Castel Gandolfo, Italia – En un emotivo encuentro celebrado el 17 de febrero en la histórica residencia papal de Castel Gandolfo, Su Santidad el Papa León XIV reafirmó su profunda conexión con la diócesis peruana de Chiclayo. La audiencia, descrita como breve pero profundamente significativa, tuvo como protagonista a Édgar Perales, un seminarista chiclayano cuya inminente ordenación sacerdotal está prevista para el 24 de mayo.
Perales, quien actualmente desempeña labores pastorales en Asturias, España, compartió sus impresiones del encuentro en una entrevista con Rudolf Gehrig, corresponsal de EWTN en el Vaticano. El joven seminarista destacó la especial memoria y el afecto que el Sumo Pontífice conserva por Chiclayo, la región donde sirvió como obispo entre los años 2014 y 2023, bajo su nombre secular de Mons. Robert Prevost.
“El Santo Padre guarda un cariño muy particular por Chiclayo,” afirmó Perales, transmitiendo la esencia de su conversación. “Percibí que aún mantiene ese vínculo especial con la diócesis peruana.” Esta declaración subraya no solo el recuerdo de su pasado pastoral, sino también la continuidad de un lazo afectivo que trasciende las fronteras geográficas y los cambios de investidura.
El seminarista describió al Papa León XIV como una figura “universal que ama profundamente a la Iglesia.” Esta observación refleja la visión de un pontífice cuya perspectiva, aunque anclada en experiencias específicas, abarca la totalidad de la comunidad católica global. Perales aprovechó la ocasión para exhortar a los fieles: “Invito a todos los chiclayanos y a las personas de todo el mundo a orar intensamente por el Papa, quien lleva sobre sus hombros una misión de inmensa magnitud.” Esta petición resalta la conciencia de la ardua tarea que recae sobre el Vicario de Cristo y la necesidad del apoyo espiritual de los creyentes.
La experiencia en Castel Gandolfo fue descrita por Perales como “un momento efímero, pero enormemente gratificante.” Expresó su alegría por haber podido presentarse ante el Santo Padre, a quien transmitió no solo su propio afecto, sino también el de toda su diócesis de origen. Además, solicitó las oraciones del Pontífice para su camino vocacional, recibiendo una promesa de acompañamiento espiritual. “Hemos conversado brevemente, pero el encuentro fue muy enriquecedor,” añadió el futuro sacerdote.
El vínculo de Édgar Perales con el entonces Mons. Robert Prevost se remonta a sus años de infancia en Chiclayo. “Lo conocí cuando era un niño en una de las parroquias de Chiclayo,” rememoró Perales, aludiendo a los primeros años de Prevost como obispo diocesano. Esta conexión personal, forjada en la sencillez de la vida parroquial, confiere una capa adicional de significado al encuentro reciente, demostrando cómo los lazos episcopales pueden trascender el tiempo y las circunstancias.
Durante su década como Obispo de Chiclayo, Mons. Robert Prevost dejó una huella significativa en la comunidad. Su gestión se caracterizó por un profundo compromiso con la evangelización, la formación sacerdotal y la promoción social. Se le recuerda por su cercanía con la gente, su habilidad para escuchar y su liderazgo en tiempos de desafíos pastorales. La diócesis de Chiclayo, ubicada en la costa norte de Perú, es una región vibrante con una profunda tradición católica, donde la fe se vive intensamente en el día a día. El recuerdo del trabajo de Prevost en esta zona es, por tanto, un elemento clave para comprender la profundidad de su afecto por ella, tal como lo percibió el seminarista Perales.
Al reflexionar sobre la personalidad del Papa León XIV, Perales subrayó la coherencia entre el obispo que conoció en Perú y el Pontífice que ahora guía a la Iglesia universal. “En lo esencial, no ha cambiado mucho,” observó el seminarista. “Sigue siendo un hombre de gran bondad, con una profunda vida espiritual y una cercanía admirable. Es evidente que el Espíritu Santo obra poderosamente en él.” Estas palabras ofrecen una visión íntima de la continuidad de carácter y espiritualidad del Papa, cualidades que inspiran confianza y admiración en quienes lo conocen.
La ordenación de Édgar Perales el 24 de mayo no solo marcará un hito personal en su vida, sino que también representará un nuevo fruto vocacional para la Iglesia de Chiclayo y un ejemplo de la vitalidad del catolicismo peruano. La bendición y las oraciones recibidas del Papa León XIV en Castel Gandolfo constituyen un impulso espiritual invaluable para su futuro ministerio. Este encuentro es un testimonio elocuente de la manera en que la figura del Pontífice, a través de gestos sencillos pero cargados de significado, sigue siendo un faro de esperanza y unidad para millones de fieles en todo el mundo.





