11 febrero, 2026

**Ciudad del Vaticano –** En una emotiva y significativa conmemoración de la Jornada Mundial del Enfermo, el Papa León XIV visitó la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en los serenos Jardines Vaticanos, este 11 de febrero. El Pontífice dedicó este momento de profunda oración a todos aquellos que padecen alguna enfermedad en el mundo, reafirmando el compromiso de la Iglesia con los más vulnerables y la importancia de la compasión en la fe católica.

La elección de la fecha no es casual. El 11 de febrero marca la festividad litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, una advocación mariana de gran arraigo y devoción en el catolicismo global. Esta fecha también fue instituida por San Juan Pablo II como la Jornada Mundial del Enfermo en 1992, buscando fomentar la atención y el cuidado hacia los enfermos, así como la reflexión sobre el misterio del sufrimiento a la luz de la fe. La presencia del Papa León XIV en la réplica vaticana de la gruta francesa subraya la continuidad de esta tradición y la relevancia de su mensaje en el contexto actual.

El pequeño santuario en los Jardines Vaticanos es una réplica fiel de la célebre gruta de Massabielle en Lourdes, Francia, donde, en 1858, la Virgen María se apareció a Santa Bernardette Soubirous. Este lugar, que anualmente atrae a millones de peregrinos en busca de consuelo y curación, se ha convertido en un símbolo universal de esperanza para los enfermos y necesitados. La reproducción vaticana ofrece un espacio de recogimiento y oración que permite a los sucesores de Pedro conectar de manera íntima con la espiritualidad de Lourdes sin salir de la Santa Sede.

El Santo Padre llegó a la gruta en un ambiente de recogimiento. Su visita transcurrió en un silencio reverente, que solo fue interrumpido por el murmullo de las oraciones personales. Ante la imagen de la Virgen de Lourdes, el Pontífice se postró en oración, elevando sus súplicas por el fin del sufrimiento, por la fortaleza de los enfermos y por la esperanza para quienes enfrentan adversidades de salud. Como un gesto simbólico de su profunda intercesión, León XIV encendió una vela, cuya llama se erigió como un faro de oración por cada persona que atraviesa el dolor y la debilidad en cualquier rincón del planeta. Este acto, cargado de significado, simboliza la luz de la fe que disipa las tinieblas de la desesperación.

Durante su visita, el Pontífice estuvo acompañado por un reducido grupo de enfermos, quienes habían sido trasladados al Vaticano para esta ocasión especial. Junto a ellos, se encontraban miembros de las hospitalarias de Lourdes y algunos familiares, personas que dedican su vida al servicio y al acompañamiento de los que sufren. El Papa les extendió su cálido saludo y les agradeció su presencia, reconociendo el valor de su testimonio y el amor que brindan diariamente. Su encuentro fue un recordatorio palpable de la importancia de la comunidad y del apoyo mutuo frente a la enfermedad.

En un breve pero sentido discurso improvisado, el Papa León XIV compartió reflexiones que resonaron con profunda espiritualidad y humanidad. “Hoy es un día hermoso que nos llama a recordar la cercanía de María, nuestra madre”, expresó el Santo Padre. “Ella siempre nos acompaña y nos enseña lecciones valiosas: el verdadero significado del sufrimiento, la esencia del amor incondicional y la importancia de entregar nuestra vida en manos del Señor”. Sus palabras ofrecieron una perspectiva de fe ante la adversidad, invitando a ver en María un modelo de fortaleza y consuelo.

El Sumo Pontífice pidió la bendición divina no solo para los presentes en la gruta, sino también para todos los enfermos “en este día y siempre”, extendiendo su plegaria a quienes les brindan cuidado y apoyo. Hizo una mención especial a la labor incansable de médicos, enfermeras, y todos aquellos que se mantienen cercanos a los enfermos, “especialmente en los momentos más difíciles”. Es un reconocimiento al personal de salud y a los cuidadores familiares que, con su entrega, encarnan el amor cristiano y la solidaridad humana.

Concluyendo su alocución, el Papa invitó a todos los asistentes a rezar juntos un Ave María, uniendo sus voces en una plegaria común a la Madre de Dios. Posteriormente, el Obispo de Roma dedicó tiempo a cada uno de los enfermos, conversando de manera personal con ellos, ofreciendo palabras de aliento, consuelo y bendición. Este gesto de cercanía pastoral subraya la visión de la Iglesia como un hospital de campaña, siempre atento a las heridas de la humanidad.

La visita a la Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos no fue el único momento en que el Papa León XIV se refirió a la Jornada Mundial del Enfermo. Horas antes, durante la Audiencia General de la mañana, el Santo Padre ya había recordado esta importante conmemoración. En aquella ocasión, el Pontífice había instado a los fieles a unirse en oración y a pedir la intercesión de la Virgen de Lourdes para que conceda a todos los enfermos “las gracias que les sostengan en su camino”, subrayando la necesidad de acompañamiento espiritual y material en su peregrinaje de fe y dolor.

La presencia y las palabras del Papa León XIV en este día tan señalado refuerzan el mensaje de que la enfermedad, lejos de ser un aislamiento, debe ser un llamado a la solidaridad y a la compasión. La Iglesia Católica, bajo su liderazgo, continúa siendo un bastión de esperanza para millones de personas que buscan consuelo y fortaleza en medio del sufrimiento, recordándoles que nunca están solos en su camino.

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