y los necesitados que recorrían las calles y habitaban los hogares de esta tierra”. Sus palabras resonaron al evocar el ejemplo de Cristo, quien se entrega por la humanidad, y cómo el nuevo beato emuló ese donación en su quehacer diario, transformando su vida en “una raíz de la que podemos alimentarnos”.
La trayectoria del Cura Valera transcurrió en un período convulso para España, caracterizado por desafíos sanitarios y catástrofes naturales. El cardenal Semeraro rememoró su infatigable labor durante circunstancias críticas, como las devastadoras epidemias de cólera y los terremotos que asolaron la región en 1863. En esos momentos de desesperación colectiva, el Padre Valera se mantuvo firme junto a su gente, “visitando a los enfermos, socorriendo a los más vulnerables, asistiendo a los ancianos. Esto es, ante todo, el cuidado de las almas”, enfatizó el prelado vaticano. Su ejemplo, según Semeraro, es un testimonio elocuente de que “solo el amor hace posible un conocimiento verdadero, renovado, interior y profundo”. El cardenal concluyó su reflexión afirmando que el Cura Valera “fue un Evangelio viviente: miró todo y a todos con los ojos de Jesús; amó todo y a todos con el corazón de Jesús. Es un modelo y un ejemplo para nosotros. Esta es también la misión de los santos”.
**Un Sembrador de Esperanza en el Siglo XIX**
Salvador Valera Parra nació en Huércal-Overa, Almería, el 27 de febrero de 1816, en el seno de una familia de humildes recursos. Este mismo pueblo sería el escenario de su incansable ministerio pastoral y, finalmente, de su fallecimiento en 1889. Su formación sacerdotal tuvo lugar en el Seminario de San Fulgencio de Murcia, dependiente de la Diócesis de Cartagena, a la que su parroquia pertenecía en aquel entonces. A la temprana edad de 24 años, el 4 de abril de 1840, fue ordenado presbítero, iniciando su ministerio en las parroquias de Alhama de Murcia y Cartagena.
Sin embargo, sería su regreso a Huércal-Overa en 1868, para ejercer como párroco de su pueblo natal, lo que cimentaría su legado de santidad. En su comunidad, el Cura Valera se convirtió en un faro de caridad. No dudaba en compartir sus propios alimentos y vestimentas, dedicándose al cuidado de los enfermos y ofreciendo consuelo a los moribundos, especialmente durante la gran epidemia de cólera que azotó la región en esos años. Su solicitud pastoral y su entrega incondicional forjaron una memoria perdurable que se ha transmitido de generación en generación entre los habitantes de su pueblo.
**El Legado de un Párroco Sencillo y Fiel**
La trascendencia del Cura Valera ha sido refrendada por las máximas autoridades eclesiásticas de la región. Con ocasión de su beatificación, los obispos de Almería, Mons. Antonio Gómez Cantero; de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; y el de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán –quien es originario de Huércal-Overa–, publicaron una carta conjunta. En ella, destacaron la humildad y el servicio desinteresado que caracterizaron la vida del nuevo beato.
“Nuestro Cura Valera era un hombre que, aparentemente, no realizó nada extraordinario. No dejó escritos, no fundó instituciones, no se conservan sus sermones, pero su presencia, manifestada en las historias y testimonios mantenidos a lo largo del tiempo, nos lo revelan como un párroco entregado a su pueblo, con fidelidad, con humildad y cuidando a sus fieles desde la caridad”, describieron los prelados. Esta descripción subraya que la santidad no siempre reside en gestas grandilocuentes, sino a menudo en la perseverancia de un amor sencillo y constante.
**El Camino hacia los Altares: Virtudes Heroicas y un Milagro**
El proceso de beatificación del Padre Salvador Valera Parra se inició en 1991, impulsado por la devoción popular y el reconocimiento de sus virtudes. En 2021, el Papa Francisco dio un paso decisivo al reconocer oficialmente sus virtudes heroicas, declarándolo Venerable. Finalmente, el camino culminó con la aprobación de un milagro obrado por su intercesión: la curación inexplicable de un bebé prematuro nacido sin signos vitales aparentes. Ante la desesperanza médica, el profesional que atendía al pequeño imploró la mediación del ahora beato, obteniendo una respuesta que la ciencia no pudo explicar.
La beatificación del Cura Valera no solo enriquece el santoral español, sino que ofrece un modelo luminoso para la Iglesia contemporánea y para la sociedad en general. Su vida es un recordatorio de la profunda vocación de servicio que puede transformar vidas y comunidades, demostrando que la entrega humilde y la caridad genuina son el verdadero “Evangelio viviente”, capaz de iluminar incluso los momentos más oscuros. Su legado perdura como un faro de esperanza y un testimonio de fe inquebrantable en la provincia de Almería y más allá.





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