12 febrero, 2026

Bogotá, Colombia – En un momento crucial para la nación, marcado por procesos electorales inminentes y desafíos sociales complejos, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) ha emitido un exhorto contundente a la ciudadanía, las instituciones y los diversos actores sociales. Tras concluir su 120ª Asamblea Plenaria, los obispos colombianos difundieron un mensaje final que invita a la reflexión profunda y a la acción constructiva, buscando sentar las bases para la Colombia anhelada y necesaria.

El comunicado episcopal, que emerge en un contexto de efervescencia política y social, pone un énfasis particular en la importancia de la participación ciudadana en los procesos democráticos. Con la vista puesta en las elecciones parlamentarias del 8 de marzo y las presidenciales del 31 de mayo, los prelados hicieron un llamado vehemente a los colombianos para que acudan a las urnas “activamente y en paz”. Subrayaron la necesidad de ejercer el derecho al voto con “plena libertad y conciencia”, exhortando a rechazar cualquier forma de soborno o coacción que pueda distorsionar la voluntad popular. Este pronunciamiento busca fortalecer la integridad del sistema democrático y promover una cultura cívica responsable en Colombia.

Dirigiéndose directamente a los candidatos que aspiran a cargos públicos, la Conferencia Episcopal instó a moderar el discurso y a “evitar la violencia verbal”, promoviendo en su lugar un debate basado en ideas y propuestas. Los obispos los conminaron a presentar “caminos veraces y factibles” que conduzcan a un desarrollo auténtico para el país, así como a fomentar la reconciliación y una paz duradera. Esta demanda subraya la expectativa de la Iglesia de que los líderes políticos prioricen el bien común y la unidad nacional por encima de las divisiones partidistas.

El mensaje de la CEC no se limitó al ámbito electoral. Los líderes eclesiásticos también extendieron su llamado a las instituciones del Estado, urgiéndolas a fortalecer el respeto por los derechos humanos y a asegurar el cumplimiento de los deberes ciudadanos. En su declaración, los obispos enfatizaron la trascendencia de “valorar la democracia y las instituciones que la sustentan”, elementos fundamentales para la estabilidad y el progreso de la nación. Asimismo, invitaron al Gobierno a intensificar los “diálogos con todos los actores de la vida social”, reconociendo que esta interacción es clave para avanzar eficazmente en la reconciliación y superar la “fragmentación radical” que ha caracterizado la vida social y política del país.

Una de las preocupaciones centrales abordadas por los obispos fue la persistencia de la violencia generada por grupos armados. En los últimos meses, diversas regiones de Colombia han sido escenario de intensos enfrentamientos entre estas organizaciones, cuyas disputas por el control territorial y las economías ilícitas han tenido consecuencias devastadoras para la población civil. Ante esta realidad, los prelados hicieron un emotivo llamado a estos grupos para que “salgan del círculo de muerte que atenta contra la vida humana” y pone en grave riesgo incluso la salud del planeta. Esta apelación resalta la dimensión ética y humanitaria del conflicto, instando a una desmovilización y reintegro social.

El mensaje de la Iglesia Católica colombiana también se dirigió a otros sectores clave de la sociedad. A los empresarios, los obispos les solicitaron promover “la participación de las comunidades en todas sus iniciativas de empresa”, fomentando una producción y una “distribución equitativa de la riqueza”. Esta visión busca un modelo económico más inclusivo y solidario que beneficie a todos los ciudadanos de Colombia.

De manera significativa, los obispos dedicaron un apartado a los medios de comunicación y a los creadores de contenido digital. Los exhortaron a mantener “siempre presente el comportamiento ético que exige la transmisión de la verdad”, reconociendo la poderosa influencia de la información en la configuración de la opinión pública. La CEC también los instó a “buscar caminos compartidos que contribuyan a desarmar la palabra y a fortalecer un clima nacional y territorial de no violencia”, enfatizando la responsabilidad de los comunicadores en la construcción de un discurso social pacífico y constructivo.

En una dimensión más espiritual y de cohesión social, los obispos colombianos hicieron un llamado a rechazar “el odio que separa”. Animaron a la ciudadanía a aprovechar el período de Cuaresma, que inicia el 18 de febrero con el Miércoles de Ceniza, como una oportunidad para emprender “auténticos pasos de conversión”. Su mensaje final en este punto fue una invitación a “acoger el llamado de Cristo que nos invita a volver a la amistad, a darnos la mano y a buscar la unión”, promoviendo valores de fraternidad y perdón en la sociedad colombiana.

Finalmente, la Conferencia Episcopal de Colombia expresó su “solidaridad a los afectados por el fenómeno meteorológico del frente frío”, que ha provocado severas inundaciones, especialmente en las regiones del norte del país. En respuesta a esta emergencia humanitaria, convocaron a todas las parroquias y comunidades eclesiales a iniciar, a partir del domingo 15 de marzo, la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes. El objetivo es “promover iniciativas en favor de las familias damnificadas”, buscando que la generosidad de los fieles sea un “signo de esperanza en medio de la tragedia” y brinde apoyo concreto a quienes más lo necesitan.

Este extenso comunicado de la CEC representa un faro moral y una guía pastoral para Colombia, abordando desde la participación electoral hasta la ética empresarial, la responsabilidad mediática y la asistencia humanitaria. Su mensaje integral busca impulsar a la nación hacia un futuro de mayor justicia, paz y reconciliación, cimentado en principios éticos y democráticos.

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