27 junio, 2026

Madrid se prepara para recibir al Papa León XIV el próximo 6 de junio, y lo hará de una manera cargada de simbolismo y significado social. El Pontífice ha decidido comenzar su agenda en la capital española visitando el Centro de Acogida, Educación e Inserción para Personas sin Hogar (CEDIA) 24 horas de Cáritas Madrid, un gesto que subraya la prioridad de la Iglesia Católica por los más vulnerables. La llegada, prevista para las 18:00 horas (hora local), marca el inicio de una visita papal muy esperada.

El CEDIA, que está a punto de cumplir medio siglo de existencia, ha alterado su rutina habitual para atender a la numerosa prensa acreditada por el Arzobispado de Madrid, deseosa de conocer de primera mano la labor de este centro. Lo que comenzó como una furgoneta repartiendo café a un puñado de personas sin hogar, ha evolucionado hasta convertirse en una infraestructura integral de apoyo. Tras un primer crecimiento que lo instaló cerca del Senado y le dio el nombre de CEDIA por ofrecer recursos diurnos, el centro se trasladó a su ubicación actual en el sur de Madrid.

En 2019, en un contexto de creciente necesidad y en vísperas de la pandemia, se emprendió una remodelación exhaustiva del edificio. Esta inversión permitió ampliar significativamente su capacidad, creando 92 plazas en total: 47 destinadas al pernocte de hombres, 25 para el centro de día y otras 20 en un edificio anexo, pensadas para mujeres. A pesar de este esfuerzo, la demanda supera con creces la oferta. Juan José Gómez, responsable del CEDIA 24 horas, explicó a los medios que, aunque las 92 plazas son limitadas frente a las necesidades, el centro logró atender el año pasado a 2.534 personas, de las cuales 880 obtuvieron una plaza de acogida.

Para Juan José Gómez, la elección del Papa León XIV de iniciar su visita en el CEDIA tiene una profunda relevancia. “Que el Papa decida entrar a Madrid no por la puerta de Alcalá o la que sea, sino por la puerta de la caridad, es un mensaje muy poderoso”, afirmó en declaraciones exclusivas. Inicialmente, la mera posibilidad de una visita papal parecía irreal, pero tras la inspección de los funcionarios vaticanos encargados de los viajes pontificios, la expectativa se convirtió en una emocionante realidad, que Gómez describe como “un privilegio y un honor”.

La noticia de la visita del Santo Padre ha sido recibida con expectación entre los usuarios del centro, aunque la dirección ha preferido esperar la confirmación oficial para compartir los detalles. Sin embargo, la limitación de espacios para el encuentro genera una preocupación: “No todos podrán ver al Santo Padre”, lamenta Gómez. De las 92 plazas, solo alrededor de 20 personas tendrán la oportunidad de hablar directamente con el Pontífice, lo que convierte la selección en un desafío emotivo para el equipo del CEDIA.

Carlos, un usuario de 35 años, fue el anfitrión de los medios en la zona de habitaciones masculinas. Su testimonio es un reflejo de la esperanza que ofrece el centro. “Vivir en la calle no es grato, pero también hay gente que está para ayudarte, que está para acompañarte en el proceso y que siempre hay un pequeño rayito de esperanza”, compartió. Carlos llegó al CEDIA a través de un amigo, en una situación “bastante difícil”. “Me acogieron en sus brazos”, relata, expresando su gratitud por una experiencia “muy buena dentro de lo malo”. Recomienda el centro “cien por cien” a quienes necesiten apoyo para salir de una situación de calle.

Entre los “brazos acogedores” a los que se refiere Carlos se encuentra Esteban Rodríguez, un integrador social de República Dominicana que trabaja en el turno de noche. Con 24 años y seis de residencia en Madrid, la experiencia de ser migrante le permite conectar de manera especial con muchos usuarios del centro. Si bien la mayoría son españoles, un gran número proviene de Hispanoamérica, el Magreb, países subsaharianos y lugares tan distantes como Singapur, Kazajistán o Bielorrusia. Esteban busca alegrar las mañanas de los residentes con música y baile, y resume su filosofía: “Lo más asequible es sacarles una sonrisa… Al final, ellos tienen menos que nosotros y nos sonríen. Entonces, ¿por qué nosotros no les sonreímos?”.

El responsable del CEDIA, Juan José Gómez, enfatizó ante los periodistas la sacralidad de este espacio y de las personas que acuden a él: “Este centro y las personas que acuden a él son ‘terreno sagrado’. La persona es la protagonista del proyecto y nosotros somos las manos que las acompañan. Sin ellos, no podemos hacer nada”. El enfoque es siempre individualizado. Se cubren las necesidades básicas –alimento, aseo, ropa limpia– y a partir de ahí se despliegan herramientas de apoyo psicosocial. Este método es efectivo: el 80% de quienes pasan por el CEDIA no regresan a la calle. Además, cerca del 20% de los usuarios que llegan sin empleo logran conseguir uno durante su estancia, que suele ser de aproximadamente un mes. Gómez subraya que el CEDIA es un “centro de entrenamiento”, no de entretenimiento, donde se trabajan habilidades sociales, el autoconocimiento y la búsqueda activa de empleo, operando bajo un modelo de “puerta abierta” tanto para irse como para regresar.

La relación del CEDIA 24 horas con la parroquia de la Crucifixión del Señor, que comparte un muro medianero, es constante y profunda. Muchos residentes participan en las misas y grupos parroquiales. El párroco, Miguel Ángel Sastre, visita con frecuencia a los usuarios. Además, el centro cuenta con el P. Claudio, un sacerdote jubilado que colabora como voluntario, y con Pedro Jara, un diácono permanente de la parroquia de la Resurrección del Señor, quien dirige un taller llamado “Espacio de Oración y escucha de la Palabra”. Este espacio destaca por su carácter ecuménico, acogiendo a católicos, musulmanes y evangélicos por igual.

La llegada del Papa León XIV al complejo será por una rampa que conduce a una puerta trasera de emergencia, dando acceso directo a las habitaciones del primer piso. Esta entrada, lejos de la pompa habitual, se erige como una metáfora potente y conmovedora de la misión de la Iglesia y de Cáritas: ofrecer una salida de dignidad y esperanza a quienes se encuentran en las situaciones más desesperadas, abriendo una puerta donde muchos solo ven un callejón sin salida. La visita del Pontífice no solo honra al CEDIA, sino que también lanza un mensaje global sobre la importancia de la caridad y la acogida.

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