Cada Viernes Santo, millones de católicos alrededor del mundo se unen en un gesto de solidaridad y devoción hacia los orígenes de su fe: la Colecta pro Terra Sancta. Esta iniciativa, que trasciende fronteras y lenguas, ofrece una oportunidad anual crucial para sostener los Lugares Santos, testigos mudos de la obra de la redención, y para garantizar la vital presencia de las comunidades cristianas que habitan en ellos. Es un puente entre la memoria histórica y la realidad viva de la fe en la región donde nació el cristianismo.
La Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, una de las principales metas de las peregrinaciones y símbolo de la profunda conexión entre los cristianos y la Tierra Santa, es solo uno de los innumerables sitios de inestimable valor religioso e histórico que se benefician de esta colecta. La administración y salvaguarda de estos enclaves sagrados recae principalmente en la Custodia de Tierra Santa, una provincia de la Orden Franciscana. Desde hace siglos, los frailes franciscanos han dedicado su vida a proteger y animar estos lugares, buscando que “hablen al corazón y a la mente de todos los que realizan la peregrinación a Tierra Santa”, como subraya la propia Custodia. Su labor no se limita a la conservación material, sino que abarca el mantenimiento de una presencia espiritual activa y el apoyo a las comunidades locales.
La tradición de esta colecta benéfica se arraiga profundamente en la historia de la Iglesia, con orígenes que se remontan a varios siglos. A lo largo de los años, ha sido una constante preocupación de numerosos Pontífices asegurar que la Iglesia Universal volcara su mirada y su ayuda hacia la comunidad católica que reside en Tierra Santa. La Custodia de Tierra Santa ha documentado más de un centenar de bulas papales y otros documentos eclesiásticos que atestiguan este compromiso inquebrantable a lo largo del tiempo.
El primer registro formal de una colecta específicamente destinada a Tierra Santa data de 1455. Fue el Papa Calixto III quien, mediante una bula papal, autorizó a los franciscanos a emprender viajes por diversas partes del orbe cristiano con el propósito explícito de recaudar fondos para el beneficio de los Lugares Santos. Este acto pionero sentó las bases de una tradición que perdura hasta nuestros días, consolidando el rol de los franciscanos como custodios y promotores de la ayuda para la región.
Más recientemente, en 2024, Fray Narciso Klimas, historiador y archivero de la Custodia de Tierra Santa, reflexionaba sobre el papel histórico de los franciscanos, describiéndolos como “sucesores de los cruzados”. Sin embargo, el fraile enfatizó una diferencia fundamental: mientras los cruzados buscaron mantener los lugares de culto a través de la fuerza, los franciscanos han logrado cumplir esta misión de manera “pacífica”, a través del servicio, la presencia y la solidaridad. Esta distinción subraya la naturaleza evangélica de su compromiso.
Un impulso decisivo para la Colecta pro Terra Sancta fue dado por el Papa Pablo VI. El 25 de marzo de 1974, el Santo Padre publicó su Exhortación Apostólica *Nobis in animo*, un documento de profunda reflexión sobre las “crecientes necesidades de la Iglesia en Tierra Santa”. En esta exhortación, el Papa, siguiendo la estela de sus predecesores, exaltó la obra incansable de los franciscanos e insistió en la necesidad imperiosa de una mayor colaboración y apoyo por parte del mundo cristiano.
La *Nobis in animo* de Pablo VI no solo reafirmó la importancia de la colecta, sino que también renovó y actualizó las normas que regían su realización, muchas de las cuales ya habían sido establecidas por otros Pontífices a lo largo de la historia. El objetivo era asegurar una estructura eficiente y transparente para la recolección y distribución de los fondos, maximizando su impacto en la región.
La participación en la colecta es sencilla y se mantiene fiel a las directrices históricas. La *Nobis in animo* ratificó que en todas las iglesias de la cristiandad, cada Viernes Santo, se deben recoger las donaciones de los fieles. Estos fondos son posteriormente entregados a los Comisarios de Tierra Santa. Estos comisarios, frailes de la Custodia, actúan como “puentes entre la Tierra Santa y los cristianos de todo el mundo”, facilitando el flujo de recursos y de información. Su labor es fundamental para que la ayuda llegue a su destino.
Una vez recolectados, los donativos son enviados a Tierra Santa con una distribución preestablecida. El 65% de los ingresos totales se destina directamente a la Custodia de Tierra Santa, apoyando sus proyectos de mantenimiento de los Lugares Santos, obras sociales, educativas y pastorales. El 35% restante se distribuye entre otras instituciones y proyectos que también trabajan activamente en la región, contribuyendo al bienestar de las comunidades cristianas y al diálogo interreligioso.
Según los franciscanos, a través de la Colecta pro Terra Sancta, la Custodia es capaz de “mantener y llevar a cabo la importante misión a la que está llamada: custodiar los Lugares Santos y mantener la presencia cristiana, las piedras vivas de Tierra Santa, a través de las distintas obras de solidaridad”. Más allá de los edificios y monumentos, la colecta sostiene a las personas: familias, estudiantes, ancianos, jóvenes, que representan el futuro de la fe en la tierra donde Jesús vivió, murió y resucitó.
Para aquellos que deseen contribuir, la colecta tradicional en las iglesias cada Viernes Santo sigue siendo el principal canal. Sin embargo, en la era digital, la Custodia de Tierra Santa también ha habilitado la posibilidad de realizar donaciones de manera online a través de su página web oficial, permitiendo a los fieles apoyar esta noble causa en cualquier momento del año, sin importar su ubicación geográfica. Cada contribución, por pequeña que sea, es un eslabón vital en la cadena de solidaridad que une a la Iglesia Universal con la cuna de su fe.








