22 junio, 2026

En el segundo día de su viaje apostólico a España, el Papa León XIV presidió un encuentro trascendental en el Movistar Arena de Madrid, congregando a influyentes figuras del ámbito cultural, artístico, económico y deportivo. La jornada, marcada por un profundo intercambio de ideas, destacó por el emotivo testimonio del actor y director Antonio Banderas, quien subrayó la inquebrantable conexión entre la fe y la expresión creativa, en sintonía con la visión del Pontífice de fomentar la unidad y el diálogo en la sociedad contemporánea.

El Movistar Arena se transformó, para la ocasión, en un auténtico “atrio de los gentiles”, un espacio donde la espiritualidad y las diversas manifestaciones del ingenio humano convergieron bajo la guía del Papa León. Entre los asistentes se encontraban personalidades de proyección internacional como Antonio Banderas; la destacada deportista Carolina Marín, triple campeona mundial de bádminton; y José María Coello de Portugal, vicerrector de Planificación de la Universidad Complutense. A ellos se unieron líderes sindicales y representantes de la patronal, quienes compartieron con el Santo Padre sus inquietudes y los desafíos que afrontan en sus respectivos sectores. Este encuentro multidisciplinar no solo evidenció la viabilidad de la cohesión en un entorno a menudo fragmentado, sino que también reflejó el lema del primer viaje de un Papa a España en 15 años, “Alzad la mirada”, y el constante llamado de León XIV a forjar alianzas estratégicas para encarar los retos del futuro.

Uno de los momentos más resonantes fue la intervención de Antonio Banderas. El actor, con una franqueza palpable, recitó un texto que exploraba la profunda ligazón entre su fe y su actividad artística, declarando ante el Pontífice: “Confieso que soy víctima del hechizo de Dios”. Banderas, quien la víspera había dirigido el elenco del musical Godspell en un acto para jóvenes, rememoró también sus raíces malagueñas, evocando la religiosidad popular de su infancia y el calado de las procesiones de Semana Santa. En su discurso, enfatizó cómo el arte, en un mundo que tiende a la simplificación, actúa como un vehículo indispensable para recuperar la profundidad y el alma humana, elementos que, a su juicio, podrían verse amenazados por el avance de las inteligencias artificiales.

Previamente, el Cardenal José Cobo, Arzobispo de Madrid, había presentado a León XIV como una figura clave en la lucha contra los extremismos. En este mismo espíritu, el Sumo Pontífice reafirmó el compromiso histórico de la Iglesia con la cultura y el arte, destacando su papel esencial en la promoción del diálogo entre sensibilidades diversas en la búsqueda compartida de la trascendencia. El Papa subrayó el “anhelo” persistente de la Iglesia de mantener un intercambio constante y abierto con el mundo contemporáneo, reconociendo tanto los aciertos como los errores cometidos a lo largo de su historia.

León XIV instó a la sociedad actual a no despreciar la “experiencia plurisecular” de la Iglesia, una institución que, a lo largo del tiempo, “propone caminos para una vida digna y el bien común”. En este contexto, evocó a San Pablo VI, quien en su momento recordó ante las Naciones Unidas la misión intrínseca del Pontífice de Roma. El Papa también hizo referencia a su encíclica “Magnífica humanitas”, publicada el 25 de mayo de 2025, para plantear nuevamente la interrogante fundamental: “¿qué significa ser verdaderamente humano?”. A esta pregunta, León ofreció una respuesta contundente: “La Iglesia comparte con humildad, pero también con firmeza aquello que ha descubierto en la experiencia de la fe: que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad”.

Para abordar estos profundos interrogantes, el Pontífice propuso un modelo de diálogo social que comparó con el arte de “tejer redes”. Este enfoque, explicó, se basa en el “encuentro, escucha, diálogo y respeto”. La metáfora de “tejer redes” no es una novedad en el pontificado de León XIV; ha sido una constante desde su elección como obispo de Roma —cuyo propio título, “Pontífice”, significa “constructor de puentes”—, una vocación a tender puentes, primero, con Dios, y luego entre individuos, sociedades y culturas, una filosofía ya grabada en su escudo episcopal.

En términos prácticos, el Papa, de formación matemática, detalló lo que implica esta acción de “tejer redes”: que la universidad no viva de espaldas al mundo laboral ni abdique de la verdad; que la actividad empresarial no reduzca al empleado a un mero factor en la ecuación de sus intereses; que el arte no sea un coto exclusivo de las élites; que el deporte no se degrade a un simple espectáculo o negocio; y que el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes carecen de voz.

Con una admiración palpable, León XIV evocó a los grandes maestros de la literatura española, citando a Lope de Vega, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Calderón de la Barca. Recordó igualmente la serena prosa de Santo Tomás de Aquino, de quien la Iglesia ha heredado los hermosos himnos del Corpus Christi, solemnidad que se celebra en la fecha de este encuentro. Para el Pontífice, “tejer redes” también connota un “servicio desinteresado”, siguiendo el legado de incontables hombres y mujeres de fe que, a lo largo de los siglos, fundaron hospitales, escuelas e iniciativas solidarias.

En este contexto, León XIV invitó a una reflexión honesta sobre la identidad europea, preguntándose si el continente habría forjado su carácter “sin la huella espiritual que ha impregnado su historia”. Lejos de ser una provocación, esta pregunta es una invitación a considerar la posibilidad de que la eternidad, manifestada en la encarnación de Jesucristo, pueda nuevamente reconciliarse con lo cotidiano. El Papa concluyó que Cristo restituye al bien común su lugar central como árbitro que “apacigua la codicia de unos y nutre la esperanza de otros, mientras anhela salvarlos a todos”.

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