2 abril, 2026

El Papa León XIV marcó el inicio del Triduo Pascual de su pontificado este Jueves Santo de 2026, presidiendo la solemne Misa de la Cena del Señor en la Basílica de San Juan de Letrán. Durante esta liturgia, el Pontífice llevó a cabo el rito del lavado de pies a doce sacerdotes, diferenciándose de su predecesor Francisco, quien solía realizar esta acción simbólica con personas recluidas en prisiones. Este acto inaugural subraya una particularidad en la aproximación del actual obispo de Roma a las ceremonias de Semana Santa, enfatizando el ministerio sacerdotal desde el inicio de sus solemnes celebraciones.

La Misa, que conmemora la institución de la Eucaristía y el sacerdocio, contó con la concelebración de destacadas figuras de la Curia Romana, incluidos los cardenales Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, y Leonardo Sandri, prefecto emérito del Dicasterio para las Iglesias Orientales. Un detalle significativo en la elección de los participantes fue que once de los doce sacerdotes a quienes el Santo Padre lavó los pies habían sido ordenados presbíteros por el propio León XIV apenas un año antes, el 31 de mayo de 2025. Este hecho añadió un matiz personal y pastoral al gesto de servicio del Papa.

Tras su homilía, el Papa León XIV replicó la acción de Jesucristo al lavar los pies de sus apóstoles. En su reflexión, el Pontífice enfatizó que este acto de humildad “desmontó los criterios mundanos” que con frecuencia distorsionan la conciencia humana. “Lo que el Señor nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho más que un modelo moral”, afirmó León. “De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelación de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible. Al asumir la condición de siervo, el Hijo revela la gloria del Padre, desmontando los criterios mundanos que ensucian nuestra conciencia”, explicó el Santo Padre, destacando la profunda teología detrás del rito.

León XIV también hizo referencia a la inicial resistencia de Pedro a que su Maestro le lavara los pies, comparando esta vacilación con la dificultad humana de aceptar la humildad divina. Recordó palabras atribuidas a Benedicto XIV en el Jueves Santo de 2008, que nos instan a “aprender continuamente que la grandeza de Dios es diversa de nuestra idea de grandeza; […] porque sistemáticamente deseamos un Dios de éxito y no de pasión”. El Pontífice actual advirtió sobre la constante tentación de buscar “un Dios que ‘nos sirva’, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder”. “En cambio”, precisó León, “no comprendemos que Dios, en efecto, nos sirve con el gesto gratuito y humilde de lavar los pies: he aquí la omnipotencia de Dios. Así se cumple la voluntad de dedicar la vida a quien, sin este don, no puede existir. El Señor se arrodilla para lavar al hombre, por amor a él. Y el don divino nos transforma”. Estas palabras resonaron en la basílica, invitando a una profunda introspección sobre el servicio cristiano.

El Obispo de Roma prosiguió su alocución, explicando cómo con este gesto, Jesús no solo purifica las “idolatrías y blasfemias” que han manchado la imagen que la humanidad se ha forjado de Dios, sino que también reforma nuestra propia concepción del ser humano. Contrariamente a la noción de que el poder radica en el dominio o la grandeza en el temor, Cristo ofrece un paradigma radicalmente distinto. León XIV enfatizó que “Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos da, en cambio, un ejemplo de entrega, de servicio y de amor”. Esta visión redefine el poder y la autoridad desde una perspectiva evangélica, centrada en la generosidad desinteresada.

Antes de concluir su meditación, el Papa León abordó la institución de la Eucaristía y del Orden sagrado, dos sacramentos intrínsecamente ligados a la conmemoración del Jueves Santo. “El vínculo intrínseco entre los dos sacramentos representa la entrega perfecta de Jesús, Sumo Sacerdote y Eucaristía viva por los siglos”, afirmó. En este contexto, el Papa León XIV calificó el Jueves Santo como “un día de ardiente gratitud y de auténtica fraternidad”, instando a los fieles a reflexionar sobre estos pilares fundamentales de la fe católica.

Concluyendo su mensaje, el Santo Padre hizo un llamado a la comunidad: “la adoración eucarística de esta noche, en cada parroquia y comunidad, sea un momento para contemplar el gesto de Jesús, arrodillándonos como Él lo hizo, y pidiendo la fuerza para imitarlo en el servicio con el mismo amor”. Esta invitación a la oración y la imitación de Cristo resonó como una guía para la vivencia del Triduo Pascual, periodo central de la fe cristiana.

Una vez finalizada la emotiva Misa de la Cena del Señor, el Papa León XIV, acompañado por cardenales y obispos concelebrantes, encabezó la procesión del Santísimo Sacramento. La custodia fue solemnemente trasladada a la Capilla de la Reposición, dentro de la misma basílica. Allí, el Cuerpo de Cristo quedaría expuesto para la adoración de los fieles, quienes, a lo largo de la noche, tendrían la oportunidad de velar y meditar en el misterio de la entrega de Jesús, cerrando así la primera parte de las celebraciones del Jueves Santo bajo el liderazgo del Pontífice León XIV.

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