10 febrero, 2026

Con la inminencia del Miércoles de Ceniza, que marca el inicio del periodo litúrgico de la Cuaresma, la Iglesia Católica extiende un llamado a la reflexión profunda y la conversión interior. Este mensaje resuena con particular fuerza en México, una nación que enfrenta significativos desafíos sociales y de seguridad. En este contexto, el Padre Manuel Corral, canónigo de la venerable Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, ha instado a todos, incluidos aquellos inmersos en la violencia criminal, a abrazar este tiempo espiritual como una genuina oportunidad para el cambio y la búsqueda de la paz.

En declaraciones previas al comienzo de la Cuaresma, el sacerdote enfatizó la relevancia de este periodo de cuarenta días de preparación para la Pascua. La Cuaresma, explicó, no es solo una cuenta regresiva, sino un trayecto hacia una profunda transformación de actitudes y el fortalecimiento de la fe. El Miércoles de Ceniza, que abre esta etapa, con su tradicional imposición de ceniza en la frente de los fieles, simboliza mucho más que una práctica visible. Es una señal de contrición y arrepentimiento, una invitación a la introspección personal y a reorientar la vida hacia principios espirituales y el encuentro con lo divino.

**Un Llamado a la Paz en Medio de la Violencia**

El mensaje del Padre Corral adquiere una dimensión particularmente desafiante al dirigirse a quienes se encuentran involucrados en la violencia que lacera a la nación. Reconociendo la intrincada “espiral de violencia” en la que operan las organizaciones criminales, el canónigo no ignoró la dificultad inherente de su exhorto a la no violencia, especialmente durante los días santos. Sin embargo, mantuvo la firme convicción de que “la oración y el recogimiento” poseen la capacidad de ser catalizadores de paz, siempre y cuando se promueva “el diálogo y un encuentro auténtico con Cristo”.

Para ilustrar este punto, el Padre Corral rememoró experiencias vividas en 2011, durante el acompañamiento de la reliquia de San Juan Pablo II por diversas regiones del país. Tanto en San Fernando, Tamaulipas, como en Apatzingán, Michoacán —territorios conocidos por sus complejos desafíos de seguridad y presencia del crimen organizado—, fue posible observar la generación de espacios de serenidad y coexistencia pacífica, incluso en entornos de alta tensión, demostrando el poder transformador de la fe y la espiritualidad.

**El Difícil Camino de la Reconciliación para Criminales**

En un contexto poco común, pero no inexistente, el canónigo de la Catedral Metropolitana reveló en una entrevista con ACI Prensa que, a pesar de las barreras y los estigmas, algunos individuos con antecedentes criminales han buscado acercarse a la Iglesia en pos de la reconciliación. Este camino, explicó, dista de ser sencillo. Para acceder al perdón sacramental, la persona debe asumir una responsabilidad genuina por sus acciones, lo que implica un “arrepentimiento” de corazón. En ciertos casos, esto podría incluso traducirse en la compleja decisión de “ir y presentarse a la autoridad”.

“No es fácil”, admitió el Padre Corral, señalando el peso de las consecuencias de sus actos. Sin embargo, atestiguó haber presenciado “casos de personas que han logrado un cambio profundo en sus vidas”, ofreciendo una nota de esperanza en medio de la adversidad y validando la capacidad de la fe para transformar incluso las vidas más quebrantadas.

**La Conversión Cotidiana: Más Allá de la Violencia Armada**

No obstante, la exhortación a la conversión trasciende la esfera del crimen organizado para abrazar la vida cotidiana de cada individuo. El Padre Corral subrayó que la violencia no se limita a las armas; se manifiesta también en actitudes diarias que socavan la armonía en el entorno social y familiar. Instó a los fieles a una introspección sobre comportamientos que generan conflicto, como el “egoísmo, la falta de colaboración o el fastidio hacia los demás”. La verdadera transformación, señaló, comienza en el fuero interno, donde cada persona tiene la capacidad de “favorecer y crear un ambiente pacífico” en su entorno más cercano y en su propia existencia.

**Iniciar la Cuaresma Reconciliados: El Sacramento de la Confesión**

Para iniciar este periodo cuaresmal con una disposición de reconciliación plena, el sacerdote enfatizó la primacía del sacramento de la Confesión. Compartió, como un testimonio esperanzador, su experiencia durante la apertura de la Puerta del Jubileo en la Catedral Metropolitana, donde fue testigo de la afluencia de miles de personas que, movidas por un “deseo real de cambio”, acudieron a recibir este sacramento. Describió la Confesión como un “cheque en blanco que nos da el Señor”, una oportunidad para expresar la voluntad de adoptar “actitudes diferentes” y pedir la fuerza divina para “transformar y cambiar la vida”.

**Los Tres Pilares de la Cuaresma: Ayuno, Oración y Caridad**

Además de la Confesión, la vivencia concreta de la Cuaresma se articula en torno a tres pilares fundamentales: el ayuno, la oración y la caridad. El Padre Corral desglosó el significado profundo de cada uno de ellos, invitando a una práctica consciente y transformadora.

El **ayuno**, explicó, no debe interpretarse como una privación sin sentido, sino como un ejercicio de “disciplina” personal que fortalece la voluntad y libera al espíritu de ataduras materiales. La **oración**, por su parte, va más allá de la mera repetición de fórmulas; se trata, ante todo, de “hacer silencio”, de abrir el corazón para “escuchar la voz del Señor” y establecer un diálogo íntimo con la divinidad. Finalmente, la **caridad** trasciende la simple limosna; implica una generosidad auténtica, “dando lo mejor de mí” y asumiendo una “responsabilidad” plena sobre la propia vida y el bienestar del prójimo, lo que el Padre Corral equiparó con “cargar la cruz” en el sentido espiritual, es decir, aceptar y vivir las responsabilidades y sacrificios que el amor y la fe demandan.

En suma, el mensaje del Padre Manuel Corral invita a ver la Cuaresma no solo como un tiempo de penitencia y abstinencia, sino como un camino de esperanza, regeneración y acción. Desde el arrepentimiento por acciones violentas hasta la superación de pequeños egoísmos cotidianos, la Iglesia, a través de sus líderes, extiende una invitación a cada persona a contribuir, desde su interior, a la construcción de una sociedad más justa, pacífica y solidaria. Un llamado a la conversión que resuena como un eco necesario en tiempos que demandan una profunda reflexión y un compromiso renovado con los valores esenciales de la convivencia humana.

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