En un panorama político colombiano marcado por intensos debates ideológicos y la inminencia de un nuevo ciclo electoral, el senador Mauricio Giraldo ha reiterado su convicción de que la fe católica no solo debe guiar la esfera privada, sino también iluminar la vida pública. Giraldo, representante del Partido Conservador y actual miembro de la Bancada Provida, busca la reelección en el Parlamento, defendiendo una agenda centrada en la protección de la vida y la familia.
Para el legislador, la política es intrínsecamente un espacio para el servicio y la responsabilidad. “Mi fe es mi brújula”, afirmó, destacando que esta le recuerda que “el poder es servicio” y que cada decisión pública conlleva consecuencias tangibles para las familias colombianas. Su filosofía trasciende el mero discurso, estableciéndose como un criterio fundamental que orienta su labor en el Congreso y su visión del bien común, alejándola de lo que describe como “ideologías pasajeras”.
**Una Brújula para la Acción Legislativa**
Durante el periodo 2022-2026, el senador Giraldo ha sido una voz activa dentro de la Bancada Provida, impulsando iniciativas legislativas que buscan fortalecer los valores asociados a la vida y la estructura familiar tradicional. En este mismo lapso, el bloque ha jugado un papel determinante en la contención de propuestas como la ley de eutanasia, la despenalización del consumo de marihuana o proyectos relacionados con normativas de identidad de género.
El senador enfatiza que las leyes no son neutrales; por el contrario, lo que se aprueba en el Congreso ejerce una influencia directa en la educación, la cultura y la cotidianidad de los hogares. Desde su perspectiva, elegir representantes que no compartan o defiendan principios de vida y familia implica marginar estas convicciones de las decisiones estatales, convirtiendo la elección en un acto con profundas implicaciones morales para el rumbo del país.
**El Llamado a la Participación Católica en Política**
En diálogo con ACI Prensa, Giraldo hizo un llamado a una mayor participación de católicos en la arena política nacional. Argumenta que la ausencia de estas voces abre la puerta a otros actores con agendas que podrían potencialmente restringir la libertad religiosa y erosionar la protección de la vida y la familia en el país. Insiste en la necesidad de contar con ciudadanos católicos “formados, valientes y coherentes” en todas las esferas de decisión.
El legislador describió el panorama actual en Colombia como “desafiante”, señalando una cultura que, a su juicio, tiende a relativizar el valor de la vida, debilita la patria potestad y promueve ciertas ideologías en el ámbito educativo. Sin embargo, también percibe una señal positiva en el creciente número de ciudadanos que, según él, están “despertando” y comprendiendo lo que está en juego.
**Desafíos a la Libertad Religiosa y la Dignidad Humana**
Giraldo mencionó varios episodios del periodo legislativo que, desde su perspectiva, representaron ataques o desafíos a la libertad de fe. Entre ellos, citó intentos de gravar con impuestos la labor social de la Iglesia Católica, la cual atiende a las poblaciones más vulnerables, así como proyectos que buscaban equiparar el catolicismo con prácticas esotéricas o eliminar delitos contra el sentimiento religioso.
Además, el senador destacó la exitosa detención de lo que denominó “convenciones mordaza”: tratados internacionales que, bajo el pretexto de la no discriminación, podrían haber limitado la libertad de expresión de convicciones de fe. También recordó amenazas contra capillas en el Congreso y el aeropuerto, y ataques reiterados a templos católicos sin una defensa estatal que considerara suficientemente contundente. Para Giraldo, la libertad de profesar la fe es un derecho fundamental que trasciende el ámbito privado y no debería depender del gobierno de turno, incluyendo la capacidad de vivirla, expresarla y anunciarla públicamente sin temor.
**La Protección de la Vida Humana: Un Deber del Estado**
Respecto a temas sensibles como el aborto y la eutanasia, el senador Giraldo subrayó que, aunque no son legales en Colombia, han sido despenalizados por la Corte Constitucional. Esta situación, a su entender, constituye un “fallo” del Estado en su deber primordial de proteger la dignidad humana, especialmente la de los más vulnerables.
“Cuando el Estado permite que un niño pueda ser abortado hasta etapas muy avanzadas del embarazo, está fallando”, sentenció, añadiendo que la exposición de menores a intervenciones irreversibles es otra muestra de esta deficiencia. Enfatizó que la dignidad es inherente a la persona, independientemente de su edad, condición de salud o la voluntad de terceros. Giraldo argumenta que el deber ineludible del Estado es salvaguardar a los más débiles –los niños por nacer, los enfermos, los adultos mayores y los menores de edad–, quienes, en su opinión, no están recibiendo la protección adecuada.
**Más Allá del Congreso: La Transformación Cultural**
El senador reconoce que la defensa de estos principios requiere una estrategia multifacética. En el ámbito legislativo, él y sus colegas provida han utilizado mecanismos legales como debates de control político, demandas ante altas cortes y proyectos de ley para corregir excesos percibidos, una labor que prometen continuar.
Sin embargo, Giraldo va más allá de la batalla parlamentaria. Sostiene que la verdadera transformación radica en la formación de conciencia ciudadana. “Si la cultura cambia, el país cambia, los proyectos de Ley que se presentan, cambian”, explicó. Por ello, considera esencial no solo litigar en el Congreso, sino también dialogar con la sociedad, explicar las implicaciones de las decisiones públicas y movilizar a la ciudadanía, pues la defensa de la vida y la familia es, a su juicio, una lucha jurídica, cultural y, ante todo, espiritual.
El senador concluyó reafirmando su compromiso con la coherencia entre su fe y su labor política, incluso frente a críticas y señalamientos que lo tildan de “retrógrado” o “fundamentalista”. Para Giraldo, un católico no puede dividir su conciencia entre sus creencias personales y sus acciones públicas, siendo esta coherencia su mayor desafío y, paradójicamente, su mayor fortaleza.





