El Estadio Banorte, reconocido por la FIFA como Estadio Ciudad de México para la próxima Copa Mundial, fue oficialmente reabierto y bendecido el pasado sábado 28 de marzo de 2026. Este icónico recinto, que se posiciona como una de las principales sedes mexicanas para el esperado torneo de fútbol, recibió la bendición de Mons. Francisco Javier Acero, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, en una ceremonia que simbolizó la unión entre el fervor deportivo y los valores espirituales.
La jornada marcó un hito en la historia del estadio, antes conocido como Estadio Azteca, que tras una exhaustiva modernización iniciada en mayo de 2024, reabrió sus puertas para ofrecer una experiencia renovada a los aficionados. El proceso de remodelación, que mantuvo el inmueble cerrado durante casi dos años, culminó con un emocionante partido de reinauguración entre las selecciones nacionales de México y Portugal. Este encuentro de alto perfil contó con la participación de destacadas figuras del fútbol internacional, como Bruno Fernández del Manchester United, Vitinha del Paris Saint-Germain y João Cancelo del Barcelona, deleitando a miles de espectadores con su talento en el campo.
El Estadio Banorte se prepara ahora para acoger cinco de los 104 partidos que componen el calendario de la Copa Mundial FIFA 2026. Este torneo, que por primera vez en su historia se desarrollará en tres naciones anfitrionas —México, Estados Unidos y Canadá—, reunirá a 48 selecciones nacionales del 11 de junio al 19 de julio. La FIFA estima una asistencia global de alrededor de 6 millones de personas en todas las sedes, consolidando a este evento como uno de los más grandes y ambiciosos hasta la fecha. Con una rica trayectoria que incluye haber sido sede de partidos mundialistas en 1970 y 1986, el Estadio Ciudad de México reafirma su legado en la historia del fútbol global.
Horas antes del esperado partido inaugural, Mons. Francisco Javier Acero recorrió las modernizadas instalaciones y dirigió la ceremonia de bendición. Durante su visita y en entrevista con ACI Prensa, el prelado compartió su gratitud por la invitación y expresó su admiración por el esfuerzo invertido en la renovación del recinto. Subrayó que la modernización ha logrado crear “un espacio en donde el amor al deporte se manifieste de manera pacífica”, un mensaje central de su intervención. En su alocución, Mons. Acero enfatizó la importancia del trabajo en equipo, declarando que “solamente en equipo podemos ser artesanos de la paz”.
Uno de los aspectos destacados por el obispo fue la renovación de la capilla interna del estadio. Ubicada estratégicamente en la parte baja del inmueble, cerca del acceso directo al campo de juego, por donde transitan jugadores y equipos técnicos, este espacio espiritual fue también objeto de mejoras significativas. Aunque su acceso es restringido, la capilla se presenta como un refugio de fe y reflexión. Está presidida por una venerada imagen de la Virgen de Guadalupe, acompañada de una placa conmemorativa que recuerda su bendición por el entonces Pontífice, San Juan Pablo II, en 1999, durante su cuarta visita apostólica a México. La presencia de este lugar de culto en un espacio deportivo de tal magnitud subraya la constante búsqueda de trascendencia humana, incluso en ámbitos aparentemente seculares.
Mons. Acero argumentó que una “sana laicidad” impulsa la construcción de puentes para una sociedad con profundas necesidades de trascendencia. En este sentido, hizo un llamado a que el Estado y organizaciones internacionales como la FIFA no reduzcan la religión a un mero sentimiento individual confinado exclusivamente al ámbito privado. Por el contrario, instó a garantizar “el libre ejercicio de las actividades de culto —espirituales, culturales, educativas y caritativas— de la comunidad de los creyentes en el mundo del deporte”, reconociendo la contribución de la fe al bienestar social.
La Iglesia Católica, según el obispo, tiene una misión intrínseca de acompañar a las personas en todas las facetas de su vida, y el deporte no es una excepción. Mons. Acero explicó que esta presencia busca apoyar a los atletas “en su viaje personal, apoyándoles en el entendimiento y potenciando su responsabilidad de ser heraldos de la humanidad”. Resaltó la profunda conexión entre el fútbol y la fe, señalando que “el deporte bien vivido siempre nos lleva a la trascendencia”. A modo de ejemplo, el prelado detalló cómo un atleta que afronta la derrota con una actitud positiva puede impartir una valiosa lección: “el fracaso y la frustración son parte de la vida que debemos aceptar con paz manteniendo una perspectiva justa con respecto al deporte”. Esta perspectiva, añadió, nos recuerda que, si bien los juegos y el deporte son para disfrutarse con pasión, “no son lo más importante en la vida” y deben fomentar la solidaridad y sensibilidad hacia quienes viven realidades de violencia y pobreza.
Finalmente, Mons. Acero enfatizó el papel vital de la práctica deportiva y los grandes eventos como mecanismos efectivos para “alejar a la juventud de las drogas y la violencia”. Además, destacó su capacidad para mejorar “condiciones sociales y la construcción de relaciones interpersonales”. En este contexto, vislumbró la Copa Mundial como una oportunidad inmejorable para “desarmar tanta violencia que vivimos en México y nos hace ser sensibles ante las duras realidades que vivimos aquí y en el mundo”, promoviendo así un mensaje de paz, unidad y esperanza a través del poder unificador del deporte.




