La solemnidad de Pentecostés, que la Iglesia celebra este domingo 24 de mayo, representa uno de los pilares de la fe cristiana, marcando el momento fundacional de la Iglesia y la expansión del mensaje evangélico por todo el mundo. El sacerdote y teólogo Eduardo Toraño, director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso (UESD), ha ofrecido una serie de reflexiones y orientaciones para preparar esta festividad, invitando a los fieles a una profunda apertura al Espíritu Santo.
En declaraciones a ACI Prensa, el Padre Toraño destacó que Pentecostés es mucho más que una conmemoración histórica; es “la actualización y vivencia de la experiencia que tuvieron los primeros discípulos que recibieron el Espíritu Santo”. Este evento supuso un cambio trascendental para los apóstoles, quienes, de estar recluidos por el miedo en el cenáculo, fueron impulsados a predicar el Evangelio sin temor, alcanzando todos los confines de la tierra. La venida del Espíritu Santo sobre el colegio apostólico y la Virgen María, al igual que el misterio de la encarnación de Cristo, marcó un “antes y un después” en la historia de la salvación, al inaugurar la era de la Iglesia y la difusión universal del Evangelio.
Para los cristianos de hoy, Pentecostés sigue siendo un momento privilegiado para experimentar una nueva efusión del Espíritu Santo, cuya gracia ya fue recibida en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación. El Padre Toraño subraya que, gracias a esta misma efusión durante la consagración en la Eucaristía, los fieles pueden recibir a Jesucristo en el pan transformado en su cuerpo y sangre, estableciendo una conexión íntima y continua con lo divino.
**Actitudes marianas para acoger al Espíritu**
A escasas semanas de la solemne celebración de esta fiesta, el teólogo de la UESD enfatiza la necesidad de una preparación espiritual profunda, inspirada en el modelo inigualable de la Virgen María. Sus actitudes fundamentales frente al misterio de la Encarnación, explica el Padre Toraño, ofrecen una hoja de ruta para que los fieles se dispongan a acoger plenamente la gracia del Espíritu Santo.
En primer lugar, la **docilidad** se presenta como la disposición a escuchar y obedecer la voz divina, abandonando preconcepciones para que la voluntad de Dios pueda manifestarse. La **apertura**, por su parte, invita a ensanchar el corazón y la mente, derribando muros de escepticismo o autosuficiencia para hacer espacio a lo nuevo y trascendente. La **obediencia** no se entiende aquí como una sumisión ciega, sino como la respuesta libre y amorosa a un llamado divino, confiando en la sabiduría superior del Creador. Finalmente, la **confianza** es la fe inquebrantable en que Dios cumple sus promesas, incluso ante lo incomprensible o lo humanamente imposible. Estas virtudes marianas, vividas por ella en el momento crucial de la Anunciación, son la clave para que cada cristiano pueda experimentar una renovada efusión del Paráclito.
**Claves prácticas para la preparación espiritual**
Además de cultivar estas actitudes marianas, el Padre Toraño propone varias acciones concretas para una preparación eficaz:
1. **Invocar al Espíritu Santo:** Recordando la promesa de Jesús: “Pedid y recibiréis”. El teólogo insiste en que, a diferencia de otras peticiones que pueden o no ser concedidas, la petición del Espíritu Santo tiene la promesa explícita de cumplimiento. Es un don garantizado para quienes lo buscan con sinceridad.
2. **La oración, personal y comunitaria:** Considerada fundamental, la oración debe ser un hábito constante. Se alienta a buscar “espacios y lugares donde poderse reunir para orar” o unirse a aquellos donde ya se realicen invocaciones regulares al Paráclito, fortaleciendo así la fe en comunidad.
3. **El cuidado de los sacramentos:** En particular, el Padre Toraño recomienda la asistencia diaria a la Eucaristía, destacándola como “una gran preparación” para recibir el Espíritu Santo. La participación activa en la liturgia y la recepción de la Comunión profundizan la unión con Cristo, haciendo que el corazón esté más receptivo a la acción del Espíritu.
**Conociendo los carismas del Espíritu Santo**
Pentecostés también es el momento en que los apóstoles recibieron los diversos dones del Espíritu Santo, que pueden clasificarse en santificantes (orientados al propio crecimiento espiritual y santificación personal) y carismáticos (destinados al beneficio de los demás y a la edificación de la Iglesia).
Para aquellos interesados en profundizar en el conocimiento de estos dones carismáticos, la UESD ha diseñado un curso especial que se impartirá tras la festividad de Pentecostés. Este programa ofrece la flexibilidad de seguirse de manera presencial, online o en diferido, adaptándose a las necesidades de los estudiantes.
El Padre Toraño explica la distinción teológica que Santo Tomás de Aquino hizo entre dos tipos de gracia: la *gratia gratum faciens* (gracia que nos hace gratos a Dios, correspondiente a los dones santificantes) y la *gratia gratis data* (gracia dada gratuitamente para el bien de los demás, que son los dones carismáticos o carismas).
A lo largo de sus cuatro sesiones, el curso abordará el significado profundo de los carismas, su diversidad (distinguiendo entre ordinarios y extraordinarios), su misión principal –”edificar la Iglesia y dar vida a los demás”– y, finalmente, cómo reconocerlos y discernirlos en la vida cristiana. La iniciativa de la UESD se alinea con la Constitución Dogmática sobre la Iglesia *Lumen gentium* del Concilio Vaticano II, que afirma que los carismas no son “algo del pasado, meramente, no es algo que sucedió en la Iglesia primitiva, como vemos en los Hechos de los apóstoles. Sigue sucediendo hoy, la Iglesia sigue siendo carismática”.
Este enfoque subraya la vitalidad y actualidad de los carismas en la Iglesia contemporánea. San Juan Pablo II también destacó la esencialidad de los carismas, afirmando que “carisma e institución son coesenciales. Los carismas y los ministerios son coesenciales. Por lo tanto, es un elemento esencial de la vida de la Iglesia”. Los carismas no son un aspecto accesorio, ni patrimonio exclusivo de unos pocos, sino que cada miembro de la Iglesia, por el bautismo, ha recibido dones del Espíritu Santo. Es fundamental conocerlos, cuidarlos y cultivarlos, ya que un carisma que no se ejercita corre el riesgo de extinguirse, privando a la comunidad y al propio individuo de su potencial transformador.








