Bojayá, Colombia – Veinticuatro años después de la devastadora masacre que enlutó a Bojayá, una comunidad en el departamento de Chocó, Colombia, la memoria de las víctimas fue honrada con la consagración de una custodia de profundo significado espiritual y simbólico. Este acto central marcó el aniversario de la tragedia ocurrida el 2 de mayo de 2002, reafirmando el imperativo de la paz y la defensa inquebrantable de la vida. La iniciativa, promovida por la oficina de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) en Colombia, articuló una emotiva “jornada de reconciliación y memoria en el Pacífico colombiano”.
La masacre de Bojayá se remonta al 2 de mayo de 2002. Durante un feroz enfrentamiento entre las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y grupos paramilitares, la población local buscó refugio en la iglesia de San Pablo Apóstol. Sin embargo, la violencia alcanzó su punto más brutal cuando los guerrilleros lanzaron un cilindro bomba dentro del templo, cobrando la vida de 119 personas: 71 adultos y 48 niños. Este trágico suceso permanece como una de las heridas más profundas en la historia reciente del conflicto armado colombiano.
Entre los escombros y el dolor indescriptible de aquel día, emergió una imagen de Jesús sin brazos ni piernas, un hallazgo que la comunidad bautizó como el “Cristo Mutilado”. Esta figura, que milagrosamente sobrevivió a la explosión, se convirtió en un potente símbolo no solo de la barbarie desatada, sino también de la resiliencia y la inextinguible necesidad de trabajar por la reconciliación en el país.
Dos décadas y media más tarde, la comunidad cuenta con una nueva custodia eucarística, una obra del orfebre artesano Francisco Javier Martínez Vargas, cuya forma evoca directamente al Cristo Mutilado. Esta pieza única, que alberga en su corazón el ostensorio para la hostia consagrada, fue posible gracias al apoyo de ACN. Su base, meticulosamente elaborada en alto relieve, rinde homenaje a las víctimas: 48 ángeles representan a los niños fallecidos, y 71 flores simbolizan a los adultos. La consagración de esta custodia tuvo lugar el pasado sábado, coincidiendo con el día exacto del aniversario.
Tras la ceremonia de consagración, la custodia emprendió un conmovedor recorrido. Fue llevada en procesión desde la iglesia de San Pablo Apóstol hasta Quibdó, la capital del Chocó, a donde llegó el 3 de mayo tras un viaje simbólico a través de las aguas del río Atrato. En Quibdó, el obispo local, monseñor Winston Mosquera Moreno, presidió un acto de adoración eucarística y una Misa especial. Durante su homilía, monseñor Mosquera Moreno enfatizó que esta conmemoración no es solo un recuerdo, sino una declaración contundente: “que nunca más la guerra debería asomarse a estos territorios y que como pueblo debemos poder vivir en paz”.
El prelado extendió un enérgico llamado a “rechazar y condenar toda violencia, todo tipo de vulneración de los derechos humanos por cuenta de los violentos y también por cuenta del Estado cuando no cumple con su deber de ser garante de derechos”. Subrayó la imperante necesidad de una valentía cívica, aludiendo al Apóstol Pablo, “para defender la vida y la paz, así como él defendió el anuncio de la palabra de Dios”. El obispo también honró la memoria de las más de cien víctimas, expresando que “gozan de esa presencia del Señor, dueño de la vida, e interceden por nosotros que continuamos en esta tierra trabajando por la paz y la fraternidad”. Es importante destacar que la iglesia de San Pablo Apóstol, escenario del horror, fue reconstruida con el apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada, lo que evidencia el compromiso de la organización con la comunidad de Bojayá.
La jornada de memoria y reconciliación también sirvió para visibilizar la cruda realidad de los cristianos perseguidos en otras latitudes del mundo. Durante el evento de adoración, ACN Colombia expuso tres objetos religiosos profanados que fueron traídos desde Medio Oriente para que los asistentes pudieran “verlos y comprender el sufrimiento de los fieles”. Entre estos se encontraban el cáliz de Qaraqosh, hallado con un orificio de bala entre los restos de la iglesia de la Inmaculada Concepción en la llanura de Nínive, Irak, destruida por el Estado Islámico en 2014; la cruz de Teleskuf, un crucifijo dañado de la Iglesia caldea de Tesqopa, Irak, también forzado durante la invasión de 2014; y la custodia de Bakhdeda, un fragmento de un ostensorio de Irak y Siria que conserva su estructura metálica y rayos rotos tras ataques a iglesias en 2016.
ACN recordó que, según su Informe sobre Libertad Religiosa 2025, la libertad de conciencia es un derecho gravemente vulnerado para casi dos tercios de la humanidad, lo que se traduce en más de 5.400 millones de personas que residen en 62 países donde este derecho es pisoteado. De estos, en 24 naciones la situación ha escalado a una persecución extrema. Adicionalmente, el informe destaca el preocupante deterioro de la seguridad pastoral en América Latina, evidenciado por el asesinato de líderes religiosos y misioneros entre 2023 y 2024. Así, la conmemoración de Bojayá no solo miró hacia el pasado y el presente local, sino que también elevó la voz por aquellos que sufren persecución religiosa a nivel global.








