Ciudad del Vaticano – En un emotivo encuentro celebrado el pasado domingo 8 de febrero, el Papa León XIV dirigió un mensaje de profundo agradecimiento y reflexión espiritual al personal de la Florería y la Oficina de Edilicia del Vaticano. La audiencia, que tuvo lugar en los aposentos papales antes del tradicional rezo del Ángelus dominical, sirvió para subrayar la intrínseca conexión entre la fe, la oración y las labores diarias que sostienen la maquinaria de la Santa Sede. El Santo Padre enfatizó que es en esta sinergia donde reside el “sentido pleno de todo lo que hacemos”, elevando las tareas más prácticas a un plano de servicio trascendente.
Los asistentes a esta audiencia representan el pulso vital que mantiene en funcionamiento los complejos edificios e infraestructuras del Estado de la Ciudad del Vaticano. La Oficina de Edilicia, un pilar fundamental en la conservación del inmenso patrimonio arquitectónico y cultural de la Iglesia, se encarga de la meticulosa restauración y mantenimiento de las edificaciones sagradas y administrativas, asegurando su esplendor y funcionalidad. Por su parte, el equipo de la Florería, a menudo elogiado por su discreta pero esencial labor, dota de belleza y solemnidad a los espacios litúrgicos y ceremoniales, contribuyendo a la atmósfera de recogimiento y celebración. Ambas dependencias son fundamentales para que millones de visitantes y la propia Curia Romana puedan experimentar la vida vaticana con la dignidad y la sacralidad que la caracterizan.
El Papa León XIV inició su alocución expresando una sincera gratitud por la “gran pasión” con la que estos servidores han desempeñado sus roles, una dedicación que se hizo especialmente palpable durante el reciente Año Jubilar. Este período de gracia, que atrajo a innumerables peregrinos de todos los rincones del planeta, fue posible gracias al esfuerzo coordinado y la diligencia de cada uno de los presentes. Sus contribuciones permitieron que la Puerta Santa permaneciera abierta, acogiendo a la multitud de fieles y facilitando su “fructífera participación” en los múltiples eventos jubilares. El Pontífice resaltó cómo esta labor, a menudo discreta, fue crucial para que la experiencia espiritual de millones se desarrollara sin contratiempos, reflejando la capacidad de la Iglesia para acoger al mundo.
El reconocimiento papal no se limitó a un mero agradecimiento, sino que se proyectó como un “estímulo potente” para futuras iniciativas. El Santo Padre delineó una visión que abarca tanto la “constante modernización de los servicios técnicos y logísticos” como el “cuidado minucioso de los entornos vaticanos”. En particular, hizo hincapié en la importancia de preservar la esencia de los lugares dedicados a la oración y a los encuentros con el Sucesor de Pedro, donde la espiritualidad y la fe son el corazón de la experiencia. Esta perspectiva subraya la necesidad de fusionar la eficiencia moderna con el respeto por la tradición y el propósito sacro de cada espacio.
Al detenerse en la majestuosidad de la Basílica de San Pedro, el Obispo de Roma la describió no solo como una obra maestra arquitectónica, sino como un “santuario sagrado” cuya vocación primordial es ser un “templo de contemplación, recogimiento y asombro espiritual”. La preservación de este carácter esencial, afirmó el Papa, es una responsabilidad compartida que va más allá del simple mantenimiento estructural. Igualmente, la emblemática plaza que se extiende ante la Basílica, con su columnata que “abraza simbólicamente al mundo”, fue definida como la “carta de presentación” universal de la bienvenida de la Iglesia Católica a la humanidad. El personal de Edilicia y Florería, por tanto, se convierte en custodio directo de esta primera impresión global, garantizando que el mensaje de acogida sea visible y tangible.
En un llamado a la interioridad, León XIV invitó a los trabajadores a infundir su rutina con un sentido más elevado. Les exhortó a que, “mientras se dedican a sus faenas diarias, se unan a mí en la meditación sobre quienes transitan por los espacios que custodian y a elevar una oración por ellos”. Esta exhortación a la intercesión por los peregrinos y visitantes refuerza la idea central de que “la fe y la oración otorgan un significado pleno a cada una de nuestras acciones”. De esta manera, una tarea tan mundana como reparar una grieta o arreglar un centro floral se impregna de un valor espiritual y apostólico.
El Pontífice reafirmó la importancia capital de sus oyentes, declarando que la “labor que desempeñan cotidianamente representa, sin lugar a dudas, un servicio discreto pero invaluable para la misión apostólica del Papa”. Esta afirmación eleva el perfil de estos trabajadores, colocándolos como colaboradores esenciales en la difusión del Evangelio y el testimonio de la fe a escala mundial. Su compromiso permite que el Vicario de Cristo pueda cumplir con su llamado universal, sabiendo que la base operativa que lo sustenta es sólida y está imbuida de un espíritu de servicio.
Para concluir su mensaje, el Papa León XIV extendió un ánimo especial, instando a todos, “especialmente en los momentos de dificultad, a recordar que somos integrantes de un solo cuerpo místico”. Esta metáfora eclesial resalta la interdependencia y la unidad de todos los miembros de la Iglesia. El fin último de este organismo colectivo, según el Santo Padre, es el “testimonio incansable del Evangelio, en fidelidad al mandato del Señor, quien es nuestro Buen Pastor y la Cabeza de la Iglesia”. Con estas palabras, el Papa no solo agradeció, sino que inspiró a su personal a ver su trabajo no como un empleo, sino como una vocación sagrada dentro de la gran misión de la Iglesia.






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