1 abril, 2026

La Vigilia Pascual, cúspide de las celebraciones cristianas y corazón del Triduo Pascual, enfrenta en diversas regiones del mundo una práctica que, según expertos litúrgicos, desvirtúa su esencia más profunda: la tendencia a adelantar su horario habitual. A medida que la Iglesia universal se preparaba para la Vigilia Pascual del 19 de abril de 2025, la reflexión sobre su correcta observancia cobró especial relevancia.

El padre Jairo de Jesús Ramírez Ramírez, director del Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), ha sido una voz prominente en esta discusión. En su artículo “Recuperar la noche: el desafío de la verdad litúrgica en la vigilia pascual”, el sacerdote hace un llamado enérgico a restaurar la celebración de esta “madre de todas las santas vigilias” en su horario nocturno. Su preocupación principal radica en la creciente costumbre de adelantar la misa a horas vespertinas, transformándola, a menudo, en una “misa de sábado por la tarde”.

Esta adaptación, motivada por razones pastorales, de comodidad o seguridad en algunas comunidades, aunque bien intencionada para facilitar la asistencia de los fieles, “termina por desvirtuar la naturaleza misma” de la solemnidad, advierte el padre Ramírez. Según el experto de la CEC, la normativa eclesiástica en torno a la Vigilia Pascual no obedece a un mero “capricho”, sino que responde a una “exigencia de la verdad de los signos” que la componen. Es decir, cada gesto y símbolo de la Vigilia está intrínsecamente ligado a la experiencia de la noche.

Para fundamentar su postura, el director del Departamento de Liturgia de la CEC expone cuatro pilares teológicos y litúrgicos que justifican la celebración exclusiva de la Vigilia Pascual bajo el velo de la oscuridad nocturna:

En primer lugar, la **verdad del signo de la luz**. La Vigilia Pascual se inicia con el Lucernario, la bendición del fuego nuevo y el encendido solemne del Cirio Pascual. Estos elementos tienen un propósito teológico claro: significar que Cristo es la Luz verdadera que disipa las tinieblas del mundo y del pecado. Si este rito fundacional se lleva a cabo bajo la luz del día, el potente simbolismo de la luz que emerge de la oscuridad se vuelve irrelevante y, en palabras del padre Ramírez, pierde su autenticidad y poder de transformación. La oscuridad se convierte así en un lienzo indispensable para que la luz de Cristo resplandezca con todo su significado.

El segundo argumento se centra en el **carácter escatológico y de espera**. Una vigilia es, por definición, una vela o una espera que se realiza durante la noche. La Iglesia, en este contexto, se presenta como la esposa que, en profunda expectación, aguarda el glorioso regreso de su Señor, simbolizado en la Resurrección de Cristo. Al adelantar la hora de la celebración, se diluye esta crucial noción de espera y anticipación. La Vigilia se reduce entonces a un acto litúrgico más, privando a los creyentes de la oportunidad de experimentar plenamente el misterioso tránsito del Señor de la muerte a la vida, una experiencia que se profundiza en el silencio y la expectación nocturna.

La tercera razón invoca la **memoria histórica del Éxodo**. La Vigilia Pascual no solo celebra un evento futuro sino que también rememora la noche de la verdadera liberación, el paso de Israel de la esclavitud a la libertad, un viaje en el desierto guiado por una columna de fuego en la oscuridad. Celebrar la Pascua de Noche vincula sacramentalmente a los fieles de hoy con esa “noche histórica” en la que Cristo, rompiendo las cadenas de la muerte, ascendió victorioso del abismo del sepulcro. Es un recordatorio palpable de que la salvación se forjó en las profundidades de la oscuridad antes del amanecer de una nueva era.

Finalmente, el padre Ramírez subraya la **centralidad del Misterio Pascual**. El Triduo Pascual —que comprende el Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo con la Vigilia— es el centro y el culmen de todo el año litúrgico cristiano. Reducir la Vigilia a una misa vespertina por simple comodidad o logística refleja, a menudo, una formación insuficiente o una comprensión incompleta de la trascendencia del Misterio Pascual como eje de la vida de fe. Las normativas litúrgicas vigentes son explícitas al reprobar el abuso de celebrar la Vigilia a la misma hora en que habitualmente se ofician las misas vespertinas de los sábados.

El sacerdote colombiano reconoce que invocar la inseguridad ciudadana o las dificultades logísticas de los fieles son argumentos comprensibles para justificar el adelanto del horario. Sin embargo, recuerda que la antigua Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (ahora Dicasterio) ha señalado que “estos argumentos a menudo no se aplican a otras reuniones sociales o incluso a la misa de medianoche en Navidad”. Esto sugiere que la voluntad y la catequesis pueden superar muchos de estos obstáculos.

Ante este panorama, el padre Ramírez propone soluciones prácticas para asegurar una observancia adecuada de la Vigilia. Entre ellas, aconseja agrupar a varias comunidades en una única iglesia principal, lo que permitiría “asegurar una celebración plena, festiva y estrictamente nocturna” con mayor solemnidad y seguridad. Además, insiste en la crucial necesidad de “instruir a los fieles sobre la naturaleza peculiar del Sábado Santo y la noche de Pascua”. Es fundamental que los creyentes comprendan que participar en la Vigilia no es meramente “el último acto del sábado”, sino el glorioso y anticipatorio inicio del Domingo de Resurrección, la verdadera celebración de la victoria de Cristo sobre la muerte.

En su mensaje final, el padre Ramírez reitera que la recuperación del horario nocturno de la Vigilia Pascual es esencial. Solo en la penumbra de la noche, el exultante anuncio del “Aleluya” y el fulgor del Cirio Pascual adquieren toda su capacidad para conmover y transformar el corazón de los creyentes, permitiéndoles experimentar en plenitud el Misterio de la Resurrección.

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos