La capital peruana se volcó este Domingo de Resurrección en una multitudinaria muestra de fe y devoción. Miles de feligreses y visitantes se congregaron en el centro histórico de Lima para celebrar la victoria pascual, marcando el inicio de la octava de Pascua. La jornada culminó con el emotivo encuentro entre las veneradas imágenes del Cristo Resucitado y la Virgen de la Alegría, un acontecimiento de profunda significación espiritual y cultural para la metrópolis.
Desde las primeras horas del día, el fervor se palpaba en el ambiente. La imagen de la Virgen de la Alegría inició su recorrido desde el Monasterio de las Carmelitas Descalzas, ubicado en el Santuario Mariano Arquidiocesano de la Virgen del Carmen, rumbo a la imponente Catedral de Lima. Ataviada con un traje blanco y rosado, la figura mariana encarnaba el gozo pascual que caracteriza esta celebración. “Se la reviste con estos colores para manifestar la alegría compartida por la Madre de Dios en este día tan especial”, explicaron los organizadores de la procesión. La imagen, que habitualmente permanece en la clausura del monasterio, portaba una paloma blanca y un ramo de flores, símbolos de paz y nueva vida. Entre la multitud que la acompañaba, Rocío Guillén, una devota que viajó desde Barcelona, compartió su conmovedor testimonio: “Regreso a mi Perú después de cuatro años. Mi hijo tiene el honor de cargar a la Virgen, y me siento inmensamente agradecida por este milagro”.
El recorrido de la Virgen de la Alegría se realizó inicialmente sobre una plataforma móvil, pero en tramos clave fue cargada en hombros por los miembros de la Hermandad de la Virgen del Carmen, una institución con una historia que se remonta a su fundación en 1627. Uldarico Monti, presidente de la Hermandad, destacó el inmenso legado y el compromiso de su colectivo: “El próximo año celebraremos nuestros 400 años de existencia, una trayectoria que nos llena de orgullo. Actualmente, contamos con 1.500 hermanos dedicados a mantener viva esta tradición en Lima”.
Mientras tanto, en el interior de la majestuosa Catedral de Lima, la imagen del Cristo Resucitado aguardaba el encuentro con su Madre. Esta figura, que representa la victoria de la vida sobre la muerte, empuñaba una bandera blanca con la cruz, símbolo inequívoco de su triunfo pascual. El momento cumbre de la jornada llegó cuando las puertas del templo se abrieron, permitiendo al Cristo Resucitado emerger para encontrarse con la Virgen de la Alegría. La escena, cargada de una profunda emoción, provocó un murmullo de asombro y devoción entre los miles de asistentes, muchos de los cuales no pudieron contener las lágrimas ante la conmovedora representación del reencuentro de Madre e Hijo.
Tras el significativo encuentro, ambas imágenes ingresaron a la Catedral para participar en la Misa. La Eucaristía fue presidida por el Arzobispo de Lima, el Cardenal Carlos Castillo, quien en su homilía ofreció una profunda reflexión sobre el amor divino: “Lo verdaderamente importante aquí es que, al dejarnos amar por Dios, acogemos ese amor y aprendemos a amar como Él nos ama”. Con la solemnidad que ameritaba el día, el Cardenal Castillo también aprovechó la ocasión para exhortar a la prudencia a los ciudadanos peruanos, en referencia al contexto electoral que vivía el país. “Debemos tener mucho cuidado de no precipitarnos y cometer errores. Es fundamental pensar bien las cosas y observar con detenimiento”, aconsejó, haciendo un llamado a la reflexión cívica.
Al concluir la Misa, las imágenes del Cristo Resucitado y la Virgen de la Alegría salieron nuevamente en procesión, adentrándose en un verdadero “mar de fieles” que colmaba la histórica Plaza Mayor de Lima. Los alrededores de la plaza fueron escenario de una expresión artística y devocional paralela: un concurso de alfombras de flores organizado por la Municipalidad de Lima. Lesly Meneses, gerente de Desarrollo Económico de la Municipalidad Metropolitana de Lima, explicó el alcance y la popularidad de esta iniciativa: “Esta actividad se ha consolidado como parte de nuestra tradición anual. Este año, tenemos un promedio de 22 alfombras que embellecen el paso de nuestras imágenes”.
Meneses detalló que el propósito primordial de esta iniciativa es preservar y realzar una tradición religiosa que está profundamente arraigada en el tejido cultural de la ciudad. “Para nosotros es esencial contar siempre con el respaldo de las diversas entidades que celebran esta hermosa tradición de Semana Santa, la cual culmina en la gozosa celebración del Cristo Resucitado”, afirmó. En la elaboración de estas efímeras obras de arte participan activamente diversas instituciones tanto públicas como privadas, incluyendo municipios como San Isidro, la Policía Nacional del Perú y organizaciones como Prohvilla, que en esta edición presentó un diseño distintivo elaborado con totora, un material autóctono. El jurado de la competición evaluó cuidadosamente aspectos como el diseño, la originalidad y la integración de elementos tradicionales, como la palma, en una edición que también incorporó un concurso de palmas.
Las alfombras exhibieron una rica variedad de representaciones, desde escenas religiosas clásicas hasta interpretaciones de la creación. Azucena Colcas, funcionaria municipal y una de las participantes, describió su obra: “Hemos querido representar a Jesús en el parque, con el león y una cebra a su lado, evocando la creación del hombre y la naturaleza. ¿Qué mejor que en estas fechas Cristo esté dentro de nosotros, en la plenitud de su creación?”.
Fieles y turistas por igual expresaron su emoción ante la magnitud y el significado del evento. “Verlos juntos, a Cristo y a la Virgen, es un sentimiento que desborda pura emoción y dulzura en el alma”, comentó una de las asistentes, visiblemente conmovida. Otra devota añadió, con los ojos llenos de esperanza: “Yo tengo una fe inquebrantable en la Virgen, en el Señor Pascualito, y confío en que me aliviará de mis dolores”.
De esta manera, la ciudad de Lima marcó el inicio de la octava de Pascua con una imponente manifestación pública de fe, justo frente al Palacio de Gobierno. En un ambiente de recogimiento, esperanza y profunda devoción, la capital peruana reafirmó su compromiso con sus tradiciones, mientras los obispos del país continúan elevando sus oraciones por un Perú reconciliado y en paz, reflejando el espíritu de unidad que la Resurrección inspira en la nación.








