9 abril, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV hizo un enérgico llamado a la conversión del corazón y a la búsqueda de la paz global este domingo, durante la celebración de la Pascua de Resurrección. Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el Pontífice anunció la convocatoria de una vigilia de oración por la paz, programada para el próximo sábado 11 de abril en el mismo lugar sagrado.

Ante miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, y a millones que seguían el mensaje a través de diversos medios, el Santo Padre impartió la tradicional bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo). En su mensaje, León XIV exhortó a la humanidad a abrazar la paz de Cristo, una paz que, según sus palabras, debe resonar desde lo más profundo del ser. “¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!”, clamó el Pontífice.

León XIV instó a los creyentes a vivir la Pascua como una oportunidad para la reconciliación, dejando atrás las disputas y ambiciones personales que a menudo siembran división. “En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal”, aseveró el Papa. Recordó que la verdadera paz cristiana trasciende la mera ausencia de conflictos armados; va más allá de “silenciar las armas” para “tocar y transformar el corazón de cada uno de nosotros”.

En un momento de su alocución, el Papa dirigió un firme y directo llamamiento a los líderes políticos y militares de todo el mundo. “¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!”, exclamó, subrayando la responsabilidad de quienes ostentan el poder en la construcción de un futuro de concordia.

Durante su mensaje, el Papa estuvo acompañado en el balcón por el Cardenal albanés Ernest Simoni, de 97 años, una figura venerada como mártir viviente debido a la brutal persecución comunista que sufrió en Albania bajo el régimen de Enver Hoxha. Como ya es tradición en fechas significativas como la Navidad, el Pontífice dirigió saludos de Pascua en diversos idiomas, incluyendo chino, árabe, español y portugués, mostrando la universalidad de su mensaje.

Tras la bendición Urbi et Orbi, una ceremonia que León XIV imparte dos veces al año (al concluir la Semana Santa y en Navidad), el Pontífice reafirmó su visión de una paz que no debe ser “impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”. Hizo hincapié en que esta paz se funda “no con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”, una declaración que resonó entre los más de 50.000 fieles congregados.

A diferencia de los pontificados anteriores, donde el Papa Francisco solía detallar los conflictos específicos alrededor del mundo en su bendición de Pascua, León XIV optó en esta ocasión por un tono más sobrio y un perfil más bajo. Evitó la mención explícita de guerras o líderes concretos, centrando su discurso en la raíz espiritual y humana del conflicto y la paz. Sin embargo, no dejó de advertir con vehemencia contra el peligro de la indiferencia ante el sufrimiento humano. “Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos”, denunció el Pontífice.

León XIV también alertó sobre una creciente “globalización de la indiferencia”, una expresión que evocó el frecuente uso que hacía de ella el Papa Francisco, a quien recordó con notable afecto. “Hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: ‘Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo'”, citó León XIV, refiriéndose al último mensaje Urbi et Orbi de Francisco, pronunciado el 20 de abril de 2025, un día antes de su fallecimiento.

El Papa actual profundizó en el significado teológico de la Pascua, describiéndola como la “victoria” de la vida sobre la muerte y del amor sobre el odio. Explicó que, a lo largo de los siglos, “la Iglesia canta con júbilo el acontecimiento que es el origen y el fundamento de su fe”. En su alocución, el Santo Padre enfatizó que “la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta”. Comparó esta fuerza con “la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada”. La relacionó con la capacidad del corazón humano de “rechazar el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido”.

Jesús, remarcó León XIV, “recorrió hasta el final el camino del diálogo, no sólo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó morir a manos de sus verdugos en la cruz”. Ante la Resurrección de Cristo, que definió como “el comienzo de la nueva humanidad”, el Pontífice describió las posibles actitudes frente al sepulcro vacío. “Podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado”, afirmó.

“Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!”, advirtió León XIV, haciendo un llamado a la acción consciente y a la esperanza. Finalizó citando a san Agustín, quien enseñó en uno de sus sermones: “Si el morir te causa espanto, ama la resurrección”. El Papa animó a los fieles a amar la Resurrección, “que nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado”.

Con esta significativa bendición Urbi et Orbi, el Papa León XIV concluyó la que ha sido su primera Semana Santa como cabeza de la Iglesia Católica, un evento cargado de simbolismo y un claro mensaje de paz. En contraste, un año antes, en 2025, esta misma ceremonia marcó la última aparición pública del Papa Francisco, un día antes de su fallecimiento el 21 de abril.

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