La situación de la libertad religiosa en Nicaragua se ha deteriorado significativamente, con el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo intensificando las restricciones sobre las actividades de la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas. Denuncias recientes señalan la prohibición de misiones pastorales y la limitación severa de eventos religiosos en diversas ciudades, reflejando una creciente hostilidad hacia la fe pública.
Martha Patricia Molina, investigadora nicaragüense exiliada y autora del informe “Nicaragua: Una Iglesia perseguida”, ha alertado sobre el recrudecimiento de las medidas represivas. En declaraciones recientes, Molina destacó la incongruencia entre el discurso oficial de “reconciliación y amor” y las acciones del régimen, sugiriendo un “miedo a la fe y al amor a Dios que siente el pueblo nicaragüense”.
**Escalada de la Represión Contra la Iglesia Católica**
Según la última actualización del informe de Molina, publicada en agosto de 2025, el gobierno nicaragüense ha perpetrado al menos 1,070 ataques contra la Iglesia Católica y ha prohibido más de 16,500 procesiones desde 2018. Estas cifras, lejos de disminuir, continúan en aumento, evidenciando una estrategia sistemática para controlar y silenciar las expresiones de fe.
La investigadora ha documentado incidentes en los que agentes policiales han irrumpido en actividades religiosas e incluso en misas para intimidar y detener a presbíteros. La vigilancia sobre el clero es constante, con exigencias de informes semanales sobre sus actividades y revisiones forzadas de sus teléfonos móviles, buscando rastrear sus contactos y comunicaciones.
**Misiones Pastorales Prohibidas en la Diócesis de León**
Una de las prohibiciones más recientes y preocupantes, denunciada por Molina el 21 de enero de 2026, concierne a las misiones pastorales en la Diócesis de León, que abarca los departamentos de León y Chinandega. El obispo de la diócesis, Monseñor René Sándigo, quien en 2021 participó en unas elecciones presidenciales calificadas de farsa por observadores internacionales, recibió la orden de confinar las actividades eclesiales “adentro” de los templos y “quedarse en sus parroquias”.
Esta directriz impide que la diócesis realice sus tradicionales misiones de evangelización “casa a casa”, programadas para el 24 de enero de 2026 en el marco del Año Eclesiológico. La restricción limita drásticamente la capacidad de la Iglesia para llevar la palabra de Dios directamente a los hogares y comunidades. ACI Prensa intentó contactar a la Diócesis de León para obtener su versión de los hechos, pero no recibió respuesta hasta el momento de la publicación.
**Silenciando la Fe en la Vida Cotidiana y Tradiciones**
Félix Maradiaga, presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua, ha advertido que el régimen “ya no se limita a hostigar a líderes religiosos o cancelar procesiones, sino que ahora busca silenciar la fe en la vida cotidiana y castigar toda expresión espiritual que no controle”. Maradiaga explicó que la administración Ortega-Murillo no solo prohíbe festividades populares con profundas raíces culturales y religiosas, como el tradicional “tope de santos” en Diriamba, o restringe celebraciones comunitarias como la del Divino Niño en Matagalpa –diócesis del obispo Rolando Álvarez, expulsado a Roma en enero de 2024–, sino que ahora extiende la prohibición a la predicación puerta a puerta, afectando también a otras denominaciones cristianas.
Las procesiones masivas y peregrinaciones, como la del Divino Niño en Matagalpa, han sido objeto de restricciones y prohibiciones por parte del régimen desde hace varios años.
**El Tradicional “Tope de Santos” Cancelado**
Molina recordó que las prohibiciones de procesiones impuestas por el gobierno datan de 2022 y que, en el actual año 2026, “esas actividades religiosas están nuevamente prohibidas”. Se refirió específicamente a la cancelación del “tope de santos” en Diriamba, en honor a San Sebastián, una festividad que congrega a numerosas imágenes de santos y a miles de fieles. La investigadora lamentó que el régimen solo permite que las imágenes salgan al atrio del templo.
Situaciones similares se vivieron con la celebración de la Virgen de Candelaria en Managua, confinada a los muros de su santuario. El 7 de febrero, el diario nicaragüense La Prensa reportó que, por primera vez, el “tope de santos” —que incluye a San Juan Bautista, San Marcos y Santiago— tampoco se realizó en la parroquia Inmaculada Concepción de María del municipio de La Concepción en Masaya, conocida como “La Concha”, por orden gubernamental. En un aparente intento de contrarrestar la festividad religiosa, la alcaldesa sandinista de La Concepción, María Esperanza Mercado Hernández, declaró asueto el 9 de febrero y autorizó una serie de actividades alternativas.
**La Realidad para el Clero y Fieles bajo Vigilancia**
El Padre Edwing Román, sacerdote nicaragüense exiliado y vicario parroquial en Miami, Florida (Estados Unidos), confirmó que estas prohibiciones no son aisladas, afectando a festividades importantes en Jinotepe, Boaco y Masaya, entre otras cabeceras departamentales. Román denunció que las alcaldías afines al gobierno a menudo organizan espectáculos en los atrios de las parroquias, apoderándose de estos espacios para realizar “shows” con música y bailes, buscando “distraer y vender una alegría de fachada”.
El sacerdote relató que las actividades religiosas que se logran realizar están bajo estricta “vigilancia policial y con paramilitares de civil”. Las imágenes sagradas ya no son cargadas por los devotos, sino transportadas en vehículos resguardados por la policía, una medida que busca evitar la congregación espontánea de multitudes. “La dictadura teme a las multitudes (aún religiosas) que se les tomen las calles de las ciudades”, afirmó Román, aunque resaltó que, a pesar de todo, “la fe se mantiene y el Pueblo de Dios espera en la intercesión de sus santos patronos”.
**Nicaragua: Una Batalla Espiritual**
Arturo McFields Yescas, exembajador de Nicaragua ante la OEA y también exiliado, describió la situación como una “batalla espiritual que se manifiesta en el ámbito terrenal a través de la represión, la persecución, la censura y el espionaje”. McFields Yescas subrayó que la ferocidad del régimen se dirige principalmente al pueblo católico, pero también al evangélico, porque “el enemigo de ellos es la fe del pueblo, la creencia en Dios, porque saben que Dios es más fuerte que cualquiera de estas amenazas terrenales”. A pesar de la adversidad, confía en que el pueblo de Nicaragua está convencido de que la Iglesia es de Dios y que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.
Finalmente, Monseñor Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua en el exilio, en su homilía del 8 de febrero de 2026, hizo un llamado a “desenmascarar las tinieblas del poder despótico y cruel que amenaza, intimida y oprime”. El prelado exhortó a los fieles a ser “faros de esperanza en un mundo que a menudo parece dominado por la oscuridad”, enfatizando la misión de ser “sal de la tierra y luz del mundo” para preservar la vida e iluminar con la luz del Evangelio.




