La visita oficial de Papa León XIV a España, programada para junio de 2026, se enmarca en un contexto social y político profundamente distinto al que encontró el Santo Padre Benedicto XVI en sus viajes de 2010 y 2011. Este nuevo escenario fue adelantado por la recepción de los Reyes de España al Pontífice en el Vaticano el pasado 20 de marzo, un encuentro que marcó la antesala de un acontecimiento de gran relevancia para la Iglesia Católica y la sociedad española.
Hace quince años, las visitas de Benedicto XVI a España estuvieron salpicadas por fuertes protestas. En 2010, el Pontífice viajó a Santiago de Compostela, donde rezó ante los restos del apóstol, y a Barcelona. Un año después, en 2011, su presencia en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) generó manifestaciones significativas, incluyendo una marcha “anti-Papa” bajo el lema “De mis impuestos, al Papa cero”, que congregó a varios miles de personas. Inés San Martín, responsable de prensa internacional para la actual visita del Pontífice, quien fuera voluntaria durante la JMJ de 2011, recuerda para ACI Prensa cómo “se dieron situaciones desagradables, como muchos jóvenes rezando el rosario arrodillados en la Plaza de Sol y grupos laicistas o personas que protestaban contra ellos de un modo muy eufórico”.
Estas manifestaciones reflejaban un “agresivo anticlericalismo” que Benedicto XVI había denunciado en Santiago de Compostela, aludiendo a los episodios de la Guerra Civil española, donde miles de sacerdotes y religiosos fueron asesinados y numerosas iglesias devastadas. La plataforma cívica “Jo no t’espero”, activa durante las visitas de Benedicto XVI, ha vuelto a lanzar un manifiesto semanas antes de la llegada de León XIV, demandando la neutralidad de las instituciones, la no participación de cargos públicos y la revisión de la cobertura mediática estatal. Sin embargo, San Martín minimiza su impacto, considerándolas “manifestaciones habituales” que “tendrán algún espacio en los medios de comunicación, pero realmente no van a poder opacar la visita, que va a ser realmente multitudinaria”.
De hecho, la expectativa para la misa que presidirá Papa León en la Plaza de Cibeles (Madrid) el domingo 7 de junio, culminando con la procesión del Corpus Christi, es la asistencia de más de un millón de personas, según los organizadores. Las protestas laicistas, en contraste, “probablemente no convoquen a mucho más que unas cuantas miles de personas”, según San Martín.
**Financiación y respaldo oficial de la visita papal**
El coste total del viaje de Papa León XIV a España asciende a 25 millones de euros, según confirmó Fernando Giménez Barriocanal, coordinador general adjunto de la visita y vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española (CEE). La financiación se distribuye de la siguiente manera: un 45 % provendrá de benefactores (empresas y fundaciones), un 30 % de recursos propios de las diócesis y la CEE, y un 20 % de las administraciones públicas, específicamente de los gobiernos de Canarias y Cataluña. El 5 % restante se cubrirá con pequeños donativos a través de Bizum y cuentas habilitadas. Se estima que este evento generará un impacto económico de unos 150 millones de euros en la economía española.
El Consejo de Ministros aprobó el pasado 26 de mayo un real decreto ley que declara la visita del Pontífice como un evento de “excepcional interés público”. Esta medida, ya aplicada durante la JMJ de 2011 bajo el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, permite activar deducciones fiscales para las donaciones, beneficiando principalmente a los miles de donantes que han contribuido económicamente a la visita del Santo Padre.
**Un marco postsecular y una juventud más religiosa**
El sociólogo Rafael Ruiz Andrés, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, señala que la España de 2026 ya no puede definirse como eminentemente secular y laicista, a diferencia de 2011. Observa un “marco postsecular” donde lo religioso se reconfigura y no es relegado al ámbito privado. Este cambio, afirma, está vinculado a una evolución en la percepción del Vaticano y del Papa, “sobre todo después del Papa Francisco”, cuya figura contribuyó a un nuevo acercamiento. La sociedad española, incluso en ámbitos no religiosos, reconoce ahora que la Iglesia “aporta elementos de justicia social, cohesión y sentido de fraternidad”, superando discursos que la presentaban como “el opio del pueblo”.
Esta nueva realidad coincide con un notable auge del catolicismo entre los jóvenes. Un informe de la Fundación SM de abril pasado revela que los católicos entre 15 y 29 años han aumentado del 31,6 % al 45 % en solo cinco años, datos no registrados desde 2010. Dentro de este porcentaje, el 18,8 % son practicantes.
Rafael Domingo Oslé, catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Navarra, complementa esta visión al explicar que Benedicto XVI, con su perfil más intelectual, “cristalizaba el rechazo del laicismo militante” en 2011. En contraste, el perfil más cercano a la sensibilidad social de Papa León XIV dificulta su encasillamiento como figura de confrontación. Domingo Oslé anticipa que “probablemente veremos más críticas desde sectores ultraconservadores que sienten incomodidad con la sensibilidad social del Papa, que desde la izquierda anticlerical clásica”.
**La Iglesia en una sociedad en transformación**
Narciso Michavila, presidente de GAD3, destacó en la presentación del viaje la “sorprendente crecida de la espiritualidad”, especialmente entre los jóvenes. Muchos de ellos, señala, “verán a un Papa por primera vez”, lo que podría ser un momento decisivo. Michavila subraya un cambio cultural profundo: “Dios en la sociedad española ya no es un tabú”, permitiendo a figuras públicas expresar su fe sin rechazo social. Sociológicamente, describe que un 20 % de los católicos son practicantes, un 30 % se identifican con el mensaje de la Iglesia sin practicar semanalmente, y un 50 % son culturalmente católicos. Además, las preocupaciones sociales actuales, como las injusticias o el cambio climático, influyen en la recepción del mensaje eclesial.
La Iglesia Católica en España se mantiene como una voz singular, sin alinearse plenamente con ningún bloque ideológico, lo que le ha valido críticas desde diversos frentes. Un punto de tensión con el Gobierno ha sido la resignificación del Valle de Cuelgamuros (anteriormente Valle de los Caídos), impulsada por el Ejecutivo como espacio de memoria democrática. Pío XII, en 1958, promovió la presencia benedictina en el lugar. La Iglesia ha optado por el diálogo, defendiendo la preservación de su dimensión religiosa. El constitucionalista italiano Marco Olivetti señaló que la “memoria histórica se ha utilizado como un elemento divisivo”. Federico de Montalvo Jääskeläinen, catedrático de Derecho Constitucional, considera que, si bien el Valle de los Caídos ha sido “muy controvertido”, “no es el gran ejemplo de anticlericalismo”. Para él, otros asuntos como “la pretensión permanente de los partidos de izquierda de demonizar la objeción de conciencia frente al aborto o la eutanasia” o las iniciativas contra la escuela concertada católica, han generado una fricción más intensa.
Las críticas a la Iglesia no provienen solo de la izquierda. Su defensa de la regularización de inmigrantes, por ejemplo, ha suscitado ataques desde sectores conservadores. Rafael Domingo Oslé recuerda el caso de Jumilla en 2025, donde la defensa episcopal de la libertad religiosa de la comunidad musulmana ante intentos de prohibición de las autoridades locales también generó críticas desde la derecha.
La visita de Papa León XIV a España se presenta, pues, no solo como un evento religioso, sino como un barómetro de una sociedad en evolución, donde la fe, las instituciones y los debates públicos se reconfiguran en un mosaico de nuevas sensibilidades y desafíos.








