La Iglesia Católica en Colombia celebró un hito trascendental el pasado 24 de febrero con la solemne consagración episcopal del Reverendo Padre John Mario Mesa Palacio. Ahora, como Monseñor John Mario Mesa Palacio, asumirá el liderazgo del Vicariato Apostólico de Leticia, una jurisdicción vital y desafiante en el corazón de la Amazonía colombiana. La ceremonia, un evento de profunda significación espiritual y pastoral, congregó a líderes eclesiásticos y fieles, marcando el inicio de un nuevo capítulo en la evangelización de una de las regiones más diversas y ecológicamente cruciales del planeta.
La Basílica Menor de Nuestra Señora de las Misericordias, ubicada en la Diócesis de Santa Rosa de Osos —jurisdicción de origen del nuevo prelado—, fue el escenario de esta emotiva celebración. La elección de este lugar no fue casual, sino un homenaje a las raíces de Monseñor Mesa Palacio, quien ha expresado en múltiples ocasiones la profunda influencia de su entorno familiar y comunitario en el despertar y crecimiento de su vocación sacerdotal y, ahora, episcopal.
El rito de consagración fue presidido por Monseñor Mario de Jesús Álvarez, Obispo de Istmina-Tadó, y contó con la notable presencia y concelebración de veintidós obispos colombianos. Entre ellos destacaron figuras prominentes del episcopado nacional, como Monseñor Francisco Javier Múnera Correa, Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y Monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, Vicepresidente, quienes con su presencia subrayaron la relevancia de este nombramiento para el conjunto de la Iglesia en el país. La vasta concurrencia incluyó a sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos, así como autoridades civiles y, de manera muy especial, a la familia de Monseñor Mesa Palacio, quienes lo acompañaron en este momento culmen de su trayectoria de fe. La Conferencia Episcopal de Colombia, a través de su portal oficial, resaltó que la celebración representó un momento “significativo para la Iglesia en Colombia, particularmente para la misión evangelizadora en la Amazonía”, enfatizando el impacto de este liderazgo en la región amazónica.
Tras recibir la imposición de manos y la unción con el santo crisma, gestos que simbolizan la transmisión del Espíritu Santo y la consagración para el ministerio episcopal, Monseñor John Mario Mesa Palacio expresó su profunda gratitud. Dirigió sus primeras palabras como obispo a Dios, manifestando: “a Dios que me dio fuerza, a Cristo Jesús, nuestro Señor, quien me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio episcopal”. Este agradecimiento no solo refleja su humildad, sino también una profunda convicción de la providencia divina en su vida.
La trayectoria de Monseñor Mesa Palacio es un testimonio de fe y resiliencia. En su discurso, rememoró la importancia capital de la familia como el primer semillero de su fe y vocación. “Fue en el seno del hogar donde aprendí a compartir la vida en comunidad… En este ambiente surgió y creció mi vocación”, afirmó, destacando el rol insustituible del núcleo familiar en la formación humana y espiritual. Esta declaración resuena con la doctrina social de la Iglesia que subraya a la familia como la “Iglesia doméstica”.
Su camino, sin embargo, no ha estado exento de pruebas. Monseñor Mesa Palacio compartió un episodio personal que marcó profundamente su vida: la enfermedad de Guillain-Barré, que lo dejó cuadripléjico en apenas tres días. Este desafío, lejos de doblegar su espíritu, se convirtió en una poderosa manifestación de fe. “Gracias a la fe mi familia oró a la Virgen de las Misericordias y por su favor caminé a los dos meses”, relató, ofreciendo un poderoso testimonio de la intercesión mariana y el poder de la oración comunitaria en momentos de extrema dificultad. Esta experiencia personal de vulnerabilidad y recuperación milagrosa, ligada a la devoción a la Virgen de las Misericordias, sin duda forjará su ministerio pastoral, infundiéndole empatía y una profunda confianza en la providencia.
El 4 de marzo, Monseñor John Mario Mesa Palacio tomará posesión canónica del Vicariato Apostólico de Leticia. Este territorio, un verdadero pulmón de la humanidad y un crisol de culturas, se extiende en la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil. Consciente de la complejidad y riqueza de su nueva misión, el prelado describió Leticia como un “territorio de misión donde viven varias comunidades indígenas, cada una con su historia, su modo de relacionarse con Dios y la creación”. Su visión para el Vicariato se centra en la evangelización inculturada, respetuosa de la diversidad cultural y espiritual de los pueblos amazónicos. En este contexto, subrayó la necesidad imperativa de “promover las vocaciones propias del territorio”, entendiendo que la Iglesia en la Amazonía debe ser liderada y servida por sus propios hijos, forjados en la realidad y desafíos de su tierra. Este enfoque es crucial para una evangelización efectiva y arraigada en las realidades locales, una preocupación constante del Papa Francisco para la Iglesia amazónica.
El lema episcopal elegido por Monseñor Mesa Palacio, “Servus Evangelii” (Siervo del Evangelio), resume su compromiso y visión para su ministerio. Este lema refleja su vocación de servicio desinteresado, no solo como “siervo de Dios” sino también como “siervo del Evangelio”, es decir, un servidor de la Buena Nueva de Jesucristo para todos, especialmente para los más necesitados y las comunidades que encontrará en Leticia. Finalmente, con un gesto de profunda humildad y confianza en lo trascendente, encomendó su ministerio al Espíritu Santo y a la intercesión de la Santísima Virgen María. “Que la fuerza del Espíritu Santo y la intercesión de Nuestra Señora de la Paz me concedan un corazón dócil para conducir según el corazón de Dios la vida y misión del Vicariato Apostólico de Leticia”, concluyó, marcando el tono de un episcopado que se augura guiado por la fe, el servicio y la esperanza para la evangelización en la vasta y vital región amazónica.




