21 febrero, 2026

Desde los Santos Lugares, Fray Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, ha extendido un apremiante llamado a la comunidad católica mundial, instándoles a mantener en sus oraciones a los cristianos que residen en la cuna del cristianismo y a brindarles su apoyo generoso a través de la Colecta pro Terra Sancta. Esta tradicional recaudación de fondos, que se celebra anualmente cada Viernes Santo, es vital para el sostenimiento de la presencia cristiana en una región marcada por la historia sagrada y, actualmente, por una profunda inestabilidad.

La Colecta pro Terra Sancta no es un esfuerzo reciente; su origen se remonta a la voluntad explícita de los Pontífices para asegurar un lazo inquebrantable entre los fieles de todo el mundo y los enclaves donde tuvieron lugar los eventos fundacionales de la fe cristiana. Históricamente, esta iniciativa ha sido la principal fuente de financiación para la subsistencia de la vida religiosa, social y cultural que florece en torno a los sitios bíblicos. Los fondos recaudados por las diócesis y parroquias globales son cuidadosamente canalizados a través de los Comisarios de Tierra Santa, quienes, a su vez, los remiten a la Custodia de Tierra Santa. Esta estructura garantiza que las donaciones lleguen a su destino y se empleen para la preservación de los santuarios y el apoyo directo a los cristianos locales, a menudo referidos como las “piedras vivas” de Tierra Santa, por su testimonio viviente de fe en esta compleja región.

Para el presente año, la colecta se desarrolla bajo el inspirador lema “Dar esperanza, sembrar la paz”, una consigna que, según la Custodia Franciscana, representa “un signo concreto de comunión y esperanza” en tiempos de adversidad. Fray Ielpo recordó que, con la proximidad de la Semana Santa, “nuestros corazones y nuestra mirada” se dirigen de manera natural hacia los lugares donde se desarrollaron los momentos culminantes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es en estos escenarios históricos donde la fe encuentra sus raíces más profundas y su significado trascendente.

Sin embargo, el Custodio no ocultó la difícil realidad que enfrentan actualmente los habitantes de la región. “Hoy, desde estos Santos Lugares, seguimos extrayendo de la fuente de la Pascua el sentido y la esperanza de nuestro servicio. Pero no podemos ocultar que vivimos tiempos difíciles”, afirmó. La situación actual, caracterizada por la guerra, la violencia y una persistente inseguridad, ha impactado de forma severa a territorios como Gaza, Palestina, Israel, Líbano y Siria, generando una crisis humanitaria y económica sin precedentes que afecta desproporcionadamente a las comunidades más vulnerables.

Una de las consecuencias más devastadoras de esta inestabilidad ha sido la drástica disminución del flujo de peregrinos. Fray Ielpo subrayó que la “prolongada ausencia de peregrinos en Tierra Santa ha agravado una situación económica ya de por sí profundamente afectada”. La economía local, que en gran medida depende del turismo religioso, ha visto mermar drásticamente sus ingresos, llevando a muchas familias cristianas a una lucha diaria por la supervivencia. Estos hogares, que antes encontraban su sustento en la acogida de visitantes de todo el mundo, ahora se enfrentan a un futuro incierto y a desafíos económicos cada vez mayores.

La desesperanza se cierne sobre la juventud de la región, quienes, ante la falta de oportunidades y la escalada del conflicto, encuentran “cada vez más dificultades para imaginar un futuro aquí, en su tierra natal”. La esperanza misma parece “herida” en localidades tan emblemáticas como Belén y Jerusalén, así como en el norte de Israel y en los vecinos Líbano y Siria. Esta situación plantea un riesgo significativo para la continuidad de la presencia cristiana, una comunidad que ha sido parte integral del mosaico cultural y religioso de Tierra Santa durante dos milenios.

El llamado de Fray Ielpo resuena en sintonía con las reiteradas peticiones del Papa Francisco, quien ha invocado en múltiples ocasiones a la oración y el ayuno por la paz en Tierra Santa, y por el cese inmediato de la violencia que azota esta región crucial para la espiritualidad de miles de millones de personas. En este contexto de conflicto y sufrimiento, el Viernes Santo adquiere para los cristianos de todo el orbe un “significado aún más profundo”, transformándose en una ocasión para reflexionar no solo sobre el sacrificio de Cristo, sino también sobre el sufrimiento contemporáneo de sus hermanos en la fe.

“La colecta pontificia pro Terra Sancta no es solo un gesto de solidaridad: es un signo concreto de comunión con la Iglesia de Jerusalén”, enfatizó el Custodio. Los donativos de los fieles globales permiten financiar proyectos esenciales que van desde la operación de escuelas que educan a futuras generaciones, el mantenimiento de parroquias que sirven como centros comunitarios y espirituales, hasta el desarrollo de programas sociales y la intervención en situaciones de emergencia. Estas obras son cruciales para mantener viva y vibrante la presencia cristiana local, asegurando que las “piedras vivas” de Tierra Santa puedan permanecer en su tierra y seguir siendo un faro de fe y esperanza.

Al concluir su emotivo mensaje, Fray Ielpo hizo una última y poderosa súplica: “El Viernes Santo, al contemplar la Cruz, les pedimos que no se olviden de Tierra Santa. Recuérdennos en sus oraciones y apóyennos con su solidaridad. Su cercanía es para nosotros un valioso signo de fraternidad y esperanza”. El Custodio aseguró, en nombre de toda la comunidad franciscana, sus propias oraciones por todos aquellos que, desde la distancia, extienden una mano de ayuda y consuelo a los guardianes de los Santos Lugares.

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