19 mayo, 2026

Cada 19 de mayo, la Iglesia conmemora la vida y el legado de Santa María Bernarda Bütler, una figura ejemplar de la vocación misionera y el servicio incondicional a los más vulnerables. Esta religiosa suiza, fundadora de las Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, dedicó su existencia a la evangelización y al apoyo de comunidades abandonadas en Sudamérica. Su vida fue un testimonio vivo de sus propias palabras, que resuenan hasta hoy como un llamado a la acción para sus hermanas: “Abran sus casas para ayudar a los pobres y a los marginados. Prefieran el cuidado de los indigentes a cualquier otra actividad”.

**De Suiza a la llamada divina: Los primeros pasos de Verena Bütler**

Nacida como Verena Bütler el 28 de mayo de 1848 en Auw, Suiza, su camino hacia la vida consagrada no fue lineal. En su juventud, Verena intentó ingresar a un convento, pero las circunstancias y su propia madurez no eran las adecuadas en ese momento. Tras este primer intento infructuoso, regresó al hogar paterno para colaborar en las faenas agrícolas, un período que la preparó espiritualmente. Durante esos meses, se entregó al trabajo manual, intensificó su vida de oración y se involucró activamente en la catequesis parroquial, profundizando su conexión con la fe y el servicio comunitario.

A los 19 años, con una convicción renovada y un corazón más dispuesto, Verena realizó un segundo y definitivo intento por abrazar la vida religiosa. Esta vez, solicitó admisión en el monasterio franciscano de María Auxiliadora, donde fue acogida favorablemente. Allí, encontró el ambiente propicio y la confirmación divina para consolidar su vocación. Poco después, recibió el hábito franciscano y adoptó el nombre religioso de María Bernarda del Sagrado Corazón de María. Este período en el convento fue fundamental para su crecimiento espiritual, transformando su corazón y fortaleciendo su compromiso con la virtud y la generosidad que la caracterizarían el resto de su vida.

**Un giro inesperado: La misión en Ecuador**

La devoción y la disposición de Santa María Bernarda no pasaron desapercibidas. Con humildad y un profundo espíritu de obediencia, aceptó diversas responsabilidades dentro de su comunidad, sirviendo como maestra de novicias y, posteriormente, como superiora de su convento. Sin embargo, su destino tomaría un rumbo inesperado cuando recibió un llamado aún mayor: el de ser misionera en tierras lejanas.

Este inusitado llamado, gestado en la oración y discernido con el consejo de las instancias superiores de su Orden, la impulsó a emprender un viaje que cambiaría no solo su vida sino la de miles. Tras superar la resistencia inicial de algunas autoridades eclesiásticas, María Bernarda obtuvo el permiso pontificio para dejar su monasterio de clausura y partir hacia Ecuador. En 1888, junto a seis de sus compañeras, zarpó hacia Sudamérica para servir a las poblaciones más apartadas y necesitadas de ese país.

Lo que inicialmente se concibió como la fundación de una filial de su monasterio, pronto evolucionó. La Madre María Bernarda se vería llamada a fundar un nuevo instituto: las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora. En Chone, una localidad ecuatoriana de difícil acceso y con grandes carencias espirituales y materiales, las religiosas se dedicaron con fervor a la educación de niños y jóvenes, al tiempo que asistían a enfermos y a los más indigentes. La experiencia de fe y servicio floreció en este ambiente desafiante, sembrando las semillas de esperanza en una comunidad largamente olvidada.

**Nuevos horizontes en Colombia y la expansión de la Orden**

La labor de la Madre María Bernarda en Ecuador se vio abruptamente interrumpida en 1895. Una revuelta política contra la Iglesia las obligó a ella y a catorce de sus hermanas a huir del país. En busca de un nuevo refugio para su misión, enrumbaron hacia Cartagena de Indias, Colombia, donde decidieron establecerse. Esta migración forzada se convirtió en una nueva oportunidad para la expansión de su carisma.

En Cartagena, la congregación encontró un terreno fértil. Pronto comenzaron a brotar vocaciones, tanto locales como extranjeras, lo que hizo necesario abrir nuevas residencias para las novicias. La congregación creció exponencialmente, estableciendo nuevas fundaciones no solo en Colombia, sino también en Austria y Brasil.

Durante treinta años, la Madre María Bernarda dirigió la congregación con una dedicación incansable. Se consagró al cuidado espiritual de sus “hijas”, visitando cada uno de los conventos del Instituto en los diversos países. Su presencia inspiraba y edificaba a todos quienes la conocían. Con su sencillez evangélica y amabilidad, animaba a muchas personas a compenetrarse con las necesidades del pueblo de Dios, demostrando que la verdadera santidad radica en el servicio desinteresado.

**Legado de humildad y servicio incondicional**

Finalmente, la Madre María Bernarda renunció a su cargo de superiora general. Alejada de las tareas de gobierno, dedicó sus últimos años a la asistencia espiritual de sus hermanas más jóvenes, siendo para ellas un constante ejemplo de humildad, alegría y fe inquebrantable.

Santa María Bernarda Bütler partió a la Casa del Padre el 19 de mayo de 1924, precisamente el día en que hoy se la celebra, en Cartagena de Indias, Colombia. Tenía 76 años, de los cuales 57 los había vivido como religiosa. De esos casi sesenta años de vida consagrada, 38 los dedicó por completo a la labor misionera, dejando una huella imborrable en la historia de la Iglesia y en los corazones de quienes la conocieron y fueron beneficiados por su obra.

Su vida fue un testimonio tan profundo que la Iglesia la elevó a los altares. Fue beatificada por San Juan Pablo II en 1995 y, trece años después, canonizada por el Papa Benedicto XVI en 2008. Santa María Bernarda Bütler representa la fuerza de la fe que supera adversidades, la humildad que guía el servicio y el amor incondicional a Dios manifestado en la entrega a los más desfavorecidos. Su legado sigue inspirando a las Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora y a toda la Iglesia a ser luz y esperanza en los márgenes de la sociedad.

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