La Arquidiócesis de León, en México, ha recibido un importante impulso pastoral con el nombramiento de dos nuevos obispos auxiliares, Monseñor Rubén de la Cruz Martínez y Monseñor Ramón Orozco Muñoz. La decisión, anunciada el 4 de mayo por el Papa León XIV, culmina un riguroso proceso que se extendió por aproximadamente dos años, según detalló el Arzobispo de León, Monseñor Jaime Calderón, en una rueda de prensa celebrada el 5 de mayo. Este procedimiento implicó exhaustivas consultas, discretas investigaciones y la aprobación final del Vaticano, reflejando el compromiso de la Santa Sede con el fortalecimiento de la atención pastoral en regiones de gran dinamismo demográfico y social.

Monseñor Calderón subrayó que la necesidad de contar con obispos auxiliares se hizo evidente poco después de su llegada a la sede arzobispal en 2024. Tras un recorrido inicial por el vasto territorio de la arquidiócesis, identificó una apremiante necesidad pastoral que demandaba una presencia episcopal más cercana y constante. La Arquidiócesis de León es una jurisdicción eclesiástica significativa, que, según los datos de su propio sitio web, atiende a una feligresía de más de dos millones de católicos, distribuidos en 136 templos parroquiales y capillas. Para servir a esta vasta comunidad, cuenta con 250 sacerdotes diocesanos, 141 religiosos, 260 religiosas profesas y 10 diáconos permanentes.

Ante esta realidad, el arzobispo enfatizó la imperiosa necesidad de adoptar un modelo de ministerio episcopal centrado en la proximidad y la salida al encuentro de los fieles, un estilo que él mismo procura encarnar. “Los fieles nos están requiriendo un estilo como el que va habiendo en mi persona, de cercanía, de salida”, afirmó Calderón, rechazando la idea de un obispo que “permanezca desde su trinchera mandando”. Este enfoque se alinea con las actuales directrices de la Iglesia, que promueven una pastoral activa y enraizada en las comunidades.

La Arquidiócesis de León no había contado con un obispo auxiliar desde 2016, año en que Monseñor Juan Frausto Pallares, quien fue nombrado por el Papa Benedicto XVI en 2005, dejó el cargo. La prolongada vacante evidenciaba la creciente necesidad de apoyo episcopal para gestionar las diversas demandas pastorales y administrativas de una archidiócesis de tal magnitud.

**Un Proceso Exhaustivo de Dos Años**

El camino hacia el nombramiento de los nuevos obispos auxiliares fue meticuloso y multifase. Monseñor Calderón explicó que el proceso se inició con un asesoramiento interno por parte del Colegio de Consultores, un cuerpo de sacerdotes que colaboran estrechamente con el arzobispo en el gobierno diocesano. Posteriormente, extendió el proceso consultivo a los obispos de la Provincia Eclesiástica del Bajío, que comprende las diócesis de Irapuato, Celaya y Querétaro, además de la propia Arquidiócesis de León. Esta fase buscaba validar la inquietud y asegurar que la necesidad percibida era compartida y efectiva en el contexto regional.

Un momento clave en el desarrollo de la solicitud fue la participación de Monseñor Calderón en la segunda etapa del Sínodo sobre la Sinodalidad en octubre de 2024. Este proceso eclesial de gran calado, cuya convocatoria se atribuye al pontificado de Francisco, brindó al arzobispo una valiosa oportunidad para profundizar en las dinámicas y requisitos para la solicitud de obispos auxiliares. Cabe destacar que, precisamente, uno de los grupos de estudio del Sínodo publicó recientemente un informe final sobre los criterios de selección para candidatos al episcopado, destacando cualidades como las “competencias sinodales: capacidad de construir comunión, ejercicio del diálogo, conocimiento profundo de las culturas locales y disponibilidad para integrarse en ellas de manera constructiva”. Estos principios guiaron en gran medida el discernimiento subsiguiente.

El primer paso formal en el proceso consistió en obtener la aprobación explícita de la Santa Sede sobre la necesidad de contar con obispos auxiliares. A su regreso a México, en noviembre de 2024, Monseñor Calderón dedicó un mes completo a reunir la documentación necesaria para fundamentar su petición ante el Vaticano. La solicitud fue justificada con una serie de “causas culturales, económicas, políticas, sociales, pero sobre todo religiosas, que exigen un acompañamiento a las comunidades”. Esta argumentación holística reflejaba la complejidad de la realidad pastoral en la región.

Toda esta información fue remitida al Vaticano a través de la Nunciatura Apostólica en México, el conducto oficial y crucial para este tipo de comunicaciones con la Santa Sede. Monseñor Calderón recordó con especial emoción la fecha de envío, el 11 de diciembre, un día antes de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, interpretándolo como un signo de la intercesión mariana: “Para mí, fue un regalo, dije: ‘Madre Santa, ya te estás haciendo presente'”.

**Selección Rigurosa y Aprobación Pontificia**

Una vez obtenida la autorización formal de la Santa Sede para proceder con los nombramientos, comenzó la fase de selección de candidatos. Monseñor Calderón explicó que tuvo la responsabilidad de proponer a seis sacerdotes diocesanos que se distinguieran “por su vida, por su testimonio, por su trabajo” y que poseyeran las cualidades necesarias para el ministerio episcopal. Para cada uno de estos candidatos propuestos, se recopilaron alrededor de 25 referencias exhaustivas, elaboradas por sacerdotes, religiosas y laicos que los conocían a fondo.

Posteriormente, la Nunciatura Apostólica llevó a cabo una investigación independiente y sumamente discreta sobre cada perfil. Monseñor Calderón enfatizó que toda la información recabada fue “ratificada, testificada, todo siempre por escrito y bajo sigilo”, garantizando la máxima confidencialidad y objetividad del proceso. Tras esta fase de investigación nacional, Monseñor Josep Spitieri, Nuncio Apostólico en México, entrevistó personalmente a los candidatos.

Una vez concluida la exhaustiva fase nacional, la decisión final recayó en el Papa León XIV, quien ratificó los nombramientos a través del Dicasterio para los Obispos, el órgano vaticano encargado de evaluar y proponer los candidatos al episcopado en todo el mundo.

Monseñor Calderón fue informado de la aprobación de los nombramientos de Monseñor Rubén de la Cruz Martínez y Monseñor Ramón Orozco Muñoz aproximadamente cinco días antes del anuncio oficial. Solo restaba la publicación en L’Osservatore Romano, el órgano oficial de la Santa Sede, para que la noticia se hiciera pública a la Iglesia universal.

Actualmente, se está coordinando con la Nunciatura Apostólica la fecha y el lugar para la consagración episcopal de los dos nuevos obispos auxiliares mexicanos, un evento que marcará un hito significativo para la Arquidiócesis de León y que fortalecerá su capacidad para servir a sus fieles con mayor cercanía y dinamismo pastoral.

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