28 marzo, 2026

Beirut, Líbano – La escalada del conflicto en Líbano ha sumido al país en una profunda crisis humanitaria, con más de un millón de personas desplazadas de sus hogares, enfrentando la incertidumbre de un posible retorno y una grave escasez de recursos esenciales. Así lo ha denunciado el Obispo siro-católico de Beirut, Monseñor Jules Boutros, quien ha expresado su profunda preocupación por la devastadora realidad que asola a la nación, marcada por los continuos bombardeos israelíes en diversas zonas.

En una reciente declaración para la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), de la cual se hizo eco el pasado 27 de marzo, Monseñor Boutros detalló cómo la intensificación de las hostilidades ha forzado a innumerables familias a abandonar sus pertenencias y buscar refugio. “Hemos sido testigos de cómo gran parte del sur de Líbano ha sido prácticamente deshabitada. Hablamos de cientos de localidades que han quedado vacías,” lamentó el prelado, de 43 años, quien además compartió una conexión personal con la tragedia: “Esto me afecta directamente, ya que mi familia posee una vivienda en esa región, y mi madre proviene de un pueblo cristiano en esa misma área.”

El obispo resaltó la dramática rapidez con la que la situación ha degenerado. Recordó un evento reciente, “Apenas esta mañana, estuve en la zona del puerto, el mismo lugar donde Su Santidad el Papa ofició una Misa por la paz, un evento que congregó no solo a cristianos, sino a libaneses de todas las confesiones. Ahora, escasos tres meses después, nos encontramos con más de un millón de desplazados internos.” Este contraste subraya la fragilidad de la paz y la velocidad con la que el conflicto ha transformado el panorama social del país.

**El Vínculo Indeleble con la Tierra y la Angustia de la Incertidumbre**

La incertidumbre sobre el futuro se cierne como una pesada sombra sobre los desplazados. Monseñor Boutros enfatizó el profundo arraigo de los libaneses a su tierra y patrimonio. “Quienes se han visto obligados a huir no tienen la certeza de poder regresar algún día, y esto es devastador para el espíritu. Estamos intrínsecamente unidos a nuestra tierra. Nuestros ancestros edificaron esas viviendas, las cuidaron, plantaron los olivos que hoy representan generaciones… y todo ello se encuentra ahora bajo una amenaza inminente,” expresó el obispo con palpable angustia.

Frente a esta crítica coyuntura, la Iglesia libanesa ha respondido movilizando sus recursos. Diversas diócesis del país han transformado iglesias, monasterios y centros eclesiales en refugios improvisados, ofreciendo asilo a las familias desplazadas. Sin embargo, las necesidades de estas comunidades son vastas y variadas, y van mucho más allá del mero alojamiento.

**Variedad de Necesidades y Desafíos en la Ayuda Humanitaria**

El obispo Boutros detalló un listado de requerimientos urgentes que van desde lo básico hasta lo tecnológico. “Algunos solicitan combustible para sus generadores, esenciales ante los cortes de electricidad; otros buscan apoyo psicoespiritual para afrontar el trauma; algunos necesitan lavadoras para poder mantener la higiene de sus vestimentas; televisores para mantenerse informados o distraerse; hemos recibido peticiones de ayuda para facilitar el acceso a Internet; y otros, la necesidad de un horno para cocinar sus alimentos,” relató, ilustrando la complejidad de la asistencia requerida.

La entrega de ayuda material se ha vuelto una tarea extremadamente peligrosa debido a la intensidad de los combates. El prelado citó un ejemplo concreto: “Un sacerdote en Tiro, que asiste aproximadamente a 120 familias en el sur, nos ha comunicado que la forma más segura y efectiva de ayudarlos es a través de apoyo económico directo. Visitar a estas familias en persona para llevarles asistencia material se ha vuelto demasiado arriesgado.”

**Inseguridad Generalizada: “El Riesgo está en Todas Partes”**

Monseñor Boutros pintó un sombrío panorama de la seguridad en el Líbano, afirmando que “la amenaza se cierne sobre todo el territorio libanés.” Mencionó incidentes recientes, incluyendo “dos ataques contra hoteles en Beirut, uno de ellos ubicado en un barrio predominantemente cristiano,” demostrando que la capital no está exenta de peligro.

La situación es particularmente grave cerca de la frontera con Israel. El obispo recordó con pesar los ataques dirigidos contra “pueblos cristianos en el sur, cobrándose incluso la vida de un sacerdote, el Padre Pierre El-Rahi.” Explicó que, si bien Israel ha manifestado que su objetivo principal es el grupo Hezbollah, considerado un aliado de Irán, la realidad en el terreno sugiere que “los ataques no distinguen. Atacan a cualquiera, en cualquier lugar. Es imposible afirmar que exista un sitio completamente seguro en el Líbano.” La gravedad de la situación fue subrayada por el hecho de que “incluso el Nuncio Apostólico, durante una reciente visita al sur con motivo del funeral del Padre Pierre El-Rahi, tuvo que desplazarse en un convoy blindado, bajo la protección de escoltas de tanques.”

**Un Llamado Urgente a la Negociación y la Solidaridad Internacional**

En un mensaje de paz y esperanza, Monseñor Boutros reiteró el deseo de su pueblo: “No aspiramos a la guerra. Si existen diferencias o conflictos con Israel, la vía para su resolución debe ser la negociación y el diálogo, no la confrontación armada. No queremos seguir luchando.”

Para concluir, el obispo expresó su profunda gratitud por la invaluable ayuda que ACN ha proporcionado hasta el momento y lanzó un enérgico llamado a la comunidad internacional. Instó a la continuidad y el incremento de los donativos, destacando que las necesidades de la población desplazada y afectada por el conflicto son inmensas y urgentes. La solidaridad global se perfila como la única esperanza para un pueblo que lucha por su supervivencia y el derecho a un futuro en su propia tierra.

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