16 mayo, 2026

La desesperada situación humanitaria y de seguridad en Haití ha llevado a monseñor Pierre-André Dumas, obispo de Anse-à-Veau-Miragoâne y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Haitiana, a lanzar un urgente llamado a la comunidad internacional. En una emotiva entrevista con Vatican News, monseñor Dumas clamó por una “jornada mundial de oración” y una solidaridad “concreta” para su país, que, según sus palabras, ha “sufrido durante años sin que nadie se preocupara”. Este llamamiento coincide con los esfuerzos del Papa León XIV por abordar la crisis, evidenciados en un reciente encuentro con el primer ministro haitiano en la Santa Sede.

El contexto de la súplica del obispo Dumas es alarmante. Un informe reciente de las Naciones Unidas, publicado a principios de mayo, detalla una devastadora escalada de violencia. Entre enero y marzo de este año, al menos 1.642 personas perdieron la vida y 745 resultaron heridas, víctimas del accionar descontrolado de las bandas del crimen organizado. Estas agrupaciones delictivas controlan vastas áreas de Puerto Príncipe, la capital, y otras regiones de la nación caribeña, sembrando el terror y la destrucción.

Monseñor Dumas describió cómo la incesante violencia de las bandas “sigue sembrando miedo, muerte y destrucción”, obligando a miles de familias a abandonar sus hogares, muchos de los cuales son incendiados o destruidos. La niñez y la juventud haitiana viven “traumatizadas en un clima de inseguridad permanente”, una realidad que exige una respuesta inmediata y contundente por parte del mundo. El obispo enfatizó que la comunidad internacional no puede permanecer indiferente ante esta tragedia, haciendo hincapié en la urgencia del apoyo global.

En su intervención del 13 de mayo, el prelado instó a las naciones a reflexionar sobre su responsabilidad. “Creo que en la asamblea de las naciones, el hermano mayor no puede olvidar al hermano más débil y herido”, declaró, haciendo una analogía impactante. Cuestionó la desproporción en las prioridades globales: “Mi país está a tan solo una hora de Estados Unidos, la principal potencia mundial. Sin embargo, derrocha muchísimo dinero en guerras mientras nosotros sufrimos justo al lado”. Para monseñor Dumas, Haití no demanda “compasión superficial, sino una hermandad concreta”, una acción real que trascienda la retórica.

La crisis haitiana, más allá de la violencia de las bandas, se cimenta en la “extrema fragilidad de las estructuras estatales” y una “desconfianza generalizada” hacia las instituciones públicas. Esta desilusión es el resultado directo de una “corrupción pública generalizada y una inestabilidad gubernamental insana”, factores que socavan cualquier intento de progreso y estabilidad. El obispo Dumas concluyó con una poderosa imagen: “Haití es una herida en el mundo que debería conmocionar la conciencia de todos”, un llamado a la empatía y la acción global.

En un gesto significativo para la diplomacia vaticana y la situación haitiana, el Papa León recibió en audiencia al primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, la semana pasada. Durante este encuentro en el Vaticano, las conversaciones se centraron en “las buenas relaciones entre la Santa Sede y Haití” y, crucialmente, en “la valiosa contribución que la Iglesia ofrece al país en este momento tan particular”. La Santa Sede mantiene una relación histórica con Haití, habiendo sido una de las primeras en reconocer la independencia del país, un hecho que monseñor Dumas destacó con gratitud.

El obispo expresó que este encuentro papal “representa para nosotros un esfuerzo concreto hacia la paz”. La participación del Santo Padre y la diplomacia vaticana son vistas como un faro de esperanza en medio de la desesperación. Monseñor Dumas, mirando hacia el futuro, compartió un anhelo profundo: “Ver al Papa visitar Haití algún día”. Confía en que la presencia del Pontífice, a quien describe como “una luz y una sombra poderosa”, podría desencadenar una “paz profunda” en la nación caribeña, ofreciendo consuelo y un nuevo comienzo a un pueblo castigado por años de adversidad. La Iglesia, a través de sus líderes, continúa alzando la voz por Haití, buscando movilizar la conciencia global y la acción concreta.

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