La comunidad benedictina que custodia el Valle de Cuelgamuros, conocido históricamente como el Valle de los Caídos, ha emitido un comunicado contundente distanciándose de una concentración civil programada para los próximos días. La Abadía busca salvaguardar la naturaleza intrínsecamente religiosa del recinto, reiterando su firme compromiso con la preservación del lugar como un espacio dedicado a la oración, la reconciliación y el respeto, enmarcado estrictamente en la libertad de culto.
El pronunciamiento de la Abadía, difundido el miércoles 10 de junio de 2026, se produce en vísperas de una manifestación cívica convocada para el sábado 13 de junio. En su texto, la comunidad monástica enfatiza que “la Basílica y los espacios vinculados directamente a su actividad religiosa constituyen un lugar de culto y oración destinado al ejercicio de la libertad religiosa y al desarrollo de las actividades propias de la Iglesia Católica”. Esta declaración subraya la postura inquebrantable de los monjes frente a cualquier intento de instrumentalizar el espacio sagrado con fines que se aparten de su vocación espiritual.
Consecuentemente, la comunidad benedictina ha dejado claro que “no corresponde a la comunidad benedictina promover, respaldar o autorizar actos de carácter político o ideológico en dicho ámbito”. Esta afirmación pretende trazar una línea divisoria inequívoca entre las actividades propias de la fe y las manifestaciones de índole civil o partidista, reafirmando el papel de la Abadía como garante de la sacralidad del entorno.
Este episodio no es un hecho aislado. Ya en noviembre de 2025, la Abadía se vio en la necesidad de rechazar una concentración similar, lo que denota una postura consistente y reiterada por parte de los religiosos. La comunidad ha sido explícita al afirmar que “no ha convocado, organizado ni autorizado la citada concentración, ni ningún otro acto distinto de aquellos que forman parte ordinaria de la vida litúrgica y religiosa de la Basílica y de la Abadía”. Con ello, los benedictinos buscan desvincularse completamente de cualquier agenda ajena a su misión pastoral y sacramental.
La Abadía del Valle de Cuelgamuros también ha aprovechado la ocasión para hacer un llamado al respeto de los derechos fundamentales de los fieles y visitantes. En su comunicado, destaca el “ejemplo admirable de respeto, recogimiento, silencio y oración” que muestran quienes acuden al recinto para rezar. Además, subraya que “su derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto debe ser plenamente respetado y preservado”.
Extendiendo esta defensa a todos los que visitan el sitio, la comunidad monástica considera que estos “tienen derecho a disfrutar de este lugar en un clima de normalidad, respeto y serenidad, sin verse importunados por actos, concentraciones o manifestaciones ajenos a la finalidad religiosa y cultural propia del recinto”. Esta perspectiva busca garantizar un ambiente de paz y contemplación para todos, lejos de posibles confrontaciones o disturbios que puedan menoscabar la experiencia espiritual o cultural.
La presencia de la Orden de San Benito en el Valle de Cuelgamuros tiene profundas raíces históricas, remontándose a 1958. Fue entonces cuando el entonces Pontífice, Pío XII, impulsó la llegada de los monjes para establecer un centro de oración y penitencia en el lugar. Desde aquel momento, la comunidad benedictina ha sido la encargada de mantener la vida litúrgica y espiritual del complejo, erigiéndose como un custodio fundamental de la administración religiosa de la Basílica. Este legado histórico dota de mayor peso a las reivindicaciones de la Abadía sobre la vocación primariamente sacra del lugar.
El contexto de esta declaración se enmarca también en el proceso de “resignificación” del Valle de Cuelgamuros impulsado por el Gobierno, que ha aprobado un proyecto para desacralizar una parte significativa de la basílica. Ante estas iniciativas, la Abadía busca reafirmar con mayor vigor su autoridad sobre las actividades litúrgicas y la esencia religiosa del complejo, que considera inalienable.
Finalmente, el comunicado concluye con una firme reiteración del deseo de la Abadía de que “el Valle de Cuelgamuros continúe siendo un lugar de oración, recogimiento, reconciliación y respeto, preservando en todo momento la naturaleza religiosa que le es propia y evitando cualquier utilización ajena a los fines para los que fue erigido y es actualmente administrado”. Esta visión no solo defiende la identidad original del monumento frente a los debates contemporáneos, sino que también aboga por un futuro donde la espiritualidad y la memoria puedan coexistir pacíficamente bajo los principios de la Iglesia Católica.








