13 febrero, 2026

Con la inminencia de San Valentín, las plataformas digitales se inundan de gestos románticos, promesas de afecto y un sinfín de opciones para regalos. Sin embargo, en un contexto donde los lazos afectivos a menudo se ven reducidos a meras emociones pasajeras o atracciones superficiales, emerge una creciente inquietud por comprender la esencia más profunda del amor humano. Esta búsqueda de significado encuentra una resonancia particular en una propuesta que invita a explorar el amor en su dimensión más trascendente: la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II.

“Vocación al Amor”, un apostolado con raíces en Argentina que ha extendido su influencia a diversas naciones, se posiciona como un faro para quienes anhelan una comprensión integral del amor, la sexualidad y el cuerpo desde una perspectiva arraigada en el plan original de la creación. Sus referentes, María Fernanda Quinteros y el Padre Leandro Bonnin, enfatizan una verdad fundamental: “Todos albergamos el anhelo genuino de ser amados y de amar”. Sin embargo, también reconocen la complejidad de la promesa del amor eterno, una aspiración que el ser humano desea ofrecer, pero que con frecuencia percibe inalcanzable por sus propias fuerzas.

En este panorama, la Teología del Cuerpo se presenta no solo como una doctrina, sino como una pedagogía esencial. Se trata de un ciclo de catequesis profundas, impartidas por San Juan Pablo II entre 1979 y 1984, que desentrañan el significado del amor humano a la luz del designio divino. Según los promotores de “Vocación al Amor”, esta enseñanza ofrece una guía para discernir cómo el deseo intrínseco de amar y ser amado se entrelaza íntimamente con nuestra historia existencial: la creación, la caída, la redención y, finalmente, la resurrección.

**El Amor Humano como Reflejo de lo Divino**

La esencia de la Teología del Cuerpo radica en su capacidad para iluminar la vocación universal al amor. Subraya que cada individuo es, en sí mismo, elegido y amado, una identidad que nos habilita a responder a ese amor, tanto en nuestro interior como en nuestra interacción con el mundo. Quinteros y Bonnin articulan este principio central, afirmando que “la vocación al amor es la certeza inquebrantable de que cada uno de nosotros está inmerso en una verdadera historia de Amor desde sus orígenes. Es esta convicción la que sustenta la audacia de un amor para siempre, sabiendo que la promesa que se hace está cimentada en el Amor eterno, que llama e invita a ser un ícono de su comunión”.

En un mundo saturado de narrativas simplistas sobre el afecto, las enseñanzas de San Juan Pablo II cobran una vigencia inusitada. El Papa polaco realizó distinciones invaluablemente claras entre conceptos como el deseo, la atracción, el enamoramiento y el amor verdadero. Estas diferenciaciones continúan siendo herramientas cruciales para navegar la complejidad de las relaciones contemporáneas, permitiendo una comprensión más matizada y madura de los vínculos afectivos. En última instancia, la Teología del Cuerpo condensa que el amor humano, según el plan divino, está llamado a ser un “ícono” y un “signo visible” del amor eterno de Dios en la Trinidad, y del Amor de Dios por toda la humanidad.

**La Lógica del Don frente a la Lógica del Uso**

Una de las transformaciones más significativas que propone la Teología del Cuerpo reside en su impacto sobre la forma de vivir el noviazgo y el matrimonio. Los coordinadores de “Vocación al Amor” afirman que esta visión “revoluciona profundamente la manera de experimentar el noviazgo y el matrimonio porque expone la verdad del Amor, una dinámica donde prevalece la lógica del don y no la del uso”.

Esto implica una invitación radical a un cambio de perspectiva interior: acoger al otro no como un medio para la propia satisfacción, sino como un don absoluto, un fin en sí mismo. En esta interacción, el único modo posible de relación es amando al otro y buscando genuinamente su bien. Desde esta óptica, el amor humano y el matrimonio adquieren un rol trascendental, funcionando como una clave hermenéutica para descifrar la naturaleza del amor de Dios por el mundo y el amor de Jesucristo por su Iglesia.

El amor, reflexionan los miembros de “Vocación al Amor”, sigue siendo el gran tema que resuena en el corazón humano a lo largo de todas las épocas. Si la labor evangelizadora no es capaz de ofrecer una respuesta concreta, profunda y veraz a este interrogante universal, existe el riesgo de que las personas perciban la fe como una “historia bonita e ilusionante”, pero desvinculada de su realidad cotidiana y de sus sufrimientos más íntimos.

Para responder a esta necesidad de formación integral, “Vocación al Amor” anuncia la tercera edición de su “Diplomado en Teología del Cuerpo y Nueva Evangelización”. Se trata de una propuesta formativa con aval universitario, impartida completamente en modalidad online, con una duración de seis meses y clases semanales vía Zoom. Este diplomado cuenta con el respaldo de la Universidad San Juan Pablo II de Costa Rica y ofrece una oportunidad única para quienes deseen profundizar en estas enseñanzas. Aquellos interesados en conocer las condiciones de cursado, evaluación, certificación y opciones de pago, pueden encontrar información detallada en los canales oficiales de “Vocación al Amor”.

Este enfoque no solo ofrece un camino para entender el amor en su plenitud, sino que también equipa a los participantes para convertirse en testigos de un amor que refleja lo divino, un amor capaz de transformar vidas y edificar relaciones duraderas y significativas.

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