Desde la serena Villa Pontificia de Castel Gandolfo, el Papa León XIV lanzó el 7 de abril de 2026 un contundente y renovado llamado a detener la confrontación bélica y a retomar con urgencia el camino del diálogo. Su mensaje, pronunciado en un contexto de creciente tensión entre Estados Unidos e Irán, posiciona al Pontífice como una de las principales voces morales a nivel global, instando a la moderación y la responsabilidad ante una escalada retórica impulsada desde el liderazgo estadounidense.
El Santo Padre, el primer Papa nacido en Estados Unidos, no solo exhortó a sus compatriotas a ejercer presión sobre sus representantes electos para que prioricen la paz, sino que calificó de “absolutamente inaceptables” las recientes amenazas de aniquilar la civilización iraní. Estas declaraciones papales cobraron especial relevancia al conocerse que, ese mismo día, el presidente Donald Trump había afirmado en redes sociales que si Irán no reabría el estratégico estrecho de Ormuz, se enfrentaría a la “aniquilación de toda su civilización”.
El Pontífice fue explícito al señalar que los ataques dirigidos a la infraestructura civil contravienen directamente el derecho internacional, constituyendo además un doloroso reflejo del odio, la división y la capacidad destructiva inherente al ser humano. “Todos anhelamos la paz. La gente desea la paz”, afirmó León XIV, instando a los ciudadanos de todas las naciones involucradas a comunicarse con sus líderes políticos, autoridades y legisladores para exigirles un compromiso firme con la resolución pacífica de los conflictos.
Dirigiéndose a los fieles en italiano, el Papa León expresó su profunda consternación: “Hoy, como todos sabemos, se ha proferido esta amenaza contra todo el pueblo de Irán, y esto es verdaderamente inaceptable. Debemos regresar al diálogo. Los problemas deben resolverse sin llegar a estos extremos, y sin embargo, aquí estamos”. Profundizó su mensaje con una invitación a la acción, tanto espiritual como cívica: “Es necesario rezar mucho. Invito a todos a la oración, pero también a buscar formas de comunicación, quizás con los miembros del Congreso y con las autoridades, para expresar que no deseamos la guerra, sino la paz. Somos un pueblo que ama la paz y hay una enorme necesidad de paz en el mundo”.
Estas declaraciones se alinean con la postura que el Papa ha mantenido consistentemente. Recordó su reciente mensaje Urbi et Orbi, donde ya había instado a “rechazar la guerra, que muchos han calificado de injusta, que sigue escalando y no resuelve nada”. El Pontífice no dejó de señalar las repercusiones globales de la confrontación, advirtiendo sobre una crisis económica mundial, una crisis energética y una profunda inestabilidad en Oriente Medio que solo consigue exacerbar el odio en todo el planeta.
El Papa León habló con los representantes de la prensa fuera de la residencia papal de Castel Gandolfo antes de su regreso a Roma, tras una jornada en este enclave histórico. Sus palabras, pronunciadas tanto en italiano como en inglés, resonaron con una autoridad moral indiscutible, aunque optó por no responder a las preguntas de los periodistas presentes. Su llamado fue claro y directo: “Volvamos a la mesa, hablemos, busquemos soluciones de manera pacífica, y recordemos especialmente a los inocentes: niños, ancianos, enfermos… tantas personas que ya se han convertido en víctimas de esta guerra que continúa”.
La condena de León XIV a la guerra no se limita a su impacto humano y geopolítico, sino que se extiende a una dimensión teológica. El Santo Padre ha rechazado de manera reiterada cualquier retórica que pretenda invocar a Dios para justificar la pérdida de vidas. “Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificarla”, afirmó en el Domingo de Ramos, subrayando la incompatibilidad de la fe con la violencia.
La preocupación del Pontífice ha sido secundada por líderes eclesiásticos en Estados Unidos. El mismo 7 de abril, el Arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, reiteró los llamados a la paz del Papa León y urgió al presidente Trump a evitar un conflicto armado con Irán, en un claro respaldo a la postura del Vaticano.
En su homilía de Pascua, el Papa León XIV había extendido su llamado a la paz a todo el orbe, exhortando a los cristianos a llevar la esperanza transformadora de la Resurrección a un mundo marcado por la guerra, la violencia y la injusticia. Su primer mensaje Urbi et Orbi de Pascua, pronunciado el 5 de abril, ya había sido un enérgico clamor por el cese de las hostilidades y la reanudación del diálogo. En un gesto adicional de su compromiso con la paz, el Papa presidirá una vigilia de oración especial el 11 de abril en la Basílica de San Pedro.
El Pontífice ha insistido en que la guerra es, fundamentalmente, un “fracaso moral” enraizado en el abuso de poder y la dominación, en contraposición al diálogo constructivo. Instó a aquellos que poseen armas a depuestas y a quienes detentan el poder a “elegir la paz, no una paz impuesta por la fuerza, sino una que surja a través del diálogo sincero”. Su mensaje pascual también contenía una severa advertencia sobre el riesgo de que el mundo se deslice hacia una “globalización de la indiferencia” frente al sufrimiento y la muerte que la guerra genera incesantemente.








