27 marzo, 2026

Cada mes de enero, el Principado de Mónaco se sumerge en una de sus festividades más arraigadas y emblemáticas: la celebración en honor a Santa Devota. Esta mártir del siglo IV trasciende su estatus de patrona religiosa para erigirse como un pilar fundamental de la identidad cultural y espiritual monegasca, unificando a la nación, su familia principesca y su diócesis. Su figura, vinculada intrínsecamente al mar y a las autoridades marítimas, refleja la profunda conexión histórica de este microestado mediterráneo con las aguas que lo rodean.

La relevancia de Santa Devota no se limita al ámbito de la fe; su culto impregna la vida institucional del Principado, como señalan historiadores locales. Sin embargo, su preeminencia no fue inmediata. Durante los albores del cristianismo en Mónaco, San Nicolás era el santo más venerado, a tal punto que la antigua catedral llevaba su nombre. Fue bajo el reinado del Príncipe Honoré II de Mónaco cuando la devoción a Santa Devota comenzó a ganar terreno de manera progresiva. Un punto de inflexión fue la llegada de las reliquias de la mártir por vía marítima al valle de Les Gaumates, el lugar donde, según la tradición, se encuentran sus restos y donde hoy se alza la iglesia a ella dedicada. Con el tiempo, esta devoción se consolidó hasta convertirse en la tradición principal de Mónaco, profundamente arraigada en el fervor popular.

Los festejos anuales, que concentran las celebraciones en honor a Santa Devota, alcanzan su punto culminante a finales de enero. El 26 de enero, las actividades comienzan en la iglesia de Santa Devota, que custodia las reliquias de la mártir corsa. Aquí se oficia la “Misa de las Tradiciones”, un evento que cobra especial significado al celebrarse en lengua monegasca. Aunque solo un número reducido de habitantes la domina, el monegasco forma parte del currículo escolar obligatorio del Principado hasta el tercer año de secundaria, subrayando el compromiso con la preservación del patrimonio lingüístico.

Al caer la tarde de ese mismo día, uno de los momentos más esperados congrega a la población en el puerto de Mónaco: la procesión que evoca la legendaria llegada por mar de las reliquias de la santa. Este acto de fe es seguido por la adoración eucarística y la bendición del Santísimo Sacramento, con la distinguida presencia del Príncipe Soberano de Mónaco y otros miembros de la familia principesca, realzando la unión entre la fe, el Estado y la monarquía.

Un evento central de la jornada del 26 de enero es la icónica quema de una barca simbólica en el puerto. Este acto no solo es un espectáculo visual, sino un recordatorio de un episodio histórico y legendario. Alrededor del año 1070, un miembro de la Casa Grimaldi capturó a un pirata que intentaba incendiar las reliquias de la santa y, en su lugar, prendió fuego a la embarcación del intruso. Este rito atrae anualmente a numerosos monegascos y visitantes internacionales. La tradición local atribuye un poder protector a los clavos recuperados de la barca quemada, con la creencia de que otorgan buena suerte para el año venidero. El Príncipe Soberano y su familia presiden este rito, reforzando el vínculo entre la tradición religiosa y la identidad institucional del país.

El 27 de enero marca el inicio de una solemne Misa en la catedral, presidida por el arzobispo. A continuación, se lleva a cabo una procesión con las reliquias de Santa Devota por las calles del Principado. Durante el recorrido, se imparten bendiciones al palacio princpesco, a la familia soberana y a la ciudad, simbolizando la protección espiritual sobre todo el territorio. La celebración culmina con la bendición del mar desde la catedral, con la ostensión de las reliquias, un gesto que subraya la profunda conexión de la santa con la vocación marítima de Mónaco.

En los últimos años, la trascendencia de estas celebraciones se ha visto realzada por la participación de invitados de honor de alto rango de la Curia Romana y del Colegio Cardenalicio. Figuras como el Cardenal Pierbattista Pizzaballa (2026), Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede (2025), y el Cardenal François-Xavier Bustillo (2024), han participado en los actos, consolidando el perfil internacional de la festividad.

Más allá de los ritos litúrgicos, la devoción a Santa Devota se manifiesta en la implicación de la familia principesca y en la masiva participación ciudadana, que cada año revive una tradición transmitida de generación en generación. El lazo entre Santa Devota y la dinastía Grimaldi se extiende a costumbres familiares privadas que han adquirido una dimensión pública. Un ejemplo notable es la tradición instaurada en 1956 por la Princesa Grace, por la cual las novias de la familia reinante depositan su ramo nupcial en la iglesia de Santa Devota tras la ceremonia, simbolizando la protección de la santa sobre el Principado y la unión marital.

¿Pero quién fue realmente Santa Devota? Su historia es una amalgama de narraciones históricas y leyendas que conforman la base de su culto. Se cree que esta joven vivió a principios del siglo IV, un período marcado por la Gran Persecución de Diocleciano contra los cristianos en el Imperio Romano. En Córcega, entonces una provincia romana, Devota fue arrestada por negarse a renunciar a su fe. Tras ser encarcelada y torturada, murió sin abjurar de sus convicciones. Las autoridades ordenaron la quema de su cuerpo, pero un grupo de cristianos logró recuperarlo y lo embarcó con destino al continente, pasando por un islote toscano, con el fin de brindarle una sepultura cristiana digna.

La tradición narra que, durante la travesía, una violenta tormenta desvió la embarcación hacia Mónaco, donde encalló cerca del valle de Les Gaumates, el sitio donde hoy se erige su iglesia. La leyenda añade que una paloma emergió milagrosamente de la boca de Devota, guiando la nave hacia la costa monegasca. Este milagroso arribo es conmemorado el 27 de enero, fecha que marca la principal festividad del Principado.

Historiadores sugieren que Devota podría ser el “doble hagiográfico” de Santa Julia Deo Devota, martirizada en el norte de África alrededor del año 250 bajo el emperador Decio. Se cree que las reliquias de esta última fueron trasladadas hacia el año 450, pasando por las islas de Cerdeña y Córcega, depositadas en el siglo VII en la isla de Gorgona, y finalmente transportadas entre los siglos VIII y IX a la región de Mónaco, con la ayuda de monjes benedictinos.

La devoción a Santa Devota se ha consolidado a lo largo de los siglos, alimentada por relatos de protección milagrosa que han reforzado su rol como figura espiritual y símbolo identitario de Mónaco. Todos los monegascos conocen la historia de Santa Devota, ya que se enseña como parte fundamental de la historia y la identidad cultural del Principado en las escuelas. No es solo una santa patrona, sino una parte viva de la memoria colectiva y el patrimonio de esta nación, cuyo legado perdura en cada celebración y en el corazón de su pueblo.

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