Arequipa, una de las regiones más emblemáticas del sur peruano, se ha convertido en el epicentro de un profundo dolor nacional tras una serie de tragedias que han conmovido al país. Las intensas lluvias, que azotan diversas zonas del territorio, han provocado inundaciones y deslizamientos de tierra que cobraron vidas, mientras que un lamentable accidente de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) en la misma región se saldó con la pérdida de quince vidas, entre ellas, la de siete niños. Ante este sombrío panorama, la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), a través de su presidente, Mons. Carlos Enrique García Camader, ha emitido un sentido pronunciamiento, extendiendo sus condolencias y haciendo un vehemente llamado a la unidad y la solidaridad.
La región de Arequipa ha sido particularmente golpeada por los fenómenos naturales característicos de la temporada. Las incesantes precipitaciones han desencadenado crecidas de ríos, desbordes y huaicos (aludes de lodo y piedras) que han devastado zonas rurales y urbanas. El impacto ha sido severo, afectando a dieciséis distritos y dejando a cientos de familias damnificadas y miles de personas expuestas a los riesgos de la intemperie y la pérdida de sus bienes. Lamentablemente, estas inclemencias climáticas han cobrado un trágico saldo humano, elevándose a cuatro el número de fallecidos confirmados en los últimos días debido a las condiciones adversas. Las autoridades locales y equipos de emergencia continúan trabajando arduamente para brindar asistencia, evacuar a las personas en riesgo y evaluar la magnitud de los daños materiales, que se estiman millonarios y que requerirán un considerable esfuerzo de reconstrucción. La fragilidad de la infraestructura en algunas áreas ha exacerbado la vulnerabilidad de las poblaciones frente a la fuerza de la naturaleza.
A la consternación generada por los desastres naturales se sumó la trágica noticia del accidente aéreo de la Fuerza Aérea del Perú. La aeronave, que cumplía una noble misión de búsqueda y rescate, además de apoyo a las poblaciones afectadas por las inundaciones y desbordes en Arequipa, perdió contacto radial el pasado lunes por la tarde, generando una angustiosa espera. Tras una intensa y coordinada labor de búsqueda que movilizó a efectivos de la FAP y otras instituciones de rescate, los restos de la aeronave fueron finalmente ubicados en las proximidades de la localidad de Chala Viejo, un distrito perteneciente a la provincia de Caravelí, en la misma región de Arequipa.
El hallazgo confirmó el peor de los temores: no hubo sobrevivientes. El personal de rescate, al llegar al lugar del siniestro, reportó el fallecimiento de las quince personas a bordo. Este trágico balance incluye a los cuatro tripulantes de la aeronave, quienes se encontraban cumpliendo su deber con valentía, y once pasajeros, entre los cuales, se ha confirmado con profundo pesar la presencia de siete niños. La fatalidad de este accidente, ocurrido precisamente mientras se intentaba brindar auxilio a otros afectados, ha causado una ola de conmoción y luto en todo el territorio nacional, resonando en cada hogar peruano la desolación por estas pérdidas.
Ante la magnitud de ambas tragedias, la voz de la Iglesia Católica, a través de la Conferencia Episcopal Peruana, se hizo sentir con un mensaje de consuelo y esperanza. Mons. Carlos Enrique García Camader, presidente de la CEP y Obispo de Lurín, expresó en un comunicado oficial, difundido el 23 de febrero, su “profundo dolor y pesar” por los acontecimientos que “enlutan al país”. El prelado recordó las palabras del Salmo 34, un pasaje bíblico que busca infundir fortaleza en los momentos de mayor aflicción: “El Señor está cerca de los que tienen el corazón destrozado; él salva a los de espíritu abatido”. Este mensaje espiritual busca ofrecer un bálsamo de fe y esperanza a quienes atraviesan el indescriptible dolor de la pérdida.
En nombre de todo el episcopado peruano, Mons. García Camader extendió “nuestras profundas condolencias, solidaridad y cercanía con las familias que hoy sufren la pérdida de sus seres queridos a causa de los desastres ocurridos”. La CEP manifestó su unión en oración por los fallecidos en Arequipa debido a las lluvias y por las poblaciones de los dieciséis distritos que han sido gravemente afectados por los huaicos y las inclemencias climáticas. Respecto a la tragedia aérea, el presidente de la CEP expresó un particular dolor a la Fuerza Aérea del Perú y a los familiares de las quince víctimas, haciendo hincapié en la dolorosa partida de los siete niños, cuya ausencia “enluta a sus familias y a toda la nación”.
El llamado de la Iglesia no se limita únicamente a la expresión de condolencias y oraciones. Mons. García Camader hizo un enfático llamado a la comunidad, invitándola a la “sensibilidad, a la unidad y a la colaboración fraterna, reconociendo que el apoyo mutuo es fundamental para afrontar estas dolorosas realidades”. En tiempos de adversidad, la CEP enfatiza la importancia de la cohesión social y la ayuda desinteresada como pilares para superar la crisis. La capacidad de los peruanos para unirse en momentos difíciles es una fortaleza que la Iglesia busca movilizar.
Finalmente, el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana extendió una invitación a elevar “nuestras oraciones por el eterno descanso de los fallecidos”, pidiendo por su eterno descanso y el consuelo de sus familiares. La Iglesia reafirmó su compromiso de acompañar el dolor de los deudos y de rezar “por la pronta recuperación de quienes han sido afectados”, instando a que, más allá de la fe, la solidaridad se traduzca en acciones concretas de ayuda y reconstrucción en las zonas devastadas. Este mensaje resuena como un recordatorio de que, en medio de la tragedia, la esperanza y la unidad son esenciales para la resiliencia de la nación.



