**Ciudad del Vaticano –** La Liga Comunitaria de Fútbol (LCF), un proyecto argentino dedicado a fomentar la inclusión social a través del deporte, ha sido objeto de un significativo reconocimiento internacional. Sus representantes participaron en un encuentro con el Papa León XIV, una audiencia que subraya la relevancia global de las iniciativas comunitarias con impacto social. Este hito tuvo lugar en el Palacio Apostólico, en el marco del Congreso Internacional “One Humanity, One Planet”, donde un centenar de jóvenes líderes de diversas naciones compartieron sus experiencias y visiones de cambio.
Ariel Malvestitti, director de la Liga Comunitaria de Fútbol, tuvo el honor de entregar al Sumo Pontífice un estandarte distintivo y una gorra que simbolizan la esencia del proyecto. Este gesto no solo representó a la organización, sino que encapsuló el espíritu de miles de niños y familias que encuentran en el deporte una vía para el desarrollo y la esperanza. La presencia de Malvestitti en el Vaticano resalta cómo proyectos gestados en las comunidades más vulnerables de Argentina están resonando en los más altos círculos internacionales, evidenciando el poder transformador de la solidaridad y el compromiso social.
Durante la audiencia, el Papa León XIV pronunció un discurso que resonó profundamente entre los asistentes, subrayando la importancia fundamental del servicio público y la urgencia de construir una ética política que tenga como eje central a los sectores más vulnerables de la sociedad. El Santo Padre enfatizó que la verdadera paz es inalcanzable si la humanidad continúa librando una guerra contra sí misma, descartando a los débiles, excluyendo a los más pobres y permaneciendo indiferente ante la realidad de los refugiados y oprimidos. “Solo quienes cuidan de los más pequeños pueden hacer cosas verdaderamente grandes”, afirmó el Papa, antes de impartir su bendición a los líderes presentes, en un mensaje que actuó como un llamado universal a la acción.
La Liga Comunitaria de Fútbol opera bajo la premisa de que el deporte, especialmente el fútbol, es una herramienta poderosa para la construcción de lazos sociales y la garantía de derechos fundamentales. Trabajando en estrecha colaboración con organizaciones sociales, civiles y religiosas, la LCF se dedica a asegurar el derecho al deporte, la cultura, la salud y la plena inclusión social para niños que residen en los barrios más postergados. Actualmente, el proyecto cuenta con nueve escuelas de fútbol distribuidas en distintos barrios populares de Rosario, provincia de Santa Fe, atendiendo a un total de 180 alumnos. Su metodología no se limita solo a la enseñanza deportiva, sino que promueve valores como la fraternidad, el respeto y el trabajo en equipo, fundamentales para la formación integral de los participantes.
Este notable proyecto es una iniciativa de la Comunidad Padre Misericordioso, una asociación civil con una vasta trayectoria en la prevención y el acompañamiento frente a las adicciones. La Comunidad se enfoca en abordar esta problemática desde diversas aristas, ofreciendo prevención, soporte terapéutico y estrategias de reinserción social para aquellos que sufren de consumo problemático de sustancias. Con una red que abarca veinte centros de atención y acompañamiento, y su sede central ubicada en la Parroquia del Buen Pastor en Rosario, la Comunidad Padre Misericordioso demuestra un compromiso integral con el bienestar y la dignidad humana. Su labor es un pilar fundamental en la edificación de comunidades más resilientes y saludables.
La gorra entregada al Papa León XIV por Ariel Malvestitti portaba los emblemas de la Liga Comunitaria de Fútbol, de la Comunidad Padre Misericordioso y de la Familia Grande de los Hogares de Cristo. Cada uno de estos logotipos no es solo una marca, sino un testimonio visual de las vidas impactadas por estas organizaciones. Simbolizan las historias de innumerables familias que encuentran apoyo y contención en los espacios de los Hogares de Cristo; representan las comunidades alcanzadas por los veinte centros de servicio de la Comunidad Padre Misericordioso; y encarnan a los 180 niños que, en las nueve escuelas de fútbol en los barrios rosarinos, descubren un espacio de pertenencia y crecimiento.
Más allá de la dirección de Ariel Malvestitti, la Liga Comunitaria de Fútbol prospera gracias a la inestimable colaboración del P. Axel Arguinchona y de un equipo de voluntarios en constante crecimiento. Este colectivo, movido por una profunda convicción en el potencial del deporte como vehículo para la inclusión y la fraternidad, trabaja incansablemente en el terreno, construyendo redes de apoyo y oportunidades para los niños y jóvenes. La unión de estas entidades y la dedicación de sus miembros configuran un modelo ejemplar de cómo la acción social local, potenciada por la fe y la comunidad, puede generar un impacto transformador que trasciende fronteras y recibe el eco de las más altas esferas. Este encuentro en el Vaticano no solo fue un reconocimiento a una labor, sino un impulso para seguir extendiendo la misión de inclusión y esperanza a través del deporte.




