En el corazón de Almogía, una pintoresca localidad malagueña, el taller del escultor José María Ruiz Montes se erige como un santuario de la creatividad. Allí, entre el aroma penetrante del barro húmedo y el yeso recién aplicado, y bajo el velo de polvo de lijado y virutas de madera, el imaginero da forma a la fe. Precisamente en un reciente Jueves Santo, Montes se encontraba inmerso en la labor de dar vida a las peanas que, con una ambiciosa imaginería angelical, están destinadas a la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza Coronada.
Este majestuoso conjunto escultórico, compuesto por ocho arcángeles de gran formato, que superarían el metro de altura si estuvieran erguidos, ha sido concebido para acompañar a las veneradas imágenes titulares del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza. Esta última es una de las devociones marianas más arraigadas en Andalucía, y su trascendencia se ha proyectado más allá de las fronteras españolas. La Virgen de la Esperanza fue, de hecho, una figura central en la Gran Procesión del Jubileo de las Cofradías, un evento histórico que se celebró en Roma el 17 de mayo de 2025. Bajo el pontificado del Papa León XIV, la imagen recorrió enclaves tan emblemáticos de la Ciudad Eterna como el Coliseo y el Circo Máximo, llevando la riqueza de la religiosidad popular andaluza al corazón mismo del Vaticano.
El proyecto de estas peanas, que combina orfebrería, escultura e iconografía cristiana tradicional, responde a un diseño integral de Javier Sánchez de los Reyes, sobre el cual Ruiz Montes plasma su visión artística de los ángeles, una tarea que exige una destreza técnica y conceptual extraordinarias. Según el escultor, estas obras no solo impresionan por su envergadura y potencia visual, sino también por la profundidad que aportan al discurso artístico y devocional del conjunto.
Además de este encargo para la cofradía malagueña, José María Ruiz Montes distribuye sus jornadas entre otros importantes proyectos. En la actualidad, trabaja en la fase final de un Cristo Crucificado bajo la advocación de La Clemencia, que será destinado a la iglesia de la Trinidad en Priego de Córdoba, y en un Sagrado Corazón para la localidad malagueña de Los Boliches. Estas obras son un testimonio vivo de la vitalidad de la imaginería religiosa, una tradición artesanal profundamente enraizada en la cultura española y esencial para la celebración de la Semana Santa.
La trayectoria de Ruiz Montes está intrínsecamente ligada a la Semana Santa. Su conexión con el arte sacro comenzó en la infancia. Mientras otros niños optaban por el ocio digital, él se sentía irresistiblemente atraído por las procesiones, recreándolas con figuras que, con el tiempo, le resultaron insuficientes para expresar la magnitud de lo que intuía. Fue su madre quien, al llevarlo asiduamente a iglesias y misas, terminó de encauzar esa sensibilidad precoz hacia el mundo de la imaginería. “Era un misterio que me atraía, diferente a lo cotidiano, y eso fue la semilla de mi vocación”, confiesa el artista.
Su talento germinó primero a través del dibujo y la pintura, disciplinas que cultivó desde muy joven. En aquellos tiempos de exploración artística, recuerda la imagen constante de su madre modelando barro en casa, una influencia que, junto a la fe, fue decisiva en su formación personal y artística. De sus manos han surgido tallas de profunda belleza, como el Cristo de la Misericordia para culto interno, el Cristo de la Flagelación, el trono de la Redención o la Dolorosa de Gamarra, piezas que revelan un lenguaje propio, caracterizado por un equilibrio entre la serenidad formal y una intensa emoción contenida.
Ruiz Montes establece una clara distinción entre la escultura civil y la imaginería devocional. Esta última, enfatiza, no puede limitarse a la estética, sino que debe ser un catalizador para la oración y el recogimiento. “El arte sacro posee un mensaje y una profundidad que comunica la trascendencia, y cuanto más te sumerges en ella, más la sientes. Eso no lo encuentras en otro tipo de temática”, explica el imaginero. Para él, la fe del creador no es un mero añadido, sino una condición casi indispensable para que la obra alcance una verdadera hondura espiritual. “Si no crees en lo que haces, no tienes el privilegio de llegar al fondo del misterio”, afirma con convicción.
La labor del imaginero exige, además, un conocimiento riguroso de los Evangelios, los santorales y la Historia del Arte, disciplinas que, en su visión, están íntimamente entrelazadas. El escultor subraya cómo la historia del arte está directamente ligada a la Sagrada Escritura, revelando la profundidad espiritual de cada mensaje y simbolismo. A partir de este estudio, Ruiz Montes interpreta las escenas con su lenguaje personal, sin descartar que, en ocasiones, incluso el desconocimiento pueda generar “cosas muy frescas” y de una fuerza expresiva inesperada.
Su particular proceso creativo se inicia siempre en la lectura y la investigación. Luego, plasma sus ideas en bocetos y dibujos, dejando que el tema vaya tomando forma. De estos apuntes surgen esquemas más definidos que, posteriormente, se materializan en estudios tridimensionales, como maquetas o modelos a escala, antes de la ejecución definitiva. El artista se define a sí mismo como un artesano al servicio de la belleza y del espíritu, creando Cristos de anatomías serenas y Vírgenes de ternura infinita, figuras que, pese a su aparente inmovilidad, encierran una intensa vida interior.
“Me siento como un instrumento de Dios cuando creo con mis manos”, confiesa el escultor. Antes de cada nueva obra, eleva una oración: “Le pido que mis manos puedan plasmarle a través de la madera, del barro, del lápiz o la pintura”. Para Ruiz Montes, su trabajo es una forma cotidiana de oración y despojamiento personal, en la que el artista busca desaparecer para que la obra trascienda y perdure más allá de su propia figura.
La relevancia de su obra ha trascendido las fronteras de su taller, llegando hasta el Vaticano. Recientemente, José María Ruiz Montes estuvo en Roma, donde no solo participó en el acto de toma de posesión del rey Felipe VI como protocanónico en la Basílica de Santa María la Mayor, sino que también tuvo un encuentro especial. En la Embajada de España ante la Santa Sede, por cierto, se exhibe un busto en bronce del monarca español, realizado por Ruiz Montes en 2021.
La semana pasada, el imaginero malagueño tuvo la oportunidad de saludar al Papa León XIV durante una Audiencia General celebrada el 25 de marzo. El Santo Padre bendijo una fotografía del Cristo del Perdón, una de las obras más destacadas del escultor, que se venera en la parroquia de la Virgen de Gracia en Puertollano, Ciudad Real. “Para mí es algo muy importante, como una bendición a mi trabajo y a mi vocación”, concluye emocionado. Este encuentro con el Pontífice actual se suma a una experiencia previa, cuando en 2015, con motivo de la bendición de su matrimonio y coincidiendo con el Año de la Misericordia, conoció personalmente al Papa Francisco, quien en aquel entonces ocupaba la Sede de Pedro. Aquella fue una época en la que Ruiz Montes esculpió su reconocido Cristo de la Misericordia, hoy venerado en San Miguel de Miramar, en Málaga.








