1 marzo, 2026

Jerusalén, Israel — En un acontecimiento de profunda resonancia histórica y espiritual, las icónicas puertas de madera que marcan la entrada a la Basílica del Santo Sepulcro, uno de los enclaves más sagrados para la cristiandad global, han sido desmontadas para someterse a un proceso de restauración. Este meticuloso trabajo, que representa la primera intervención de tal magnitud en más de dos siglos, se enmarca en un ambicioso proyecto para la rehabilitación del pavimento del templo y subraya la compleja y duradera coexistencia de las diversas comunidades cristianas que custodian este lugar de peregrinación fundamental.

La decisión de retirar las puertas, visiblemente afectadas por el paso del tiempo y el deterioro estructural, fue el resultado de un consenso unánime entre las seis comunidades cristianas que comparten la custodia del Santuario: la Iglesia Católica, el Patriarcado Ortodoxo Griego, la Iglesia Armenia, la Iglesia Copta, la Iglesia Ortodoxa Siria y la Iglesia Ortodoxa Etíope. Esta colaboración, lejos de ser una novedad, es una constante en la gestión de un edificio que simboliza tanto la unidad como la diversidad de la fe cristiana. La última intervención documentada sobre estas mismas puertas data de 1810, impulsada por la Iglesia Ortodoxa Griega a raíz de un devastador incendio que afectó la estructura del templo.

Mientras se lleva a cabo esta delicada labor, el acceso a la basílica ha sido cubierto con paneles provisionales. Estos paneles exhiben reproducciones fotográficas de las puertas originales, un gesto simbólico para mantener la imagen habitual de la entrada y recordar la magnitud del patrimonio que se está preservando. La restauración es un testimonio del compromiso por salvaguardar no solo la materialidad del templo, sino también su identidad visual y espiritual para las futuras generaciones de fieles y visitantes.

Un aspecto singular de la custodia del Santo Sepulcro es la participación histórica de dos familias musulmanas, Nusseibeh y Joudeh, encargadas de las llaves y la apertura y cierre diario de las puertas desde que el sultán Saladino les confiara esta responsabilidad en el año 1246. Esta tradición centenaria ilustra una convivencia interreligiosa única en uno de los puntos de mayor tensión geopolítica y espiritual del mundo. Durante el periodo de restauración, se deberá definir cómo se articulará la labor de estos guardianes en ausencia de las puertas originales, un detalle que subraya la arraigada naturaleza de sus funciones.

La retirada de las puertas no solo ha permitido iniciar su rehabilitación, sino que también ha ofrecido una ventana única a episodios olvidados de la densa historia del templo. Relatos recuperados por publicaciones especializadas revelan curiosidades forjadas a lo largo de siglos de turbulencia y fe. Por ejemplo, en la entrada principal aún es posible discernir un “portal gemelo” que hoy permanece tapiado, un vestigio de antiguas configuraciones arquitectónicas.

Tras la conquista de Jerusalén por Saladino en 1187, el control del acceso al Santo Sepulcro se endureció drásticamente. Todas las puertas de la basílica de la época cruzada fueron selladas, al igual que las ventanas de la rotonda, con el objetivo de controlar el flujo de personas. En este periodo, los cristianos que deseaban orar dentro del santuario estaban obligados a pagar un impuesto de entrada. Muchos peregrinos, quienes ya habían invertido grandes esfuerzos y recursos en largos viajes y tasas de ingreso a la ciudad, a menudo carecían de los medios para afrontar este tributo adicional. Aquellos que sí podían permitírselo debían esperar la única apertura diaria de las puertas; una vez dentro, estas se cerraban hasta la mañana siguiente, dejando a los fieles enclaustrados.

A principios del siglo XIV, esta situación llegó a un extremo insostenible. Clérigos de distintas confesiones, movidos por la profunda necesidad de asegurar la continuidad del culto en el corazón de la cristiandad, tomaron la drástica decisión de permanecer encerrados en el interior del santuario. Solo así podían garantizar que la oración en la iglesia más importante de la cristiandad no se interrumpiera. Para hacerles llegar alimentos y provisiones, se abrieron pequeñas escotillas en las propias puertas de madera. Sorprendentemente, una de estas aperturas ha permanecido en uso hasta la reciente retirada de las puertas, sirviendo, entre otras funciones, para que los guardianes pudieran acceder a la cerradura superior.

La normalización de la situación en el Santo Sepulcro llegó en 1832, cuando Mehemet Ali decretó la apertura diurna permanente y la supresión definitiva del impuesto de entrada, liberando a los peregrinos de las severas restricciones impuestas durante siglos.

En tiempos más recientes, las puertas también han sido protagonistas silenciosas de tensiones contemporáneas. En 2018, las Iglesias custodias acordaron un cierre temporal del templo en protesta por medidas fiscales que consideraban perjudiciales para su sostenibilidad. Asimismo, permanecieron clausuradas durante la pandemia de COVID-19, esta vez por decisión de las autoridades civiles en un esfuerzo por contener la propagación del virus.

La restauración de estas puertas es mucho más que un proyecto de conservación; es un acto de continuidad, un homenaje a la resiliencia de la fe y un recordatorio de las innumerables historias humanas que se han entrelazado con este lugar sagrado a lo largo de los siglos. Cuando las puertas restauradas vuelvan a sus goznes, no solo reabrirán el acceso físico a la basílica, sino que también reafirmarán el legado histórico y espiritual de uno de los sitios más venerados del mundo.

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