3 abril, 2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirigió a la nación el 1 de abril de 2026, prometiendo una acción militar más enérgica contra Irán y desafiando los persistentes llamados a la paz y al diálogo emitidos por el papa León XIV y otros influyentes líderes de la jerarquía católica. El discurso presidencial, pronunciado desde la Casa Blanca, marcó el primer mensaje formal televisado de Trump a los ciudadanos desde el inicio del conflicto, que comenzó el 28 de febrero.

En una declaración contundente, Trump no escatimó en advertencias, llegando a afirmar: “Los vamos a hacer retroceder a la Edad de Piedra, donde pertenecen”, refiriéndose a las fuerzas iraníes. A pesar de esta retórica beligerante, el mandatario añadió que, “mientras tanto, las conversaciones continúan”, sugiriendo una compleja estrategia de presión y negociación simultánea. El presidente aseguró que las fuerzas armadas estadounidenses estaban “en camino de completar todos los objetivos militares de Estados Unidos en breve, muy pronto”. Sin embargo, esta afirmación estuvo acompañada de una nueva amenaza de intensificación, al señalar que tiene la intención de “atacarlos con contundencia en las próximas dos o tres semanas” si no se alcanza un acuerdo.

Las advertencias del presidente Trump no se detuvieron ahí. Detalló que, en ausencia de un compromiso, “tenemos la vista puesta en objetivos clave” y amenazó directamente con golpear la infraestructura esencial de Irán. “Si no hay acuerdo, vamos a atacar con mucha fuerza todas y cada una de sus centrales eléctricas, probablemente de forma simultánea”, afirmó, subrayando la capacidad destructiva que Estados Unidos podría desplegar. Destacó que, hasta el momento, no se había atacado la infraestructura petrolera de Irán, a pesar de ser “el objetivo más fácil”, explicando que ello “no les daría ni la más mínima posibilidad de sobrevivir o reconstruirse”. Esta declaración implicaba una estrategia calculada para mantener cierta presión económica sin llegar a una aniquilación total de la capacidad iraní de recuperación.

El mandatario insistió en que los “objetivos estratégicos clave” del ejército estaban prácticamente cumplidos, y que las capacidades militares iraníes habían sufrido un deterioro significativo desde el inicio del conflicto. Más de un mes después de que comenzaran las hostilidades entre Estados Unidos e Israel contra Irán, Trump declaró con confianza: “Estamos muy cerca”.

En el ámbito marítimo, donde Irán ha continuado amenazando a las embarcaciones que transitan por el estratégico estrecho de Ormuz, el presidente Trump instó a la comunidad internacional a actuar. “Los países del mundo que reciben petróleo a través del estrecho de Ormuz deben proteger ese paso”, afirmó, y les exhortó a “apropiarse de él”, comprometiéndose a brindarles “ayuda” en esa labor. La importancia vital del estrecho para el suministro global de petróleo pone de manifiesto la dimensión internacional y las posibles repercusiones económicas del conflicto.

**El clamor por la paz de la Iglesia Católica**

En marcado contraste con la postura combativa de la Casa Blanca, el papa León XIV y la jerarquía eclesiástica han intensificado sus ruegos por la paz y el cese de la violencia. El arzobispo de Oklahoma City y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, monseñor Paul S. Coakley, emitió un comunicado oficial. En él, el arzobispo expresó su bienvenida a las señales que podrían indicar un pronto fin del conflicto, al tiempo que hizo un llamado inequívoco a un alto el fuego inmediato.

Monseñor Coakley alertó sobre los peligros inherentes a una prolongación de la contienda: “Cuanto más se prolongue el conflicto con Irán, incluyendo el riesgo de desplegar tropas terrestres en la región, mayor será el riesgo de una escalada dramática que podría desencadenar un conflicto regional aún mayor”, declaró. Sus palabras reflejan la profunda preocupación de la Iglesia por el potencial de desestabilización en una región ya volátil.

El líder episcopal también hizo referencia a una reciente homilía del papa León XIV durante el Domingo de Ramos, en la que el Santo Padre proclamó a Cristo como el “Rey de la Paz”, enfatizando su rechazo a toda forma de guerra. Citando directamente al Pontífice, monseñor Coakley afirmó: “El papa León XIV lo dejó claro: ‘Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificarla’”. Con estas palabras, el arzobispo alentó a los cristianos, renovados por la reciente celebración de la Pascua, a vivir plenamente su vocación como auténticos constructores de paz en un mundo inmerso en la violencia.

El 31 de marzo, el propio León XIV se había referido al conflicto en declaraciones a periodistas a las afueras de la villa papal de Castel Gandolfo. En esa ocasión, el Pontífice destacó la santidad de la temporada pascual: “La Pascua debería ser la época más santa y sagrada del año”, expresó.

Al ser consultado sobre las declaraciones del presidente Trump, el Papa señaló: “Me han dicho que el presidente Trump afirmó recientemente que le gustaría poner fin a la guerra”. Con una nota de esperanza, León añadió: “Ojalá esté buscando una salida. Ojalá esté buscando una manera de disminuir la violencia y los bombardeos, lo cual contribuiría significativamente a erradicar el odio que se está generando y que aumenta constantemente en Oriente Medio y en otros lugares”. Estas palabras del Santo Padre reflejan una ferviente oración por la reducción de las hostilidades y la búsqueda de caminos diplomáticos que pongan fin al sufrimiento y la animadversión que el conflicto está generando.

La comunidad internacional sigue atenta al desarrollo de los acontecimientos, con la tensión entre las amenazas de una mayor intervención militar y los urgentes llamados a la distensión que resuenan desde el Vaticano y otros actores globales.

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