En un significativo acontecimiento para la vida eclesial de Extremadura, la Congregación de Hermanas de Marta y María ha sido oficialmente encargada de la atención pastoral del Santuario Diocesano de Chandavila, ubicado en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Esta asignación marca un nuevo capítulo para el recientemente erigido santuario, cuya oficialización se concretó en septiembre de 2023 tras recibir la necesaria autorización del Vaticano. La llegada de estas religiosas, cuya labor abarca desde la acogida de peregrinos hasta el fomento del culto divino, promete revitalizar este lugar de especial devoción mariana.
La ceremonia de bienvenida tuvo lugar el pasado sábado 7 de febrero, en un ambiente de alegría y esperanza. Monseñor José Rodríguez Carballo, Arzobispo de Mérida-Badajoz, presidió la Eucaristía y dio la bienvenida a las hermanas, subrayando la trascendencia de su misión en este emblemático enclave. Serán tres las religiosas que se establecerán de manera permanente para dedicarse al servicio del santuario, aportando su carisma de servicio y contemplación a la comunidad local y a los numerosos peregrinos que acuden a Chandavila.
**Un Compromiso con la Acogida y el Culto Divino**
La labor encomendada a las Hermanas de Marta y María es multifacética y vital para el desarrollo del santuario. Como explicó Monseñor Rodríguez Carballo durante la homilía, su compromiso incluirá la acogida de los fieles que lleguen en peregrinación, asegurando que encuentren un espacio de paz y orientación espiritual. Además, serán las custodias del “brillo del culto divino”, lo que implica la organización y dignificación de las celebraciones litúrgicas, contribuyendo a una experiencia de fe profunda y significativa para todos los asistentes.
Más allá de las paredes del santuario, las religiosas extenderán su colaboración al servicio pastoral de la parroquia local de La Codosera y de las comunidades parroquiales adyacentes. Este enfoque integral demuestra una visión de la fe que trasciende el santuario, buscando permear y enriquecer la vida cristiana de toda la comarca. Para facilitar su labor y su integración en la comunidad, las tres hermanas residirán en una casa especialmente cedida en la cercana localidad de La Codosera, lo que les permitirá estar en contacto directo con las necesidades de la zona. En la ceremonia de bienvenida, las hermanas estuvieron acompañadas por una decena de compañeras de su congregación, mostrando el respaldo y la comunión fraterna en este nuevo desafío.
El Arzobispo Rodríguez Carballo expresó su profunda satisfacción por la llegada de las religiosas a este “hermoso lugar que nos habla de la belleza y de la bondad de Dios”, donde, según sus palabras, “se palpa de manera especial la presencia de Dios y de María”. Sus palabras no solo fueron de bienvenida, sino también de una visión de futuro para Chandavila. Manifestó su ferviente deseo de que, “antes pronto que tarde, haya adoración eucarística permanente en este lugar”, un anhelo que fortalecería aún más la dimensión espiritual del santuario. Adicionalmente, el prelado compartió la esperanza de que “ojalá algún día podamos contar con una casa para acoger peregrinos”, lo que permitiría ofrecer un refugio y un espacio de descanso a quienes acuden desde la distancia.
**La Congregación de Marta y María: Un Carisma de Servicio Global**
La Congregación de Hermanas de Marta y María tiene una historia inspiradora que se remonta a su fundación en Guatemala en el año 1979. Fue impulsada por la visión de la religiosa Ángela Eugenia Silva Sánchez y el entonces Obispo de Jalapa, Monseñor Miguel Ángel García Aráuz. La génesis de la congregación surgió de una preocupación pastoral del obispo, quien observaba la dificultad de las congregaciones religiosas para arraigar de manera permanente en su diócesis.
En ese contexto, Sor Ángela, quien pertenecía a la Congregación de San Juan Evangelista y estaba destinada en Jalapa, se encontró con el cierre de la casa de su orden. Ante la petición del Obispo García Aráuz de permanecer y continuar su labor, Sor Ángela, junto a una compañera que posteriormente se retiraría, tomó la valiente decisión de quedarse. Fue así como, en el día de la Epifanía de 1979, dieron origen a esta nueva congregación. Tras un recorrido canónico y un proceso de discernimiento y crecimiento, la Congregación de Marta y María obtuvo el reconocimiento pontificio en 2019, un hito que validó su carisma a nivel universal. Su distintivo espiritual se centra en “ponerse al servicio del necesitado con las manos de Marta y el corazón de María”, una síntesis que equilibra la acción caritativa y el servicio práctico con la profunda vida de oración y contemplación.
En la actualidad, esta vital congregación cuenta con aproximadamente 500 religiosas distribuidas en más de 20 países alrededor del mundo. Su presencia se extiende por diversos continentes, atendiendo un amplio espectro de necesidades dentro de la Iglesia Católica. Las Hermanas de Marta y María se dedican a una multitud de ministerios que incluyen la gestión de parroquias, el cuidado de casas sacerdotales, la atención a personas mayores en residencias, la dirección de orfanatos y el servicio en nunciaturas apostólicas. Esta diversidad de apostolados refleja la versatilidad de su carisma y su compromiso con los más vulnerables y con el apoyo a la misión de la Iglesia.
Para sostener la amplitud de su actividad misionera y pastoral, algunas de las hermanas de la congregación dedican su vida de forma exclusiva a la oración en un convento de clausura. Este pilar de oración contemplativa, ubicado en Bisimbre, en la Diócesis de Tarazona (España), es el motor espiritual que alimenta y sostiene todas las obras apostólicas de la congregación a nivel global, demostrando que la acción y la contemplación son dos caras inseparables de su profunda entrega a Dios y al prójimo.
La llegada de las Hermanas de Marta y María a Chandavila no solo significa la presencia de nuevas figuras en el santuario, sino la infusión de un carisma vibrante y una experiencia global de servicio. Su compromiso con la acogida, el culto y la colaboración pastoral promete enriquecer significativamente la vida espiritual de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, consolidando a Chandavila como un faro de fe y esperanza para los creyentes de la región y más allá.





