El Jueves Santo de 2026, el papa León XIV presidió la Misa de la Cena del Señor en la Basílica de San Juan de Letrán. Durante la liturgia, el Pontífice replicó el lavatorio de pies con doce sacerdotes, un gesto que emula la humildad de Jesús con sus apóstoles. En su homilía, el Papa León invitó a los fieles a involucrarse activamente en el misterio del amor divino que da inicio al Triduo Santo, el camino hacia la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
León XIV explicó que esta liturgia solemne es una invitación a participar de un banquete donde el pan y el vino se convierten en Sacramento de salvación. Citando el Evangelio de Juan (13,1), el Pontífice enfatizó que Cristo “había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Este amor incondicional, puntualizó León, se manifiesta como un gesto y alimento para todos, revelando la justicia de Dios incluso donde el mal parece prevalecer con mayor fuerza en el mundo. El amor de Cristo, en la Cena, se convierte en la revelación definitiva de la justicia divina.
El Santo Padre profundizó en el lavatorio de pies, un acto de Jesús con sus discípulos e indisoluble de la Eucaristía. “Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”, recordó el Papa León (Jn 13,15). Para el Pontífice, este gesto es más que un modelo moral; es una ‘upódeigma’, una forma de vida que resume la revelación de Dios y la memoria inconfundible del Verbo hecho carne. Al asumir la condición de siervo, Cristo desmantela los criterios mundanos que nublan la conciencia humana, mostrando la verdadera gloria del Padre. El lavatorio de pies, por tanto, es un signo ejemplar de la encarnación y de la naturaleza del amor divino.
León XIV señaló la resistencia humana ante tal humildad, reflejada en la sorpresa de los apóstoles y la negativa inicial de Pedro. “Siempre estamos tentados a buscar un Dios que “nos sirva”, que nos haga ganar, útil como el dinero y el poder”, afirmó el Pontífice. El Papa actual rememoró las palabras del papa Benedicto XVI, quien en una homilía de 2008 reconocía la tendencia a desear “un Dios de éxito y no de pasión”. En contraste, León XIV subrayó que la omnipotencia divina se manifiesta precisamente en el gesto gratuito y humilde de lavar los pies, en una entrega total de vida. Es la expresión de una voluntad que se dedica a quien, sin este don, no podría existir.
El gesto de Jesús purifica idolatrías y falsas imágenes de Dios, transformando nuestra percepción del ser humano. Frente a la concepción mundana de poder por dominio o violencia, Cristo ofrece un ejemplo de entrega, servicio y amor genuino. León XIV destacó que no se trata de nuestra incapacidad de amar, sino de la necesidad de educarnos y educar a otros en un amor auténtico, imprimiendo el “Signo” de Jesús en la historia del mundo, una tarea de por vida. Este criterio auténtico, el “Maestro y Señor” (Jn 13,13), se manifiesta en la noche de la traición y la oscuridad, para dejar claro que el amor divino es incondicional, precede a nuestra bondad y nos purifica por su misericordia.
El Papa León invitó a los fieles a aprender de Jesús este servicio recíproco: “Ustedes también deben lavarse los pies unos a otros” (Jn 13,14). En este contexto, el Pontífice evocó una homilía del papa Francisco de 2013, donde este enfatizaba: “Es un deber que viene del corazón: lo amo. Amo esto y amo hacerlo porque el Señor así me lo ha enseñado”. Esta no es una orden abstracta, explicó León XIV, sino la expresión del fervor y la caridad de Cristo que deben inspirar la nuestra. El ejemplo de Jesús no se imita por conveniencia o hipocresía, sino solo por amor verdadero. Dejar que el Señor nos sirva es la condición para servir a los demás.
Aceptar ser servido por el Señor es la condición fundamental para servir como Él. “Si yo no te lavo”, dijo Jesús a Pedro, “no podrás compartir mi suerte” (Jn 13,8). El Papa León subrayó que no acoger a Cristo como siervo impide creer y seguirlo. Al purificar nuestra carne, Jesús purifica nuestra alma, ofreciendo el ejemplo de cómo se libera, se da vida, en lugar de dominar o destruir. Ante una humanidad a menudo abatida por la brutalidad y el egoísmo, el Pontífice instó a postrarse como hermanos y hermanas de los oprimidos, siguiendo el camino del Señor y haciendo realidad lo escuchado en el Éxodo: “Este será para ustedes un día memorable”.
Este Jueves Santo, donde la historia bíblica converge en Jesús como el Cordero pascual, conmemora también la institución de la Eucaristía y del Orden sagrado. León XIV destacó el vínculo intrínseco entre ambos, que representan la entrega perfecta de Jesús como Sumo Sacerdote y Eucaristía viva. En el pan y el vino consagrados, citó el Concilio Vaticano II, se halla el “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual”. Para obispos y presbíteros, constituidos “sacerdotes del Nuevo Testamento”, reside el signo de su caridad hacia el Pueblo de Dios, al que están llamados a servir. El Papa León concluyó invitando a la adoración eucarística nocturna en cada parroquia y comunidad, como un momento para contemplar el gesto de Jesús, arrodillarse como Él lo hizo y pedir fuerza para imitar su servicio con el mismo amor.








