Más de medio siglo después de que la humanidad pisara la Luna por última vez, una nueva y ambiciosa era de exploración espacial ha comenzado. El pasado 1 de abril de 2026, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) lanzó con éxito la misión Artemis II desde el Complejo de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy en Florida, marcando un día histórico para Estados Unidos y el esfuerzo global por retornar al espacio profundo. Cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— se embarcaron en un viaje pionero alrededor de nuestro satélite natural, a bordo del imponente cohete Space Launch System (SLS) y la nave espacial Orion.
La expectación era palpable en los centros de control y entre la comunidad científica. Jonathan Lunine, destacado científico jefe del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y vicepresidente fundador de la Society of Catholic Scientists, articuló el sentir general en una entrevista con EWTN News Nightly: “El sentimiento es realmente tangible: ahora Estados Unidos está en camino de regresar a la Luna después de más de cinco décadas de espera y planificación”. La misión Artemis II, de una duración prevista de diez días, llevará a su tripulación más allá de la órbita lunar, superando incluso la distancia alcanzada por cualquier ser humano en misiones anteriores, incluido el célebre programa Apolo, antes de su regreso a la Tierra.
Este vuelo inaugural tripulado del cohete SLS y la nave Orion es crucial, pues ambos sistemas han sido diseñados con tecnología de vanguardia para soportar futuras misiones a la superficie lunar y, en última instancia, prepararse para la exploración tripulada de Marte. El programa Artemis de la NASA establece una hoja de ruta progresiva para la exploración lunar, con el objetivo de “enviar astronautas en misiones cada vez más complejas para explorar más de la Luna con fines de descubrimiento científico, beneficios económicos y para construir la base de las primeras misiones tripuladas a Marte”, según la propia agencia.
Lunine enfatizó la magnitud del desafío tecnológico: “Estados Unidos no ha regresado a la Luna, y ningún país ha ido a la Luna desde 1972. Así que esto implica desarrollar hardware completamente nuevo con las tecnologías actuales para construir un programa lunar estadounidense que sea duradero”. Las imágenes previas al lanzamiento mostraron a los astronautas Wiseman, Glover, Koch y Hansen colocando sus insignias de misión en la puerta exterior del Edificio de Operaciones y Verificación Neil A. Armstrong, en el Centro Espacial Kennedy, una tradición que simboliza la culminación de su preparación y cuarentena.
Muchos observadores han comparado Artemis II con la misión Apolo 8 de 1968, que también orbitó la Luna sin aterrizar. Sin embargo, Lunine se apresuró a aclarar que “esto no es como el Apolo”. Subrayó que, a diferencia de la misión Apolo, cuyo enfoque principal era llegar a la Luna, Artemis II es el preludio de una “permanencia de Estados Unidos en la Luna y de una presencia a largo plazo allí”. Esto requiere el desarrollo de tecnologías y sistemas capaces de transportar tanto astronautas como grandes cantidades de carga al satélite.
A pesar de las diferencias en sus objetivos a largo plazo, Apolo 8 y Artemis II comparten similitudes en su propósito inmediato: ambas misiones fueron diseñadas como vuelos de prueba críticos para perfeccionar los sistemas necesarios para futuras incursiones lunares. El éxito de Apolo 8 allanó el camino para el histórico alunizaje del Apolo 11 tan solo siete meses después. De manera análoga, se espera que Artemis II prepare el terreno para Artemis III, una misión que pondrá a prueba las capacidades de acoplamiento entre la nave Orion y los módulos de aterrizaje comerciales que llevarán a los astronautas a la superficie lunar. “La idea es probar todos los sistemas necesarios para llevar astronautas a la Luna en un alunizaje, ojalá en un par de años”, detalló Lunine.
Curiosamente, ambas misiones también comparten una coincidencia no planificada: la presencia de astronautas en el espacio durante importantes festividades cristianas. Apolo 8 viajó del 21 al 27 de diciembre de 1968, coincidiendo con la Nochebuena y la Navidad, y sus astronautas leyeron el Libro del Génesis en la que fue entonces la transmisión televisiva más vista de la historia. Ahora, la tripulación de Artemis II y el cohete se encontrarán en el espacio durante la celebración de la Pascua, vinculando una vez más la exploración humana con momentos de reflexión espiritual.
La tripulación de Artemis II, compuesta por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen, ha hecho historia de múltiples maneras. Wiseman, Glover y Koch cuentan con más de una década de experiencia como astronautas de la NASA, mientras que Hansen se distingue como el primer canadiense en liderar una clase de astronautas de la agencia espacial estadounidense. Victor Glover, de 49 años, se convierte en el primer astronauta negro en viajar a la Luna, Christina Koch en la primera mujer y Jeremy Hansen en el primer canadiense en participar en una misión lunar.
Durante una rueda de prensa previa al lanzamiento, Glover enfatizó la trascendencia de la misión más allá de estos hitos individuales, describiéndola como una “historia de la humanidad”. Si bien reconoció la importancia de que niños y niñas de diversos orígenes puedan verse reflejados en los astronautas, expresó su esperanza de que, con el tiempo, estos “primeros” se conviertan simplemente en parte de la “historia humana” en su conjunto. “Se trata de la historia humana. Es la historia de la humanidad, no de la historia negra ni de la historia de las mujeres, sino de que se convierta en historia humana”, afirmó Glover, capturando el espíritu universal de la misión.
El entusiasmo y la bendición para esta audaz empresa se extendieron por todo el planeta. El exastronauta y católico Mike Hopkins, quien participó en el Congreso Eucarístico Nacional, envió un mensaje a la tripulación de Artemis que resonó con muchos: “Que Dios acompañe a Reid, Victor, Christina y Jeremy. En este momento llevan consigo las esperanzas y los sueños de todo un planeta”. Así, Artemis II no solo representa un salto tecnológico, sino también un poderoso símbolo de unidad y aspiración humana.








