La comunidad católica de Ecuador y, en particular, la Arquidiócesis de Guayaquil, se encuentra de luto tras el sensible fallecimiento de Monseñor Antonio Arregui Yarza, Arzobispo Emérito de la ciudad portuaria, ocurrido el pasado 5 de febrero a los 86 años de edad. Conocido afectuosamente como “el obispo español que se hizo ecuatoriano”, su partida cierra un capítulo de profunda dedicación pastoral y servicio incondicional a la fe y a la sociedad en el país andino.
El deceso de Monseñor Arregui ha generado una ola de condolencias y remembranzas por parte de fieles y clérigos, quienes han destacado su legado espiritual y su incansable labor. Numerosos testimonios resaltan su cercanía con la gente, su presencia activa en las parroquias y su carisma en la administración de los sacramentos. La Arquidiócesis de Guayaquil, a través de sus canales oficiales, expresó su profundo pesar, señalando que muchos lo recordarán como el pastor que impartió la Confirmación, que visitó comunidades eclesiales o que compartía la eucaristía dominical por medios de comunicación.
Las exequias de Monseñor Arregui se llevarán a cabo este sábado 7 de febrero, presididas por el actual Arzobispo de Guayaquil, el Cardenal Luis Cabrera Herrera. Tras la ceremonia, los restos del prelado encontrarán su último descanso en la cripta de los arzobispos, ubicada en la Catedral Metropolitana de Guayaquil, un lugar reservado para las figuras más eminentes de la Iglesia local.
El Padre José Manuel Delgado, párroco de Nuestra Señora de la Alborada, compartió un emotivo recuerdo de Monseñor Arregui, subrayando la calidez humana y la claridad evangelizadora que lo caracterizaban. El P. Delgado destacó la trascendental importancia de su ordenación sacerdotal, oficiada por el propio Monseñor Arregui el 21 de noviembre de 2004, junto a otros dos presbíteros. “No hay un recuerdo más significativo en mi vida”, afirmó, resaltando la “huella inmensa” que el Arzobispo Emérito deja en la arquidiócesis, cimentada en una visión diáfana de lo que el Señor esperaba de su Iglesia y un esfuerzo incansable por alcanzar esos objetivos.
Esta “claridad”, según el testimonio del P. Delgado, se tradujo en una profunda caridad activa, que ha moldeado y sigue marcando el pulso de la Iglesia guayaquileña a través de la creación y consolidación de numerosas instituciones de servicio. Estas entidades abarcan áreas vitales como la asistencia social, la salud (médica y sanitaria) y la educación, evidenciando un compromiso integral con el bienestar de la comunidad, tal como lo destacó un video publicado por la Arquidiócesis de Guayaquil.
**Una Vida al Servicio: De Oñate a Guayaquil**
Antonio Arregui Yarza, cuyo liderazgo fue fundamental en la Arquidiócesis de Guayaquil entre 2003 y 2015, nació en Oñate, una localidad de la provincia de Guipúzcoa, en el País Vasco español, el 13 de junio de 1939. Su conexión con el Opus Dei, institución a la que se unió, es un pilar en su formación y trayectoria.
Tras completar su educación secundaria en el Instituto Peñaflorida de San Sebastián en 1957, a la edad de 18 años, Monseñor Arregui tomó la trascendental decisión de dedicar su existencia al servicio de los demás. Cursó estudios de Teología y Filosofía en el Studium Generale del Opus Dei, complementando su sólida formación académica con la obtención de dos doctorados: uno en Derecho Canónico, otorgado por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum) en Roma, y otro en Jurisprudencia, por la prestigiosa Universidad de Navarra.
Su ordenación sacerdotal tuvo lugar el 13 de marzo de 1964. Apenas un año después, con 25 años de edad, emprendió un viaje que marcaría el rumbo de su vida y ministerio: su llegada a Ecuador. En tierras ecuatorianas, se sumergió en la evangelización, dejando una impronta significativa a través de su participación en la Radio Católica Nacional. Durante la década de 1980, desempeñó un rol crucial al coordinar la histórica visita pastoral del entonces Papa San Juan Pablo II al país, un evento que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva ecuatoriana.
La profunda conexión de Monseñor Arregui con Ecuador se materializó en 1986, cuando obtuvo la nacionalidad ecuatoriana, un gesto que selló su arraigo y amor por la nación que lo acogió. Su ascenso en la jerarquía eclesiástica comenzó el 4 de enero de 1990, con su nombramiento como Obispo Auxiliar de Quito. Posteriormente, ejerció como Obispo de Ibarra, hasta que en 2003 fue designado Arzobispo de Guayaquil, la diócesis más grande y dinámica del país.
Durante su gestión al frente de la Arquidiócesis de Guayaquil, Monseñor Arregui se distinguió por su firme impulso a la vida pastoral, la promoción de la comunión eclesial y una dedicación singular a las vocaciones sacerdotales, así como al fomento de la vida cristiana en la vibrante ciudad. Su visión y liderazgo fueron fundamentales para el crecimiento espiritual y la organización de la Iglesia local, tal como resalta el sitio web del Opus Dei.
Su influencia se extendió más allá de su diócesis, presidiendo la Conferencia Episcopal Ecuatoriana en diversos periodos, una responsabilidad que asumió con gran compromiso. Además de su labor pastoral, Monseñor Arregui cultivó una notable afición por la escritura. Entre sus obras más reconocidas se encuentra “En Parábolas”, una compilación de 80 narraciones que exploran las enseñanzas de Cristo, reflejando su profunda erudición teológica y su capacidad de comunicar la fe de manera accesible.
El 24 de septiembre de 2015, al cumplir los 75 años, presentó su renuncia al cargo, la cual fue aceptada meses después por el Papa Francisco. Tras su retiro oficial, continuó su ministerio sacerdotal con el mismo celo, dedicándose a predicar, confesar y administrar los sacramentos dentro de la estructura del Opus Dei, manteniendo un contacto cercano con los fieles.
Su invaluable contribución a Ecuador fue reconocida formalmente el 24 de agosto de 2023, cuando el entonces presidente de la República, Guillermo Lasso, le otorgó una condecoración por su destacada labor pastoral en el país, un testimonio del profundo respeto y admiración que Monseñor Antonio Arregui Yarza cosechó a lo largo de su vida. Su legado perdurará como un faro de fe, servicio y arraigo ecuatoriano.





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