29 marzo, 2026

Miles de fieles y peregrinos de todo el mundo se congregaron este domingo en la emblemática Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para la solemne celebración del Domingo de Ramos. Con palmas y ramos de olivo en mano, los asistentes dieron inicio a la Semana Santa, una de las conmemoraciones más significativas del calendario cristiano que rememora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La Basílica de San Pedro, engalanada con un majestuoso tapiz que exhibía el escudo del Papa León XIV desde su balcón central, sirvió de imponente telón de fondo para esta profunda manifestación de fe.

Desde las primeras horas de la mañana, un constante flujo de creyentes llenó las calles aledañas, convergiendo hacia la célebre columnata de Gian Lorenzo Bernini. Esta obra maestra barroca, concebida como un gesto de abrazo universal, encapsulaba perfectamente el espíritu de bienvenida y comunión que se vivía en el corazón de la Ciudad Eterna. La atmósfera estaba cargada de devoción y una palpable expectación, anticipando el inicio de la liturgia papal.

Uno de los momentos más entrañables de la jornada fue la distribución de palmas y ramos de olivo. Jóvenes voluntarios italianos, imbuidos de un espíritu de servicio, se encargaron de compartir estos símbolos de paz con los miles de peregrinos, asegurando que nadie en la Misa se quedara sin ellos. Entre ellos, Carlo y Luca, de 12 y 13 años respectivamente, procedentes de la parroquia de Santa María Reina de la Paz en Ostia Lido, destacaron por su entusiasmo. Estos jóvenes, quienes se levantaron antes del amanecer para asistir, compartieron su alegría y el significado de su labor. “Es muy bonito dar los ramos de olivo y ver a la gente sonreír”, expresó Carlo, mientras Luca añadió: “Me gusta ayudar, y además aprendemos a ser más pacientes y respetuosos con los demás. ¡Siento como si repartiera bendiciones a todos los que llegan!”. Sus palabras reflejaban la alegría y el compromiso que caracterizan a los jóvenes participantes en estas ceremonias.

La diversidad de los asistentes era un testimonio del alcance global de la fe católica. La familia Offiah, que viajó desde Dublín, Irlanda, compartió su entusiasmo por vivir su primera Semana Santa en Roma. Gozie Offiah relató a la prensa local: “Venimos con los niños y estamos muy felices de poder vivir esta experiencia espiritual en familia. Es algo increíble, realmente maravilloso”. Confirmaron también su intención de participar en la Misa Crismal del Jueves Santo, reiterando el deseo de su esposo de “poder estar cerca del Papa”.

Un toque distintivo y cultural lo aportó la Tuna de Segovia, una hermandad universitaria española con una rica tradición. Tras la conclusión de la Misa del Domingo de Ramos, sus acordes de laúd, guitarra y bandurria resonaron en los alrededores de la Plaza de San Pedro, ofreciendo un improvisado concierto que deleitó a los peregrinos y turistas. Interpretaron “Clavelitos”, uno de los temas más emblemáticos de su repertorio. Según explicó David, uno de sus integrantes, el Papa León XIV tiene un gran aprecio por la tuna, y están preparando una “sorpresa” para su próxima visita a España, programada del 6 al 12 de junio.

Cerca de allí, un grupo de estudiantes del Colegio Villaró de Sant Cugat, Barcelona, vinculado al Opus Dei, también compartió su inolvidable experiencia. Santiago, Gonzalo, Pablo, Borja, Alex e Iván tuvieron la fortuna de ver al Papa pasar muy cerca en el papamóvil. “Le hemos saludado y claramente nos ha mirado. Ha sido un instante, pero quedará en nuestra memoria para siempre”, relató uno de ellos. Los jóvenes, aunque entusiasmados con la visita papal a España, mencionaron con humor que la fecha coincidía con sus exámenes de acceso a la universidad, esperando que la bendición papal les ayudara en sus pruebas.

Entre la multitud devota y curiosa, se encontraban visitantes que, si bien no profesaban la fe católica, se sintieron atraídos por la magnitud del evento. Una pareja de turistas de China, por ejemplo, se unió a la celebración tras verla anunciada como un “evento único” en internet. Aunque desconocían el significado de ser católicos, llevaban consigo una rama de olivo, reconociéndola universalmente como un “signo de paz”, un mensaje que consideraban “muy importante en un mundo en guerra”.

Dentro de la plaza, monjas de diversas órdenes rezaban letanías en voz baja, apoyadas en las vallas, mientras contemplaban el altar mayor con sus palmas. A pocos metros, familias y parejas inmortalizaban el momento con fotografías, buscando capturar la esencia de su viaje a la Ciudad Eterna. Una vez finalizada la Misa, muchos se sentaron a descansar, repasando las instantáneas de una jornada que marcaba un hito espiritual.

Como es tradición, las palmas y ramos de olivo empleados en la liturgia fueron donados al Vaticano por diversas instituciones italianas. Las imponentes “palmas fénix” sin trenzar fueron aportadas este año por el Camino Neocatecumenal, mientras que los delicados “palmurelli”, pequeñas palmas artesanalmente trenzadas, adornaban las manos de muchos fieles, especialmente los italianos. La bendición de estos símbolos por parte del Papa León XIV al inicio de la celebración marcó el punto culminante de un Domingo de Ramos que no solo inauguró la Semana Santa, sino que también reafirmó la unidad y la esperanza de la comunidad cristiana global.

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