9 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – Ante una multitud de miles de fieles congregados en la histórica Plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus dominical, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre el Evangelio de Juan, destacando el encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Su Santidad subrayó que Jesús representa la respuesta divina a la profunda sed espiritual de la humanidad, una temática central en este tiempo de Cuaresma y de preparación para la Pascua.

El Pontífice hizo hincapié en que este pasaje evangélico, junto con los relatos de la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, constituye un pilar de aliento tanto para aquellos que se preparan para recibir el Sacramento del Bautismo en Pascua, como para reafirmar la autenticidad y la alegría de quienes ya han sido bautizados en la fe católica. Estas narrativas, según el Papa, son viajes de revelación y transformación que resuenan profundamente en el corazón de cada creyente.

“Jesús, en efecto, es la respuesta de Dios a nuestra sed. El encuentro con Él, tal como se lo sugiere a la samaritana, activa en lo más profundo de cada persona un ‘manantial que brotará hasta la Vida eterna'”, afirmó León XIV con voz firme. “¡Cuántas personas, en todo el mundo, buscan todavía hoy esta fuente espiritual, esta renovación interior que solo la gracia divina puede otorgar!” Su mensaje resonó como un llamado a la introspección y a la búsqueda de significado en un mundo a menudo desorientado.

En su homilía, el Santo Padre también trajo a colación un emotivo fragmento del diario de Etty Hillesum, una joven neerlandesa que encontró la fe en medio de la adversidad del campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. Hillesum escribió que “Dios está enterrado” pero que “hay que desenterrarlo de nuevo”. Esta poderosa imagen sirvió al Papa para ilustrar la tarea espiritual de la Cuaresma.

“No hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón, a desenterrar esa presencia divina que a veces parece oculta bajo las capas de nuestras preocupaciones, distracciones y pecados”, explicó el Pontífice. “Por eso, la Cuaresma es un don inestimable: entramos en la tercera semana y ya podemos intensificar este camino de purificación y redescubrimiento personal.” Este período litúrgico se presenta, así, como una oportunidad privilegiada para la conversión y el acercamiento a lo sagrado.

Continuando con su análisis del Evangelio, el Papa León XIV se refirió a la sorpresa de los discípulos al ver a Jesús conversando con la mujer samaritana, una interacción que desafiaba las estrictas costumbres sociales y religiosas de la época. Jesús, consciente de su asombro, los provoca con una visión profética: “Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.”

En este sentido, el Sucesor de Pedro extendió la invitación a toda la Iglesia, instándola a “Levantar los ojos y reconocer las sorpresas de Dios”. Rememoró cómo, en los campos, cuatro meses antes de la cosecha, el fruto es apenas visible, pero donde la mirada humana no percibe nada, “la gracia ya está actuando y los frutos están listos para ser recogidos”. Esta metáfora se convierte en un poderoso mensaje sobre la paciencia, la fe y la capacidad de discernir la obra de Dios en los lugares menos esperados.

“La mies es mucha; quizás son pocos los obreros, porque a menudo están distraídos con otras actividades, con lo superficial”, lamentó el Santo Padre, contrastando esta distracción con la constante “atención” y “disposición” de Jesús hacia el prójimo. El Papa enfatizó que, según las convenciones sociales de su tiempo, Jesús habría debido ignorar a la samaritana debido a su género y origen étnico.

Sin embargo, “Jesús le habla, la escucha, le brinda confianza sin segundas intenciones y sin desprecio”, resaltó el Pontífice. Esta interacción es un modelo de cómo la Iglesia debe acercarse a la humanidad hoy. “¡Cuántas personas buscan en la Iglesia esa misma delicadeza, esa misma disponibilidad para el diálogo y la acogida! Y qué hermoso es cuando nos olvidamos del tiempo para prestar atención genuina a quien encontramos, tal como es, sin prejuicios ni agendas ocultas.”

La transformación de la mujer samaritana, que de marginada se convierte en una apasionada evangelizadora, fue destacada por el Papa como un ejemplo para todos los cristianos. “Desde su aldea de despreciados y marginados, muchos, gracias a su testimonio valiente, salen al encuentro de Jesús, y también en ellos la fe brota como agua pura y vivificante”, explicó. Su historia es un recordatorio de que la gracia de Dios puede transformar cualquier vida y usar a cualquiera para su propósito.

Para concluir su mensaje, el Papa León XIV exhortó a los fieles a pedir a la Virgen María, “Madre de la Iglesia”, la gracia de “poder servir, con Jesús y como Jesús, a la humanidad sedienta de verdad y de justicia”. Con un llamado a la unidad y la superación de las divisiones, el Pontífice concluyó: “No es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre ‘nosotros’ y ‘los otros’; los adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz, que lo adoran en Espíritu y en verdad, construyendo puentes en lugar de muros.” Su discurso sirvió como un recordatorio de la misión universal de la Iglesia en promover la armonía y el amor fraterno.

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