25 abril, 2026

El Papa León XIV ha reafirmado con contundencia la postura de la Iglesia Católica contra la pena de muerte, calificándola de “inadmisible”. Esta declaración fue parte de un mensaje de video enviado a la DePaul University en Chicago, donde se conmemoraron los 15 años de la abolición de la pena capital en el estado de Illinois, Estados Unidos. El Pontífice subrayó el compromiso inquebrantable de la Iglesia con la protección de la vida humana en todas sus etapas y su dignidad intrínseca.

En su intervención, difundida este viernes por la Oficina de Prensa del Vaticano, el Papa León enfatizó que “la Iglesia Católica ha enseñado siempre que toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, es sagrada y merece ser protegida. De hecho, el derecho a la vida es el fundamento mismo de todos los demás derechos humanos”. Esta declaración subraya la base teológica y moral que sustenta la oposición eclesial a la pena de muerte, al considerar la vida como un don inviolable de Dios.

El Santo Padre vinculó directamente la prosperidad social con el respeto por la vida, afirmando que “solo cuando una sociedad salvaguarda la santidad de la vida humana podrá florecer y prosperar”. Recordó además su discurso del 9 de enero al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, donde abordó el estado del mundo y la necesidad de priorizar la dignidad humana.

Citando el numeral 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, León XIV reiteró un principio fundamental: “la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de que se hayan cometido delitos muy graves”. El Pontífice argumentó que las sociedades modernas han desarrollado y pueden seguir perfeccionando “sistemas de detención eficaces que protejan a los ciudadanos y, al mismo tiempo, no priven por completo a los culpables de la posibilidad de redención”. Este punto es crucial, ya que aborda la preocupación por la seguridad pública sin sacrificar el valor inherente de la vida del delincuente o su potencial de rehabilitación.

**El legado de Francisco y la evolución de la enseñanza**

El mensaje del Papa León XIV no es una declaración aislada, sino una continuación y consolidación de una significativa evolución en la enseñanza de la Iglesia Católica. El Pontífice actual hizo referencia explícita al trabajo de sus predecesores, señalando: “el Papa Francisco y mis predecesores recientes insistieron repetidamente en que el bien común puede salvaguardarse y las exigencias de la justicia pueden satisfacerse sin recurrir a la pena capital”. Esta línea de pensamiento representa un consenso creciente dentro de la jerarquía eclesiástica contemporánea.

La reforma clave que sentó las bases para la declaración actual fue impulsada por el Papa Francisco en agosto de 2018. En esa fecha histórica, Francisco autorizó la modificación del numeral 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, declarando explícitamente la pena de muerte como “inadmisible” en cualquier circunstancia y solicitando su abolición universal. Esta enmienda marcó un punto de inflexión, ya que actualizó una enseñanza que, hasta entonces, había permitido la pena capital en casos muy limitados y como último recurso.

Antes de la modificación de Francisco, el Catecismo aprobado durante el pontificado del Papa San Juan Pablo II en 1992, si bien abogaba por evitar la pena de muerte siempre que fuera posible, no la excluía por completo. El texto anterior del numeral 2267 establecía que “la enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”. El cambio introducido por Francisco eliminó esta excepción, consolidando la postura de que la pena de muerte atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, independientemente de la gravedad del crimen.

**Un llamado global por la abolición**

Para concluir su mensaje, el Papa León XIV se unió a la celebración por la abolición de la pena de muerte en Illinois en 2011, un hito que el estado alcanzó mucho antes de la declaración global de “inadmisibilidad” por parte del Vaticano. El Santo Padre ofreció su “apoyo a quienes abogan por la abolición de la pena de muerte en los Estados Unidos de América y en todo el mundo”.

Este respaldo pontificio busca fortalecer los movimientos y organizaciones que trabajan incansablemente para erradicar la pena capital de los sistemas judiciales globales. La Iglesia, a través de la voz del Papa León, se posiciona como un actor fundamental en la defensa de la vida y la dignidad humana, instando a las naciones a adoptar alternativas que prioricen la rehabilitación, la justicia restaurativa y la protección social sin recurrir a una práctica que considera incompatible con los principios más elementales de la fe y la moral cristianas. La insistencia del Papa actual subraya la urgencia y la coherencia de este mensaje en el panorama ético y legal contemporáneo.

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